José Tomás, frente al reto de su responsabilidad ante la Fiesta y ante la Historia

por | 17 Sep 2012 | La opinión

No hay quien discuta el éxito clamoroso de José Tomás en su encerrona de Nimes. Ni sus críticos lo ponen en duda.  Ha sido algo fuera del catalogo habitual de una temporada. Pero las glorias de una tarde pasan, para quedarse en los recuerdos de una tarde que se irá deformando poco a poco conforme los unos nos la contemos a los otros. Y los públicos en no pocas ocasiones son olvidadizos. Parece que son reglas inexorables de la Historia. Sin embargo, la realidad es que la verdad histórica se construye y nos sobrevive precisamente por personajes singulares que protagonizaron actuaciones irrepetibles.

Esta realidad, se quiera o no, representa una importante responsabilidad para quienes son sujetos de la Historia, quienes la construyen para las generaciones venideras. Y frente a ella se encuentra en estos momentos un torero llamado José Tomás, una posición que ya tenía antes de Nimes, pero que en el Coliseo se consolidó y elevó a la condición de categoría.

Quienes, quizás por razones de edad, fuimos educados taurinamente en el respeto a la historia, aprendimos que los triunfos de los ruedos conviene dejarlos reposar, hasta comprobar que el paso del tiempo no los arrumba. No digo yo que haya que hacer lo que recomendaba un viejo y buen aficionado sevillano, cuando ante los comentarios casi ditirámbicos sobre un torero que acababa de triunfar, recomendaba: “Cuando haya salido 7 tardes por la Puerta del Príncipe, me contáis como es ese torero”. Entre otras cosas, porque semejante axioma no es verdadero: en los Anales del Toreo inscribieron su nombre por derecho propio toreros que tan sólo traspasaron semejante Puerta andando y como aficionados camino del tendido.

Y es así porque la gloria en el toreo, que es lo que verdaderamente importa, no guarda necesaria relación con las estadísticas taurinas. Se pueden cortar muchas orejas, torear en agosto más días de los que tiene el mes…. Y que todo quede al final resumido en cuatro líneas. La gloria del toreo es otra cosa, es dejar una impronta imborrable en esa sucesión de hechos singulares que forman una cadena desde Pedro Romero a nuestros días.

José Tomás, incluso a pesar de sus deseos personales, se ha situado hoy frente al camino de esas responsabilidades. Bajo criterios objetivos, al margen los cantos de las gentes tomasistas, resulta innegable que se trata de un torero con una marcada e inconfundible personalidad, que tiene un sello propio y diferenciador de todos los demás. Contar con un perfil propio y distintos en unos Anales que reúnen a una multitud de toreros, ya es de por así una nada despreciable responsabilidad.

Sin embargo, todos sabemos que en la Historia se contienen también casos de toreros que con esas mismas características, luego por ésta causa o por aquella no se atrevieron a irrumpir en ella, quizás porque eso suponía un peso excesivo para sus fuerzas. No es más que la demostración palpable de la dureza de ser no ya primera figura, sino directamente una figura histórica. Asumir este reto es lo que hoy tiene por delante este torero.

Incluso con ocasión de la apoteosis de Nimes, hubo quien le ha vuelto a recordar que al fin y a la postre no ha sido más que una ridícula temporada de tres tardes, sin acudir a las plazas donde se dilucidan compromisos mayores. El dato es discutible, además de pertenecer a su esfera más personal. En pleno apogeo, Juan Belmonte dejó ir en blanco una temporada cuando la competencia con Joselito estaba en carne viva. Y Manolete decidió que, en  su momento álgido, en una temporada en España tan sólo toreaba una tarde. Ni uno ni otro perdieron su lugar en la Historia por ello; tenían otros valores mucho más relevantes para ser figuras permanentes en el discurrir de los años. Y José Tomás los tiene. Ahí radica la debilidad de las críticas a algo tan personal como la organización de su temporada.

Sin embargo, respetando que como todo artista creativo a él le corresponde establecer su propio calendario para legarnos obras singulares, esta realidad ni puede ni debe separarse del contexto concreto en el que se desarrolla. De alguna forma puede afirmarse que todo artista tiene contraído un importante compromiso con su propio tiempo histórico.

El tiempo que le toca vivir a José Tomás es bien conocido.  La Fiesta vive una de sus etapas más difíciles, desde el punto de vista económico pero también bajo el prisma del clima social y hasta por el momento propiamente taurino que vivimos. Quien  sienta la responsabilidad de prestar su colaboración –que casi es un deber– a superar una de las encrucijadas masa difíciles del Arte del Toreo no puede permanecer de brazos caído ante realidad. Supondría eso tanto como hace dejación del papel que la Historia le ha adjudicado.

Cuando en la literatura taurina se lee eso de que tal o cual torero se “echó el toreo a las espaldas”, lo que se quiere decir es que asumió, incluso más allá de sus propias conveniencias, la pesada carga de convertirse en verdadero arbotante sobre el que se asiente sólidamente la Fiesta. A la vista está que en los momentos actuales, con toreros de valores muy apreciables, a José Tomás le corresponde esa misión.

Pero todo depende de él. Frente a la Historia se ha justificado en el centro de los ruedos. Frente a la Fiesta tiene una papeleta pendiente de escribir. De que lo haga o no dependerán muchas cosas y no pocas responsabilidades.

Apóyanos compartiendo este artículo:
Taurología

Taurología

Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.