Ha llovido para todos. Pero, por lo visto, los toros de doña Dolores usaban paraguas

por | 11 Ago 2010 | Temporada 2010

Ante el desastre ganadero en el que se está convirtiendo esta primera parte de la isidrada, se ha hecho lugar común acudir a las tormentas y las lluvias de finales del invierno como la causa por la cual los toros se caen, carecen de remate, tienen una presentación bastante dudosa y salen ya de los chiqueros como pidiendo por favor que les dejen echarse al abrigo de las tablas. Cuando argumento de este porte se le oye incluso a veterinarios, le lleva uno a pensar que a lo mejor eso es verdad. Pero, claro, de inmediato se acuerda uno de la corrida que trajo el otro día doña Dolores Aguirre, con poder, con fuerza, con casta (unos buena y otros mala). Digo yo que como en la finca de la ganadera bilbaína también llovió como en todos los sitios, si no será que esas reses se resguardaban con unos buenos paraguas. O un impermeable, vaya usted a saber. Llover, es cierto, ha llovido para todos; pero por lo visto la cosa no iba para los toros de Aguirre.
 
Pues bien, con la excusa de la lluvia tampoco ayer se anunciaba completa la corrida de Martelilla, sino que la completaba el habitual sobrero de Navalrosal (que a este paso, va echar la camada entera) y más tarde tuvo que sr completada con otro de Domínguez Camacho, que por el tiempo que lleva en los corrales se debe conocer las interioridades de Las Ventas mejor que Florito. Salvando los sobreros, que fachada les sobraba, aunque no la raza, los de Martelilla con la lluvia debían haber encogido de pitón a rabo, a tenor de su muy deficiente presentación. Y también las aguas provocaron que se hiciera más ligerita la casta y la raza, de la que carecieron.
 
¿Consecuencia? Lo lógica y natural: otra tarde infumable, tan sólo rota por el valor que derrochó el confirmante mejicano Arturo Macías (de blanco y oro) en sus dos toros. En el sexto, además, corrió la mano baja y templada, hasta que su oponente dijo “vale ya”. Volvió a confirmar Macías lo que ya se le vio en Valencia y en Sevilla: un valor a prueba de lo que haga falta. Cuando, además, se encuentre con un toro que meta la cara en los engaños nos podemos llevar una sorpresa.
 
Técnicas y responsables fueron las respectivas actuaciones de Miguel Abellán (de crema y oro) y de Cesar Jiménez (de rosa muy pálido y oro), que no tuvieron más opción que dejar a sus enemigos a los pies de las mulillas.
Una nota final: el ruedo de Las Ventas está cada día más deteriorado, poniendo en riesgo añadido a todos los lidiadores. Mañana, miércoles, tenemos función de caballos. O mucho se esmeran los cuidadores de la plaza, o el jueves estará más imposible que la era del tío Paco después de un diluvio.
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Taurología

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