El toro de Sevilla. Visión del aficionado

por | 17 Dic 2011 | Tribuna Abierta

Únicamente en las páginas y blog independientes de la red podemos ver esta declaración de intenciones con respecto al toro y que textualmente dice “nada tiene importancia si no hay toro. Por una fiesta integra, no al fraude”.

Por eso es muy importante que peñas y tertulias taurinas en estos meses de reflexión ocupen su tiempo en hablar y debatir sobre quien ostenta el máximo protagonismo en la Fiesta y que desde mi punto de vista es el toro.

Pienso que cuando hablamos del toro no solamente debemos referirnos a su rica variedad genética y morfológica. Existe una rica variedad de  aspectos que nos ocupamos poco en difundir y enseñar a las nuevas generaciones.

Estamos más preocupados en encasillar el toro en los gustos de determinados creadores de opinión, más que en afianzar el toro en su integridad y adaptación a las plazas de primera, segunda y tercera categoría.

En absoluto estoy de acuerdo en definir al toro que se lidia en Sevilla, como el toro de Sevilla, pero si tuviera que reseñar su tipo y comportamiento, hago uso de unos versos de José Luis Garrido Bustamante que expresan lo que debe ser el toro para el aficionado:

Que tenga peso y trapío
Que esté en el tipo y que valga
Y, al embestir cuando salga
Levante un escalofrío.

Y que se quede “dormio”
mientras le aprieta el piquero.
Para lidiar en Sevilla:
El que repite…..y humilla
Y hace triunfar al torero.

Tras asistir a más de 600 reconocimientos en 21 años como integrante de un equipo gubernativo de la plaza de toros de Sevilla, debo decir que eso del toro de Sevilla en absoluto sobrevuela en las mentes de presidentes y veterinarios para aprobar una corrida.

Los toros se aprueban en Sevilla en función que presenten trapío suficiente para plaza de primera categoría.

Alguien puede decirme que los toros que se lidian en Sevilla bajan en trapío con respecto a otras plazas de primera como Madrid, Bilbao o Pamplona. Es cierto, y más cierto es que ello se produce exclusivamente cuando se anuncian las figuras en las tardes de farolillos.

En el resto de los carteles, con toreros que no se encuentran en los primeros puestos del escalafón, el toro de Sevilla tiene tanto o más trapío que en las tres plazas aludidas.

Como buenos aficionados saben ustedes que los ganaderos conforman sus camadas reservando los toros de mas presencia, más ofensivos, más armónicos y conformados para las plazas de primera. Pero también en la dehesa existen animales bravos que sin presentar la espectacularidad de los del Madrid, Bilbao o Pamplona, bajan un poco de presencia y si en Sevilla se encuentran con un equipo veterinario y presidente con poca experiencia y menos criterio, nos encontramos con corridas como la de Victorino de hace unos años lidiada por Morante y el Cid, la de Garcigrande, o algunas de Carlos Núñez de los años 80 donde para aprobar 6 toros fueron preciso reconocer más de 30. Todas ellas fueron autenticas becerradas.

El aficionado de Sevilla quiere un toro acorde con su encaste. No es cuestión de kilos o volumen, es cuestión de morfología y buena selección.

No es de recibo presentar a un reconocimiento un toro de encaste “nuñez”, alto, zancudo y de más de 600 kilos. Existen pocos, pero en la responsabilidad del ganadero está no presentar para su lidia en Sevilla estos animales.

El toro de Sevilla debe ser un animal cabeza de camada. Que responda a su encaste. Que sea ofensivo. Que presente un morrillo y parte posterior con plena armonía y que en definitiva  su morfología sea la que le corresponda con  los cuatro años de edad mínimo que debe tener para su lidia.

Aunque reglamentariamente también debe ostentar el peso mínimo de 460 kilos, pienso que este parámetro podría ser una cuestión a suprimir si los equipos de presidencia dispusieran de criterio y capacidad acreditados como para obviar el peso sin que el toro que salte al ruedo no tenga el trapío suficiente.

Sobre esta cuestión quiero contar lo sucedido en la plaza de toros de Sevilla el 10 y 11 de abril de 2002, fechas del reconocimiento y lidia de una corrida de Torrestrella en la feria de Abril de aquel año.

A las 13 horas del 10 de abril se realiza el reconocimiento de los toros de la divisa jerezana. Se rechazan varios animales y el ganadero y empresa nos emplazan para reconocer más toros por la tarde del mismo día.

A uno de los toros presentados de nombre OJITO, cuando le abren la portezuela del camión para que acceda a la manga que  conduce a la báscula, aquello no era un toro, aquello era una fiera del lugar más inhóspito de la selva africana.

Los empleados de la empresa, sudando la gota gorda, logran que el toro entre en el cajón de la báscula. Si antes, en la manga ese toro daba miedo por su comportamiento, cuando entra en el cajón, aquello parecía un terremoto. No había manera de calmar al animal y por consiguiente la labor del pesaje se hacía no complicada, era imposible. El fiel oscilaba con tal violencia que al final decidimos echar el toro al corral de reconocimiento y caso de gustar y aprobarse por los veterinarios y el presidente, se calcularía su peso mediante la  media proporcional de los pesos estimativos del empresario, el facultativo veterinario de servicio que subiría aquella tarde al palco y el delegado de la autoridad.

El toro OJITO, sin ser un animal espectacular en su trapío, era bajo de agujas, con buen morrillo y culata, ofensivo y de caja más bien reducida. Se podría decir que de trapío justo para Sevilla.

El toro gustó al equipo de presidencia y fue aprobado para su lidia. En la tablilla de los pesos lució 515 kilos, fruto del consenso entre las tres personas aludidas. Que yo sepa y en 21 años de trabajo en la plaza de Sevilla, ha sido el único toro que se ha lidiado sin que se pudiera pesar.

Ahora viene lo mejor del caso. El toro OJITO no fue considerado apto por las cuadrillas, empresa y ganadero para incluirlo en el orden de lidia del festejo del 11 de abril, quedando como primer sobrero.

El sexto toro de esa tarde se parte un pitón y es devuelto a chiqueros. Salta OJITO al ruedo y desde el comienzo de su lidia presenta una movilidad y bravura que no era normal. Recibió dos medidas varas. En banderillas galopó y buscó con codicia al rehiletero y en el tercio final de muleta disfrutamos del verdadero comportamiento de un verdadero toro bravo. Movilidad que transmitía emoción y riesgo, y un torero, Dávila Miura que embarcaba el toro adelantando la muleta, rematando los largos y templados muletazos en la Torre del Oro.

Faena vibrante. Faena de las que se recuerdan siempre. Faena de dominio y temple. Faena de vuelta al ruedo al toro. En definitiva en aquella tarde del 11 de abril la lidia del toro OJITO fue la lidia de un toro bravo en toda su extensión.

Se trataba del toro OJITO, un toro que había quedado de sobrero porque los taurinos no confiaron en él. Un toro que fue aprobado por su trapío y sin tener en cuenta su peso, fue considerado el triunfador del ciclo abrileño de 2002 obteniendo todos los premios.

Sobre este suceso nos podríamos hacer muchas preguntas.

¿Confiaba el ganadero en OJITO  cuando ni lo presentó en el primer reconocimiento?

¿Era de nota suficiente OJITO a juicio del ganadero como para ni incluirlo en el orden de lidia?

¿ Al hacer los lotes, las cuadrillas tampoco confiaron, ni fue de su agrado las hechuras de OJITO, que lo dejaron de 1º sobrero?

En fin, muchas más preguntas pueden hacerse ustedes a este respecto, pero lo cierto es que en este mundo de la crianza y lidia del toro, nadie, ni los profesionales, tienen un criterio claro que descifre lo que un animal bravo lleva dentro. Por ello el toro siempre es un enigma

La afición de Sevilla se caracteriza por inclinarse más por el torero que por el toro. Aprecia o valora más el buen comportamiento de un toro que su trapío. Pero cuidado, que no le tomen el pelo, cuando en un festejo normalmente de los de postín, le quieren dar gato por liebre.

Entonces la afición de Sevilla se rebela enfurecida y como ocurrió la tarde de los “garcigrandes” obliga al usía a devolver toros, no por padecer defectos o ser inútiles para la lidia, sino porque manifiestamente eran de un trapío de plaza de tercera categoría.

Con esto quiero decir que el toro de Sevilla depende del cartel, pero esto no ocurre solamente a orillas del Guadalquivir, esto ocurre en todas las plazas donde los primeros espadas del escalafón escogen el toro cómodo en todos los sentidos y por consiguiente de trapío y conformación más bien escasitos.

Olvidemos la leyenda del toro de Sevilla. Eso es algo que se impuso en épocas pasadas manipulando el lenguaje y para engatusar a ciertos equipos de presidencia con poca afición y menos criterio.

Hemos hablado de que el toro de lidia tiene que ser bello en la plaza, pero de comportamiento acorde con su condición de animal fiero, bravo y con una casta y poderío que lo diferencia del resto de la especia bovina.

¿Nos gusta el comportamiento en la plaza del toro de hoy?

¿Aceptamos de buen grado que el toro de hoy apenas sirva para la suerte de varas?

¿Valoramos igual el toro dócil y parado en la muleta que el que acomete, galopa y repite en la pañosa?

Al igual que antes podemos seguir planteando muchas más preguntas sobre el comportamiento del toro de hoy y analizar cuales con las causas que han llevado a crear un toro tan comercial y aburrido que le han cercenado los valores que siempre ofrecieron al aficionado emoción y riesgo. Dos condiciones sin las cuales la tauromaquia tiene poco sentido, como ocurre en estos tiempos, donde se valora con altas notas ese toro parado que si repite veinte muletazos, aunque sea al paso, tenemos indulto seguro.

O como se empieza a imponer en algunos países americanos, donde no se mata el toro en la plaza, pero en los carteles se anuncias tres matadores de toros.

Pienso que los ganaderos deben recapacitar y criar toros no al gusto del torero, sino primero criar el toro a su criterio de aficionado libre y sin imposiciones y después el toro al gusto del que paga que es el cliente que pasa por taquilla. Y ese toro es el que debe poner a cada torero en su sitio.

El toro de lidia es un patrimonio de España y por ser nuestro país poseedor de este gran tesoro, no debemos dejar que aires enrarecidos hoy muy de moda, traten de quitarnos o manipular este animal tan bello y preciado, y es por ello entiendo que en nuestra responsabilidad está:

1.- Cuidar la raza brava en base a la selección, manteniendo un único libro genealógico de conocimiento público.

2.- Entender por integridad del toro, no solo el que se halle libre de manipulaciones en sus astas, sino que manifieste su plenitud siguiendo los caracteres morfológicos que configuran el tipo racial del toro bravo.

3.- Que la Universidad establezca una definición genérica del concepto de trapío con carácter puramente orientador y en base a estudios dotados de rigor.

4.- Solicitar la defensa del toro de lidia como patrimonio cultural protegible.

5.- Establecer subvenciones sobre las reses de desecho en aquellas ganaderías que cuiden y respeten la selección.

6.- Responsabilizar al aficionado a través de sus asociaciones respectivas de la parte fundamental que le corresponde en el desarrollo y defensa de la fiesta brava.

7.- Como estamos en Villafranca de los Barros, ciudad muy taurina con excelentes aficionados, donde me consta que existe preocupación por los ataques que en la actualidad sufre nuestra fiesta, solicito oficialmente aquí y ahora a D. Ramón Ropero, que proponga en un próximo pleno municipal declarar en Villafranca de los Barros  nuestra Fiesta Nacional, Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad, para unir esta declaración a la de otros muchos municipios españoles y americanos y presentar ante la UNESCO esta iniciativa de protección sobre los toros.

No quisiera terminar esta intervención sin hacer un canto que mezcla a Sevilla con Joselito, muerto siete años antes.

Los versos son de Rafael Alberti, al que encerró en la habitación de un hotel de Sevilla Ignacio Sánchez Mejías obligándole a rematar las diez redondillas de “Joselito en su gloria”. Dice así:

Llora, Giraldilla mora
Lagrimas en tu pañuelo.
Mira como sube al cielo
La gracia toreadora.

Niño de amaranto y oro
Como llora tu cuadrilla
Y como llora Sevilla
Despidiéndote del toro.

Tu río, de tanta pena
Deshoja sus olivares
Y riega los azahares
De su frente, por la arena.

Dile adiós, torero mío
Dile adiós a mis veleros
Y adiós a mis marineros
Que ya no quiero ser río.

Cuatro arcángeles bajaban
Y, abriendo surcos de flores
Al rey de los matadores
En hombros se lo llevaban

Que pueda, Virgen, que pueda
Volver con sangre a Sevilla
Y al frente de mi cuadrilla
Lucirme por la Alameda.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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