El nuevo «fuenteymbro», la difícil alquimia de la genética

por | 20 Ago 2012 | Temporada 2012

BILBAO, 20 de agosto de 2012. 2ª de las Corridas Generales. Media entrada escasa. Toros de Fuente Ymbro, de gran presencia, aunque fuera de tipo y de mal juego. Diego Urdiales (de oro viejo y oro, con cabos negros), ovación tras aviso y ovación tras un aviso. Leandro (de verde hoja y oro con cabos negros), palmas tras un aviso y silencio tras aviso. David Mora, ovación y vuelta.

El lenguaje encierra mucho más que matices. Antes los toros eran, en sus distintos grados, mansos o bravos; ahora, mayormente “sirven” o no “sirven”, espantosa expresión que a nada compromete: el toro siempre sirve para algo, en último extremo para filetes. Lo que pasan es que con la nueva catalogación se evita uno tener que entrar a mayores, para explicar si eran claudicantes, si andaban muy escasos de pitones, si carecían de casta y raza…. La corrida de este lunes en Bilbao ha servido pero sólo para filetes y para mañana trasegarse un buen estofado de rabo de toro.

Anda empeñado Ricardo Gallardo, una vez que las figuras han hecho “fu” a sus toros, toqueteando el originario encaste “domeqc” versión “jandilla”, para conseguir un sello propio. Legítima aspiración, desde luego. Al principio la cosa parecía funcionar: los fueneymbros eran jandillas con un grado más de casta. Daba gusto verlos. Pero ahora ha tomado un derrotero torista y la cosa no parece que vaya equilibrada. Algo falla en la alquimia genética.

La corrida que ha lidiado en Bilbao es un buen ejemplo: era eso que se dice un corridón: con cuajo, con pitones un puntito veletos, pero fuera de tipo; luego, cuando comenzaba la lidia se observaban que andaban justitos de motor, reponiendo de continuo, con poca humillación y en algunos casos con peligro. No es como para sentirse satisfecho.

A lo mejor lo de Bilbao es algo casual. Pero tengo algunas dudas. Esta misma temporada, los fuenymbros funcionaron una tarde sí y otra no en Sevilla y fueron manifiestamente mejorables en Pamplona, Madrid o Valencia, por citar tres casos. [Entre paréntesis, tiene uno curiosidad por saber cual es la causa por la que en los ruedos franceses triunfan más]. En cualquier caso, en esta transmutación de la docilidad del “jandilla” a la nueva versión “fuenymbro” algo chirría.

Justo de fuerzas, con un pitón izquierdo malísimo y con acelerado acortamiento de sus embestidas fue el primero.  Sin humillar, distraidote y soso fue el segundo, que estuvo muy mal picado. A menos con rapidez se vino el tercero, que se había partido la punta del pitón derecho, como si de una corrida de rejones se tratara, y en seguida abundó en soserías. Mucho, pero mucho,  había que tragarle al cuarto. Andarín, suelto de cara y molestísimo fue el quinto. Y con malas intenciones el que cerraba plaza.

Si mucho tuvo que tragarle Diego Urdiales al complejo toro que hizo cuarto, tampoco el que abrió plaza regalaba facilidades. Y a base de decisión el riojano tuvo momentos de mucho mérito. Y así, hubo series de derechazos a su primero que tuvieron su aquel; pero las condiciones de su enemigo hacía que luego se tuviera que poner reiterativo.  Cuando iba metiendo en la canasta al que hacía 4º, el toro se vino a menos y ya solo cabía oficio para andar por allí con dignidad.

Quizás el más manejable para el torero fue el segundo. No humillaba, pero acabó embistiendo con suavidad. La torería de Leandro permitía verlo. Pero uno abriga la duda de si no se perdió en el toreo a media altura y la estética, en lugar de haberse fajado más. Todo aquello parecía quedar a medias. Con problemas sin paliativos el quinto, con el que el de Valladolid estuvo descentrado. Lo que ya resulta menos comprensible es su reiteración en tratar de realizar la suerte de matar a paso de banderilla.

David Mora dio la única vuelta al ruedo de la tarde. Más que nada por su coraje y por el estoconazo que le propinó al que cerraba plaza, que fue de premio.  Había estado muy aseado Mora con su primero, aunque su trasteo quedaba a medio camino por la falta de raza de su enemigo. Se fajó en cambio con el peligroso toro que cerró la tarde, que andaba ya orientado desde su salida. La papeleta la resolvió con hombría y casta, hasta culminarla con el espadazo ya reseñado.

Un pequeño detalle final: en estos últimos años el público de Bilbao es extremadamente educado con los toreros. Basta con que uno haga un intento de saludar para que suenen las palmas. Hoy comprobamos esta educación del aplauso más o menos intrascendente; pero esto no quiere decir que el publico bilbaino transija con todo. Hoy mismo frenó en seco a Urdiales cuando trataba de dar la vuelta al ruedo en el cuarto. 

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Taurología

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