Esperan dos meses importantes: momento ganadero, José Tomás y entramado institucional

por | 16 Jul 2011 | Informes

Concluidos los sanfermines, bajo el reinado absoluto de El Juli, el taurinismo afronta ahora el intenso mes de agosto, con la antesala de las ferias más amables de los finales de julio. Hasta que llegue la Feria de Otoño y  Zaragoza, allá por octubre, en juego va a estar la evaluación final de la temporada de 2011.
 
Hasta aquí, y aunque sea triste reconocerlo, la nota más común ha sido el mantenimiento, si no el agravamiento, del problema ganadero, del que no se ha librado ni las mismísima Feria del Toro, en la que han salido reses que en otras ocasiones no se habrían admitido, con los puntos negros de Victoriano del Rio y de Núñez del Cuvillo. Y en el polo opuesto, la plenitud del torero de Velilla de  San Antonio, el impasse que se viene tomando Enrique Ponce, la forma inadecuada de Morante, el buen cartel de José María Manzanares y las novedades de Iván Fandiño y David  Mora y poco más, así como el boom –por ahora ocasional— de los toreros mexicanos y la presencia de un grupo de novilleros que interesan.
 
Pero por encima de todo lo demás,  queda como plato principal el último “test de estrés” que va a ser el ciclo bilbaíno de su Semana Grande. Es una realidad incontestable que si en la Villa del Nervión se mantiene el mismo problema que se viene detectando en toda la temporada, la situación ganadera no será ya grave, sino directamente de UVI. Por eso, la responsabilidad de la Junta Administrativa de Vista Alegre y de sus asesores –los hermanos Martínez-Flamarique Laviano— es tan importante para la Fiesta. En ellos hay que depositar toda la confianza para que salven el año en cuanto al toro se refiere.
 
Y es que, sin desmerecer en nada, a efectos del momento ganadero no cabe esperar sorpresas con las ferias amables que llevan hasta Bilbao. Ni en la amable y agradable Santander, ni en la propia Valencia –visto lo que pasó en Fallas—ni en Huelva, ni en Huesca, ni en la propia feria vitoriana de La Blanca, cabe esperar redenciones ganaderas. Málaga suele ser una caja de sorpresas a estos efectos, en función de que equipos de representantes de la autoridad actúen cada día. Por eso, aquí el verdadero Tourmalet del verano taurino está en Bilbao, como históricamente ha sido.
 
Los escalafones, con pocos movimientos previsibles
 
Menos comprometidos, a efectos de futuro, son los resultados que puedan alcanzar los toreros. Consagrado como base de la Fiesta el intratable El Juli –un caso de afición y entrega que ya es de estudio–, resulta interesante despejar, finalmente, el futuro de Enrique Ponce. No hay que descubrir los valores del torero valenciano: cuando un torero se mantiene 20 años en la primera fila, nunca es por casualidad; pero no es menos cierto que Ponce ya ha tomado el camino de una marcha paulatina de los ruedos. De hecho, salvo el plato fuerte de Bilbao –que de siempre ha sido “su” plaza–, ha preferido tener un verano tranquilo y espaciado, sin compromisos mayores. Y nada hay que criticarle: es una forma de irse yendo con dignidad y torería.
 
El próximo fin de semana sabremos cuál es el momento real de José Tomás. El diseño que ha hecho de su temporada sólo se entiende bajo el propósito de una nueva toma de contacto con el toreo, tras el tremendo percance de Aguascalientes. Tiene lógica humana y torera su actitud, por más que la Fiesta necesite con urgencia el revulsivo que representa. A su favor tiene de antemano el favor del público, como se ha visto por el tirón que su nombre ha tenido en abonos como los de Valencia o Huelva. Por el bien del toreo, todos deberíamos apostar que este reencuentre se salde con buena nota: el de Galapagar es necesario en la Fiesta de hoy.
 
Hay que esperar que José Manzanares no baje el diapasón, aunque haya cometido el error de tenerle miedo escénico a Pamplona. Con más interrogantes hay que mirar hacia Morante, un torero muy especial, en el que su componente anímico resulta esencial. Sigue sin terminar de reponerse El Cid, y eso no es bueno para la Fiesta. Sin suerte anda, y es una pena, el francés Castella, que está un buen momento, en todo menos en los sorteos en plazas clave. Irregular sigue Talavante, más centrado que el pasado año Perera y en una peligrosa tierra de nadie se mantiene Cayetano.
 
Incluso por delante de nombres más rutilantes, interés –necesidad, también—tiene que se confirmen las esperanza puestas en dos toreros ya en sazón, después de una carrera dura, como son Iván Fandiño y David Mora. Serían dos nombres de refresco para actualizar las combinaciones tantas ferias. En este grupo habría que unir al renovado Rubén Pinar que vimos en Pamplona y al propio Daniel Luque, al que parece que Simón Casas le ha dado la tranquilidad de espíritu que necesitaba. Si, además, de ese grupo de novilleros que ahora están en puertas de la alternativa alguno fuera capaz de encaramarse al pelotón de cabeza, también sería un punto positivo.
 
Caso aparte son los toreros mexicanos, traídos en bloque a Madrid para la Feria de San Isidro que han acreditado interés. Es cierto que ningún ha roto con fuerza, como para hacer necesarios en las ferias de postín, pero ninguno también ha echado las tres cartas, sino que se han quedado bajo el cartel de ser interesantes de seguir. Por eso sería justo y conveniente que se le fueran dando oportunidades en lo que resta de año taurino.
 
Descontados los novilleros que están en puertas de alternativa –caso de Juan del Álamo o Jiménez Fortes–, entre la novillería han roto especialmente dos nombres: el mexicano Sergio Flores y el madrileño Fernando Adrián, a los que Madrid se ha unido el de Conchi Ríos, que si confirma lo hecho no va a ser un hecho anecdótico. Las dudas levantan López Simón y Víctor Barrio, de corte muy similar, pero aún por definir.
 
El entramado institucional, en candelero
 
Pero a estas alturas de la campaña llegamos con los deberes administrativos por hacer. Hay dar por descartada ya la conclusión del proceso de traspaso de las competencias taurinas de Interior a Cultura, por la pasividad de los sectores taurinos y la inviabilidad política de tomar decisiones por un Gobierno que está de salida. De nuevo habrá que esperar a que acabe la temporada, pero para entonces el país está inmerso en un intenso clima electoral, que no es precisamente el momento de tomar ningún género de decisiones.
 
Quedamos, además, a la espera de que el tan cuestionado hoy Tribunal Constitucional se pronuncie sobe la ley abolicionista catalana, que es última esperanza con la que se puede contar, una vez que  nacionalistas y socialistas de aquella Comunidad Autónoma han decidido reafirmarse en cerrar las puertas a la Fiesta, pese al despropósito de gastarse hoy unos cientos de millones que no tienen, y que si los tuvieran se debería destinar a fines muchos más perentorios y sociales. [Entre paréntesis: al museo del despropósito acabaremos enviando la histórica frase del portavoz der la Generalitat, cuando asegurada que todo se saldará con “unos pocos de euros”].
 
Una sentencia que será particularmente importante, además, para poner coto a los propósitos anunciado por los abertzales de Bildu. Por ahora se trata tan sólo de poner en cuestión la utilización de un completo taurino, comercial y ocio creado en la zona de Illumbe. Una decisión dando rango de legislación nacional a la Fiesta, como la que se solicita del TC, cerraría muchas puertas que se abren como de tapadillo y luego acaban en daños mayores.
 
Por eso, aunque el Constitucional tenga acreditado que es como los elefantes de embarazos largos y partos lentos –salvo cuando de Bildu se trata–, no tenemos otra salida que mantener la esperanza de que el alto Tribunal hará suya la propia doctrina que ya firmó el Supremo con el caso de Salvador Távora contra la Generalitat: como manifiesto de arte y cultura, la Fiesta está protegida por el artículo 20 de la Constitución, entre otras normas de primer rango legal.
 
Y en otro orden de cosas, quedamos a la espera de que decida el Gobierno de Esperanza Aguirre e Ignacio González para el futuro de la primera plaza del mundo. Hay que reconocer que, a la vista de lo que se va conociendo, las expectativas no son demasiado positivas, sino que más bien nos encaminamos de una situación de plena continuidad en todo, aunque no sea eso lo que piden los aficionados. Pero los políticos son así, sobre todo cuando tienen mayorías tan absolutas.
 
Otro sí
 
No debe omitirse en este análisis una referencia al papel que viene jugando Canal + Toros. La experiencia viene siendo completamente positiva, con independencia de acuerdo o desacuerdo con sus puntos de vista. Lo importante es el respeto y el tino con el que se están abordando las grandes cuestiones de la Fiesta. Y de paso, merece un elogio el acierto y el sentido pedagógico que está demostrando Emilio Muñoz en su labor de comentarista, un papel que para él tiene que ser muy comprometido por su condición de matador de toros, pero que realiza con nota sobresaliente. En resumen, ha valido la pena de esta experiencia de Canal +Toros.
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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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