El Juli manda; la sorpresa la dieron los nuevos: Nazaré y Escribano

por | 23 Abr 2013 | Temporada 2013

 

 

 

¿Que nos dejó en el recuerdo Sevilla? Pues, resolvió algunas dudas y vino a confirmar algunas cosas. En su conjunto, con sus altibajos, ha resultado un serial con interés. Aunque muchos la recordarán como la feria de la media de Morante, no ha sido sólo eso. Para lo bueno y para lo malo.

Por lo pronto, con el ausente en su retiro de tierras de Estepona, la feria ha reafirmado lo ya confirmado: hoy por hoy en Sevilla el verdadero tirón en la taquilla lo tienen tan sólo tres toreros: Morante, El Juli y Manzanares. Los demás, Talavante incluido, van muy dignamente de complemento necesario. A uno se les ve con más gusto que a otros. Algo deberían pensar cunado se da la circunstancias que los tan criticados mediáticos arreglan mucho más las taquillas que ellos. Pero capacidad para movilizar la tienen esos otros tres. Y como es habitual, la corrida de Miura.

Otra cosa será el color de los números contables que arroje la feria, la primera en muchos años que se ha celebrado sin las cámaras de la televisión en directo. El abono ha vuelto a retroceder y el “No hay billetes” se puso tan sólo dos tardes, pero hubo una mayoría con muy buenas entradas. Otras bajaron hasta los dos tercios,  que lo mejor resultan ser las más rentables porque su persiana se levantaba con menos costes fijos. Pero diga la cuenta de resultados lo que diga, la crisis ha quitado agobios en los tendidos y en las colas de las taquillas, salvo en las dos ocasiones ya reseñadas. El temor es que sea completamente cierto lo que dijo Ramón Valencia: en Resurrección, con Morante, El Juli Manzanares se perdieron casi 100.000 euros.

El Juli, al mando

Por otro lado, Sevilla ha percibido que quién se ha echado a las espaldas el peso del toreo es Julián López “El Juli”. Sin otros gestos llamativos que pedirse la corrida de Miura, por más que luego no la haya podido torear, este torero está en la senda de arrollar, serenamente, con la madurez de los años de oficio, llevando su verdad por delante. Pero, sobre todo, deja claro que se ha marcado una senda, con el aguijón de no pararse en el camino de progresar en el fondo y en las formas de su toreo.

En realidad, Sevilla sólo le vio la tarde Resurrección, antesala solemne de la feria desde tiempo inmemorial.  Pero puede ser suficiente aquel día y la forma y la firmeza con la que se puso ante el toro que le dio la cornada, el problemático del lote de Victoriano del Rio. ¡Ay si hubiera podido lidiar aquel 4º de la tarde…!  O alguno de los miuras de la corrida que cerró feria. Pues pese a esa presencia truncada, ha transmitido cuál es el camino que ha emprendido. De paso, como muy oportunamente ha recordado Zabala de la Sera, no es casualidad que las tres corridas en las que estuvo anunciado el torero madrileño han resultado al final las mejor presentadas.

Por otro lado, la Maestranza  ha reafirmado su vocación morantista, una moda que hoy no conoce límites geográficos. Sólo quien no pisa una plaza puede negar que Morante tiene una concepción personalísima del toreo, dotada además de una enorme fuerza plástica, escultural, casi barroquista. Como además es una forma entender el toreo diferente, necesariamente se singulariza. Toda lógica tiene, en consecuencia, que hasta el espectador de ocasión se ponga de pie con esa media verónica monumental de la que tanto se habla.  

Pero en Morante se ha advertido un riesgo, ya intuido en otras plazas y que viene del pasado año. Como la belleza es un manto que casi todo lo tapa, crece la tentación de acudir a algunas ventajillas, como ese falso cargar la suerte que en ocasiones prodiga. Podemos seguir con el cante de su pellizco, que lo tiene;  pero mala cosa se haría si no se le reclama que sea el torero de época que tiene dentro. A base de medias colosales no se construye una historia del máximo rango.

El consentido de Sevilla, José Mª Manzanares, no ha redondeado precisamente su feria. Ya en Valencia dio un primer aviso: su estado de forma no era el de la temporada anterior. En la Maestranza ha sido ya más que una intuición. Una primera figura no puede aparecer totalmente desarbolada por un “victorino”, por más problemático que fuere. Y si tiene el gesto de pedir seis toros tan sólo para él, no puede dejarse ir dos de triunfo. Por más que luego le cortara las orejas al juanpedro que cerró la tarde –en una faena que cuando pase el tiempo, el video bajará las euforias–, no hace olvidar que se le fue la tarde. Si en Sevilla, como en Madrid o en Bilbao, por ejemplo, se piden los seis toros, es para otra cosa muy diferente de la que se vio en la Maestranza en aquel sábado de preferia.

Por lo demás, no acabó de encontrar su sitio Talavante, muy lejos de aquel torero que abrió la Puerta del Príncipe por dos veces. En cambio, más centrado en Sevilla que en años anteriores se vio a Castella, al que hasta ahora le podía el miedo escénico de la Maestranza, porque en otros sitios no se amilana nunca. Manuel Jesús “El Cid” ha dejado la estela de no tener aún superada su propia crisis; el problema es que este impasse se prolonga ya demasiado y la paciencia de los taurinos es bastante limitada.  Sin cejar en su pelea por recuperar espacio, Daniel Luque, que ha perdido algo de frescura, pero lo ha ganado en profundidad. Imposible resulta calificar a Miguel A. Perera: resulta difícil tanta coincidencia en que sus cuatros toros resultaran imposibles; una pena, porque el extremeño merecía mejor suerte, dado el buen momento que atraviesa.

Las dos sorpresas

En el segundo nivel, dos nombres sobre todos. Cronológicamente en primer término, Antonio Nazaré. Iba camino el torero de Dos Hermanas de convertirse en la eterna esperanza. En Sevilla ha roto, esperemos que definitivamente. Su tarde con la corrida de Victoriano del Río pudo ser apoteósica, si no hubiera sido por pequeños errores que son comprensibles en quien no anda en el gran circuito. Pero tuvo momentos excelentes, como los mejores del mejor. Después de lo demostrado, ya sólo necesita que se le de cuartel.

Y para final se reservó la segunda sorpresa: Manuel Escribano, llegado a la estación de la Maestranza en el último tren que pasaba por su pueblo, pero que cuando le llamaron para sustituir a El Juli, tenía muy bien hecho su equipaje. En sus dos miuras se le vio entregado y muy puesto; en el 6º, además, toreando con excelencia. Uno de los tres toreros que en toda la feria le ha cortado las dos orejas a un toro, su triunfo no ha sido fruto de la conjunción de las casualidades. Ha sido pura verdad. De Sevilla sale al alza.

Por lo demás, con una corrida imposible de Cuadri, Antonio Ferrera no puedo estar más torero y más seguro.  Interesantes apuntes dejó Eduardo Gallo y empeño López Simón. Con mucho mérito tanto Rafaelillo como Javier Castaño con la corrida de Miura. Y en el campo novilleril, tan sólo un nombre: Lama de Góngora: hay que esperarle.

 

Apóyanos compartiendo este artículo:
Taurología

Taurología

Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *