Iván Fandiño se llevó el mano a mano, con unos «victorinos» que no fueron de color de rosa

por | 24 Abr 2012 | Temporada 2012

SEVILLA, 24 de abril de 2012. Duodécima de feria. Casi tres cuartos de entrada. Toros de Victorino Martín, en el tipo de la casa pero poco pareja y de juego desigual. Iván Fandiño (de rosa y oro), ovación, una oreja y dos vueltas al ruedo tras petición. David Mora (de rosa y oro), ovación, palmas y silencio.

Ya es coincidencia. Con la cantidad de colores que tiene la paleta de la policromía, pues van los toreros del mano a mano y los dos salen vestidos como hermanos gemelos: de rosa y oro. No les suele hacer mucha gracia estas coincidencias, pero las cosas aleatorias son así.

Sin embargo, el mano a mano no fue de color de rosa. La corrida de Victorino Martín, desparejada en trapío, no dio tantas opciones como las esperadas.  Y lo cierto es que las cosas no rodaron de forma tan idénticas como los vestidos, ni el sorteo ni en la lidia.

[Entre paréntesis: Si habrá hambre de toros, después de las ultimas tardes tan poco decorosas, que hubo “victorinos”  bien normalitos que en la Maestranza fueron recibidos con una ovación. Y dentro de la escalera  que por sucesivas entregas trajo a Sevilla el criador de Galapagar, los aplaudidos no fueron precisamente los mejor presentados. Cosas que pasan].

El bien parado en la tarde resultó Iván Fandiño, que estuvo francamente bien y además tuvo más fortuna en el sorteo. Una actuación importante, con independencia de los criterios del palco presidencial. Ya al esmirriado toro que abrió plaza –precisamente uno de los de la ovación de salida— lo lanceó con buen gusto. Luego la faena fue de menos a mas, con dos tandas centrales de derechazos de categoría. Lo mató guapamente.

En su segundo, un cinqueño que tuvo recorrido, recitó una faena muy bien concebida, en la que sobresalió la mano izquierda. Vimos muletazos muy de verdad, en el centro del platillo, con el torero entregado por completo. Un trasteo sobrio, sin concesiones, pero auténtico.

Y volvió a estar bien con su tercero, que hacía quinto, el de mayor presencia, con un punto de mansedumbre y duración muy medida. El torero de Orduña tuvo una meritoria firmeza, para ir consiguiendo todo lo que el “victorino” daba de sí. Como a los anteriores lo mató con rectitud y eficacia. Y aquí vino el Presidente a ponerse firme. Con la acogida que el torero tuvo entre los aficionados durante las dos vueltas al ruedo, la oreja tampoco era tan importante. Pero conste que con muchos menos pañuelos se han concedido trofeos durante esta feria.

Sin tan lucimiento, pero con mérito fue igualmente la tarde de David Mora. Bastante deslucido fue su primero, como volvió a ocurrir con el segundo y tan sólo el que cerraba plaza tuvo una miaja de nobleza. Frente a ese material,  el madrileño, al que ve muy a gusto la afición sevillana, hizo lo que debía: con cabeza y buen sentido, ponerse en el sitio sin desmayo,  tratando de alcanzar un lucimiento que sólo llegó a ráfagas y, en especial, con la mano izquierda. Contundente con la espada, mantiene su cartelito en la Maestranza.

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