El desconcierto ministerial sobre el IVA y los daños graves a la Fiesta

por | 27 Jul 2012 | Punto de vista

El mundo del toro tiene una preocupación creciente por el impacto que en sus actividades vaya a tener la subida del IVA decretada por el actual Gobierno, en virtud de la cual todos los espectáculos taurinos pasará a incluirse en el tipo del 21%.

Y es lógica esta preocupación. ¿Cómo se va a asimilar semejante subida, por ejemplo, en aquellas plazas de tercera que a duras penas venían sosteniendo la organización de sus festejos? Si ya su economía era en extremo precaria, la subida del IVA es la definitiva puntilla.

Pero que el sector taurino ande preocupado entra dentro de la lógica, como ocurre en otros muchos sectores, muy sensibles a los comportamientos sociales. Lo que de verdad resulta paradójico es el desconcierto que crean las autoridades del ministerio de Educación con sus consideraciones al respecto.

En lo que se refiere a la Fiesta, que el ministro Wert proponga, como ha hecho, que las empresas absorban esa subida de 13 puntos en el IVA sólo puede entenderse por un profundo desconocimiento de la realidad taurina, desconocimiento del que, a lo que se ve, no le ha sacado el amplio equipo de asesores del que se ha rodeado.

Pero ya raya en lo insólito que sea el propio Secretario de Estado de Cultura quien declare palmariamente su disconformidad con este incremento del IVA para todas las actividades culturales, entre las que se encuentran las taurinas. Si tan disconforme está con la medida, no se entiende muy bien que hace formando parte de la Administración que ha decidido tal subida.

Como casi todos los políticos, cuando no saben muy bien por donde tirar, tanto uno como otro ha venido a declarar que tratarán de paliar esta situación en un inconcreto futuro. Es como si nos dijeran: ustedes vayan pagando, que luego ya arreglaremos cuentas. No es ya que semejante propuesta no sea más que una inseguridad jurídica añadida, realizada sobre una hipótesis difusa; es que se trata de una proposición de imposible cumplimiento, cuyo único efecto radica en tratar de mitigar los efectos que en su imagen pública tienen medidas fiscales de esta naturaleza.

Frente a tales medidas, los representantes de ese genérico que mediáticamente se denomina “representantes de la cultura” –cajón de sastre en el que caben las cosas mas variopintas–, han tomado posiciones públicas en contra, manifestaciones incluidas.

A algunos le ha llamado la atención que en estas protestas y reivindicaciones no hayan participado representantes taurinos, interpretándolo como si fuera un cierto desinterés por el tema. No parece que sea así. Preocupación por el tema existe y mucha. Lo que ocurre es que la singularidad del colectivo taurino tiene sus propias coordenadas, que lo diferencian abiertamente de otros grupos culturales, también a la hora de sus reivindicaciones.

El primero y más principal radica en que el toreo no vive de modo necesario de las subvenciones públicas, directas o indirectas, como ocurre generalizadamente con el cine. Si para hacer una película primero hay que conseguir las subvenciones, por el aquel de la protección a la producción nacional, nada más alejado del modo de proceder en lo taurino.

En el caso de la Fiesta, a lo más que se llega en cuanto a ingresos del sector público es a que algunas corporaciones locales adquieran localidades para sus ferias locales, con las que atender a sus compromisos sociales. Y no es que esto sea “el chocolate del loro”, es que se trata de usos y costumbres que por razones de relaciones sociales se llevan a muchos ámbitos. ¿Acaso no es el mismo caso a efectos presupuestarios  que cuando esas Corporaciones organizan recepciones o almuerzos con los que agasajar a los invitados que tienen? Por tanto, lo que de esta forma puedan aportar a la Fiesta –que además es bien poco–, nada especial que no hagan con otros sectores y actividades.

Las subvenciones al cine –que por cierto aporta bastante menos que los toros al erario público–  constituyen casi siempre condición necesaria para que un film se produzca. No es cosa de negar que sus reivindicaciones actuales sobre el IVA puedan estar justificadas; lo que se trata de decir es que si ellos, que están colgados del dinero publico protestan, ¿qué debería hacer el mundo del toro que paga pero no cobra? Pero en estas circunstancias no puede deducirse como una despreocupación de los profesionales de lo taurino; lo único que significa es que tienen sus propias singularidades y sus maneras de actuar.

Por lo demás, cuando el Gobierno planteó en su momento –incluso en sede parlamentaria– su decisión formal de proteger la Fiesta como patrimonio cultural, difícilmente se puede compatibilizar este propósito con una desproporcionada subida del IVA tanto como en 13 puntos. En las actuales circunstancias, no van a conseguir ni aumentar en 8 millones de euros la recaudación que hasta ahora les representaban los toros. ¿Semejante cantidad es la que necesita el ministro de Hacienda para sacarnos del marasmo en el que anda metido el país? Resulta ridículo.

Pero si para las arcas del Estado se trata de una cantidad irrisoria, para la Fiesta, y en especial para todas sus manifestaciones de orden menor, se trata de un sobrecoste que, sencillamente, las hace inviable. Si ya eso que se ha venido en denominar la “Fiesta de base” estaba en un trance muy difícil, la nueva disposición tributaria las acabará por hacer inviables. Y eso es extremadamente grave, por que la Fiesta que se quiere proteger toma su razón de ser de ese último escalón de la cadena, porque es donde de verdad se enraíza en la cultura popular. La Fiesta no se dilucida en el abono de San Isidro; se juega su futuro en cada pueblo que tiene que suspender la becerrada tradicional para el día de la Patrona. 

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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