El peso del desánimo de una plaza vacía

por | 12 Mar 2012 | Temporada 2012

VALENCIA. 12 de marzo de 2012. Tercera de la feria de Fallas. Un escaso quinto de entrada, en tarde agradable. Novillos de Javier Molina, de medida presentación y casta, pero muy manejables los cuatro primeros y con más dificultad los dos últimos. Pascual Javier (de azul cobalto y oro), un aviso y un aviso. Sergio Flores (de celeste y oro), silencio y silencio. López Simón (de turquesa y oro), una oreja y silencio.

Vale, torear en una plaza casi vacía –no acudió ni todo el abono a la cita– no levanta precisamente el ánimo. Demos también por válido que la primera tarde de la temporada tiene su aquel. Aceptemos, en fin, que tampoco a unos muchachos que empiezan se les puede valorar con los baremos convencionales. Pero asumido todo lo anterior, que no hayan salido a hombros con la novillada que envió Javier Molina, acabará por pesarles. Y más con lo difícil que esta el panorama de este escalafón para la campaña que ahora se inicia.

Con decir que las reacciones más ruidosas del reducido respetable fueron para manifestarse en contra del cambio experimental del recorrido de retirada de los picadores –que trata de abreviar el metraje de la tarde–, está todo dicho. Pero es que, además, siempre se ha creído que los conceptos de novillero y conformismo eran incompatibles; pues va a ser que no.

El ganadero mandó una novillada sin escándalos en la presentación, pero que tuvo cuatro novillos muy potables, mientras dos ofrecieron más dificultades, uno por su dubitativo embestir, otro por su genio. Con las fuerzas justas para aguantar la faena sin agobiar, sin aparotosidad en las cabezas y con un tranco adecuado para ligar los muletazos. En conjunto, más que un aprobado alto.

Abría terna el valenciano Pascual Javier, que tuvo una tarde sencillamente cumplidora, a base de reiteraciones. Como se queda siempre fuera de cacho, le cuesta un mundo ligar los muletazos, que a la postre terminan por salir mecánicos. Por su afán de agradar, alargó tanto sus trasteos que fueron inevitables los recados presidenciales.

Se esperaba más del mexicano Sergio Flores, después de la esperanzadora temporada del 2011. Variado con el capote, como en otras ocasiones, luego no se entendió ni con el bueno ni con el malo. Sencillamente, no se encontró así mismo y se dejó ir la tarde.

Más en novillero se vio a López Simón, sobre todo cuando tomaba la vía talavantiana, que el personal agradece mucho a lo que se ve. Pero los buenos deseos no pudieron tapar el exceso de barullo que tuvieron sus dos faenas. Para quien está en puertas de tomar la alternativa, algo da que pensar. Pero, en fin, su apoderado seguro que sabe más de esto. Desde luego, en el corte que estuvo esta tarde, no le será fácil entrar en la Maestranza, como ya le ocurrió en las dos novilladas que mató el pasado año. Pero no apaguemos precipitadamente  la velita de la esperanza, vamos a desearle que las cosas le vayan bien.

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