Entre la quiebra y la competencia: las verdades de Martínez Uranga no son simples ocurrencias

por | 10 Dic 2014 | La opinión

Si entre los informadores taurinos ocurriera como en la Asociación de Periodistas Económicos (APIE) con sus premios anuales “Tintero” –a  la personalidad más destacada en los medios– y “Secante” –para el más opaco–, sin duda el premio “Tintero” como autor de las frases del año se habría concedido a José Antonio Martínez Uranga, cabeza visible de Taurodelta.

Primero fue aquello tan lapidario de “el mundo del toro está en quiebra”,  que removió todos los cimientos de este planeta. Ahora ha sido otra no menos llamativa: Llegan nuevos tiempos para la tauromaquia del siglo XXI y es tiempo de abrir carteles y rivalizar en aras de un espectáculo más competitivo".

La primera, como es obvio, se refería a la situación económica de la Fiesta y todavía colea, como se comprobará, o a lo mejor no, en la cumbre convocada por Carlos Núñez en Sevilla para el próximo 18 de diciembre.  La segunda la dijo para explicar el por qué había fichado para su Casa a Manuel Escribano, de quien afirmó que cumpliría precisamente esa misión: aportar novedad y competencia a los carteles del nuevo año taurino.

Nada malo se haría si ambas proposiciones no se tomaran a título de anécdota. La primera, porque resulta una realidad incontestable que la economía taurina se encuentra hoy sumergida en un pozo profundo, por más que luego las farmacología que Martínez Uranga recetaba al enfermo pueda ser discutible. La segunda, se cumpla no sobre la base de Manuel Escribano –que eso es mucho suponer–, responde también a una realidad: lo que más necesita en este momento la Fiesta es  romper los cerrojos que la maniatan a la monotonía y a la falta de sorpresas, derivada del dominio absoluto de quienes integran el establishment taurino, que al final caben todos en un microbús que, eso sí, va de feria en feria. Como la noria y los coches de choque.

No hacía falta que ANOET se aplicara en explicar –por cierto, con notables ausencias de representantes en la mesa–  las razones de esa “quiebra”. Cuando los números no le cuadran a casi nadie, salvo a media docena de protagonistas, no hacen falta auditores para definir la situación, se llame “quiebra” o, más sencillamente, se la denomina “ruina”.

Que el modelo económico y empresarial del toreo se ha quedado obsoleto se viene advirtiendo desde hace tiempo. Y en muchas de sus facetas, por no decir en todas; resulta una simpleza creer que todo se solventa con recortes.

Algunos, quizás fiados por la vulnerabilidad del “que viene el lobo”, lo apostarían todo a la posibilidad de que surja en nuestros días otro José Tomás pero de los de 60 tardes.  Otros, en cambio, acuden a un camino más trillado: reducir drásticamente los costes, sin preocuparse primero en qué habría que hacer para incrementar los ingresos.  

Comprobado está que al lobo no se le espanta hoy con una figura refulgente, por la sencilla razón que se han creado las condiciones necesarias para que esa aparición no se pueda producir, que con una vez que se peregrinara a “Villalobillos” en busca de la almohada de El Cordobés ya fue suficiente escarmiento. Pero comprobado también está en tantos y tantos procesos de reestructuración sectorial como se han dado en España, que primar la política de reducción de costes, sin prestar mayor atención a la calidad y a la competitividad del producto, al final conduce en la práctica a la nada.

Por eso, la nueva política económica y empresarial del toreo no puede nacer por unos retoques cosméticos que se hagan a la realidad actual; se necesita una gestión de nueva planta, en la que se contemplen todos los factores que confluyen en la Fiesta como negocio. Nos equivocaríamos si nos conformáramos con pensar que reduciendo lo que cobran las figuras y forzando a los poderes públicos a reducir casi a la nada los arrendamiento está ya todo resuelto.

Antes que todo eso, que habrá de contemplarse, los responsables taurinos deberían estudiar, y en detalle, como lo que hoy es cotidianamente una “media entrada” pasa a ser por los menos “tres cuartos”. Se trata de un fenómeno que no encuentra toda su explicación en la cartera vacía de los aficionados; es algo que va mucho más allá. Y es que en primer término hay que plantearse por qué la sociedad españoles se destauriniza día a día, que es un fenómeno que no se debe tanto a la acción de los antitaurinos, sino que antes que ellos fueron los propios profesionales de lo taurino los que los echaron del tendido y casi de la afición.

Revísense, pues, los costes. Todos ellos. Pero primero bueno sería que se pusieran a pensar y a trabajar en cómo devuelven a los tendidos a los que hicieron dimitir de su afición, como promueven esa revolución que supondría volver a una sociedad española taurinizada. Ni lo uno ni lo otro será, desde luego, como en el pasado, porque hoy nadie empeña su colchón con tal de no perderse la tarde de Belmonte; pero si coincidirá en el afecto y la admiración, la cercanía en suma con la Fiesta.

Dentro de estas verdades del barquero, tampoco anda descaminado Martínez Uranga reclamando una vuelta a una Fiesta abierta en su concepción y competitiva en su desarrollo. Resulta un poco atrevido pensar que con el sólo fichaje de Manuel Escribano ya se conseguirá.

Pero es que, en el fondo, tampoco eso es lo que quería decir el empresario de Taurodelta, que en realidad se venía a referir a un fenómeno más trascendente: abrir los carteles más allá de la trilogía de turno –o el cuarteto, si unimos el “domecq” al uso– y promover competencia, algo que en el toreo significa romper con la política acomadaticia de quienes quieren jugar una partida repartiendo primero los comodines, si no es con unas cartas marcadas.

Esto que se ha venido en llamar una Fiesta para el siglo XXI hoy es más posible que en otros momentos relativamente próximos. Y lo es en la medida que en el escalafón se cuenta con un plantel suficientemente diverso para romper la vigente monotonía de los carteles.

En el fondo, aquí está ya todo inventado; no hace falta más que volver a dos figuras y un torero nuevo y con futuro. Si se revisan las ferias de hace 20 años, se cansa uno de leer ejemplos, no resulta necesario remontarse hasta el coloso Antonio Ordóñez, cuando pedía anunciarse con ese torero que venia formando ruido y a ser posible con una señora corrida, de Pablo Romero o del Conde de la Corte, por ejemplo.

Pero para eso hay que romper con demasiadas ataduras. Y así, habría que desechar la fórmula del “intercambio” de cromos, en virtud de la cual en marzo podemos conocer que ocurrirá en las ferias de septiembre. Habría que volver al mérito como razón verdadera para una contratación. Se debería, en fin, romper con la comodidad de que los carteles sean algo que se ventila entre media docena de amigos, a cuya mesa se reservan rigurosamente el derecho de admisión.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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