El conflicto taurino hispano-mexicano de 1936

por | 18 Oct 2014 | Retazos de Historia

Los primeros días de 1936 Nicanor Villalta certificó de manera oficial su retirada del toreo en el ruedo de Caracas. Esos mismos días, Cagancho cortó seis orejas y dos rabos en el coso mexicano de Tampico. Con anterioridad, había triunfado en la plaza cardinal de México con dos magistrales exhibiciones de su depurado toreo artístico, rematadas con otros tantos certeros volapiés, etiquetados de colosales, que le dieron derecho a la consecución de dos trofeos y a un sentido y multitudinario banquete de despedida. Estos mismos días Juanito Belmonte e Ignacio Sánchez Mejías firmaron una exclusiva con Eduardo Pagés.

El 16 de febrero el Frente Popular triunfó de manera clara en las elecciones generales. El mes de marzo se inauguró la campaña en la principal plaza barcelonesa: Domingo Ortega y Victoriano de la Serna, mano a mano. Unos días después se abrió la feria castellonense de la Magdalena con un desafío entre Domingo Ortega y el nuevo toricantano, Rafael Ponce Rafaelillo.

Antes de arrancar el ciclo madrileño correspondiente, la Delegación de Seguridad del Ministerio del Interior prohibió la comercialización de los abonos de temporada completa –de abril a junio–, argumentando que perjudicaba a los intereses de la afición. En su lugar se implantó el carné de abonado, una formula análoga a la que ya existía en la principal plaza de México. Con escasa asistencia de público se inauguró la temporada en Las Ventas, en un frío y lluvioso domingo de abril: Valencia II, Amorós, Pepe Gallardo y Ricardo Torres, que tomó la alternativa, frente a reses de Pallares.

Una temporada más, había llegado a España un numerosísimo grupo de toreros de nacionalidad mexicana de todas las categorías laborales. Dominguín, empresario de Tetuán de las Victorias y con intereses económicos en la principal plaza de toros de México, cerraba la mayoría de las combinaciones con estoqueadores americanos.

La feria de las Fallas se desarrolló sin la menor incidencias con la presencia de los charros Fermín Espinosa Armillita (Coahuila, 1911 – Ciudad de México, 1978), Silverio Pérez (Texcoco, 1915 – México, 2006), Luis Castro El Soldado (Mixcoac, 1912 – México, 1990), Lorenzo Garza (Monterrey, 1908 – Ciudad de México, 1978) y José González Carnicerito de México[1] (Tepatitlán, 1905 – Villaviciosa, 1947). La mayoría de ellos contaba con una excelente reputación entre la afición hispana. Una incesante lluvia impidió la celebración de la tradicional Corrida de San José en la capital mediterránea.

A mediados de abril se discutía acerca de la obligación que tenían los toreros extranjeros de contar con una carta de trabajo para poder torear en los cosos españoles. Así se llegó al día 23, en que estaba anunciada la Corrida de la Beneficencia. Esa tarde, por primera vez, la empresa se vio obligada a sustituir a Armillita por un espada nacional, alegando que tenía caducado su permiso laboral desde el mes de diciembre. Finalmente, la lidia de los Albaserrada corrió a cargo de Bienvenida, De la Serna, El Estudiante y Curro Caro.

Cinco días más tarde se hizo patente el desencuentro entre los toreros de originarios de ambos continentes al no permitirse a El Soldado realizar el paseíllo en la primera corrida de la feria de Jerez –donde debía acompañar a Chicuelo y Venturita con reses de Ramón Ortega–, a pesar de contar con la preceptiva autorización. A última hora, la Gaceta de Madrid del 3 de mayo, publicó una disposición legal que regulaba los requisitos exactos que debían cumplir los toreros foráneos para trastear en las plazas de toros españolas, reglamento directivo que recogía los principios de reciprocidad y proporción[2].

A medida que transcurría el mes de mayo, las relaciones entre los matadores de toros mexicanos y españoles se fue agriando. El conflicto, que se había ido larvado con lentitud, estalló con un gran estruendo coincidiendo con la tradicional Corrida de San Isidro: Lalanda, Manolo Bienvenida, Ortega y Armillita. El precio del boleto era de una peseta.

A la hora del apartado, el maestro de Vaciamadrid exigió al representante del diestro americano el preceptivo permiso de trabajo, que este no pudo exhibir. Así las cosas, la autoridad gubernamental solicitó a los representantes de cada uno de los espadas anunciados esa tarde que se personasen en las dependencias de la Dirección General de Seguridad para estudiar la manera de solventar el conflicto. En nombre de Bienvenida se personó su propio padre y apoderado, y sólo Ortega lo hizo personalmente. A la cita asistió Juan Espinosa, hermano de Armillita, a la que posteriormente se sumaron Algabeño, Valencia II y los empresarios venteños Alonso de Orduña, Guillermo Gómez de Velasco y Rafael Linage.

El presidente de la Asociación de Matadores de Toros y Novillos, Marcial Lalanda, insistía en que Armillita no cumplía con los requisitos legalmente establecidos para poder lidiar en los redondeles españoles. Como el jefe de policía Pedro Rivas insistía en que él personalmente había refrendado el visado al diestro foráneo, los huelguistas exigieron su verificación correspondiente en las dependencias del Ministerio del Trabajo, además de la consiguiente comprobación de los antecedentes que obraban en poder del Jurado Mixto de Espectáculos Taurinos .

Cuando las agujas del reloj ya marcaban las dos de la tarde, y dado que era una jornada festiva, las autoridades estatales intentaron convencer a los lidiadores que aceptasen el documento provisional que exhibía Fermín Espinosa, pues lo avanzado de la hora impedía la comprobación de toda la documentación requerida. Los dieciocho miembros de las cuadrillas taurinas anunciados para realizar el paseíllo esa tarde reiteraron su negativa a vestirse de luces y rechazaron todas las alternativas que les ofrecían las autoridades que no pasasen por la exclusión de Armillita de la combinación.

Alrededor de las tres de la tarde, todos los toreros fueron detenidos y trasladados a la Cárcel Modelo, al igual que Marcial Lalanda –presidente del Jurado Mixto del Espectáculo– y los banderilleros Eduardo Lalanda, Luis Suárez Magritas[3], Manuel Navarro, José Paradas, Melones, Farnesio, Fuentes Bejarano y Cástulo Martín. En el recinto carcelario se encontraron con los dirigentes falangistas José Antonio Primo de Rivera, Ruiz de Alda y Fernández Cuesta.

Por su parte, Armillita se ofreció a despachar en solitario los ocho toros ya enchiquerados, aunque fue incapaz de encontrar un solo subalterno dispuesto a secundarle en el paseíllo. Todos los rehileteros hispanos se habían solidarizado con sus compañeros presos.

Los estoqueadores pusieron al gobierno ante un dilema nunca antes visto. La noticia de la suspensión de la corrida se extendió con celeridad por todos los mentideros.

Por otro lado, el embajador de México anunció su obligación de informar a las autoridades de su país acerca del conflicto planteado. A partir de ese momento se temió que la nación americana reaccionase aplicando a los ciudadanos españoles residentes en aquel país un catálogo de represalias de similares características.

La totalidad del aforo de La Monumental de Las Ventas estaba vendido. Una hora antes de arrancar el espectáculo el amplísimo grupo de aficionados se agolpaba en los accesos al recinto. Tras ser informados oficialmente del aplazamiento de la corrida protestaron con energía y un grupo de unos doscientos forofos promovió una manifestación espontánea que encabezaron dos individuos que portaban una pancarta en la que se podía leer: “Queremos toros y la sustitución de Armillita”. El movimiento popular se dirigió calle de Alcalá abajo camino del Ministerio de Gobernación. Los guardias de asalto de la comisaría de Buenavista tuvieron que realizar grandes esfuerzos para disolver a los manifestantes e impedir que asaltasen las taquillas de venta de boletos en la calle de la Victoria.

A última hora de la tarde, una comisión negociadora formada por el abogado de la Asociación de Matadores de Toros y Novillos, José García Mateos de Mesa, y el diputado de Izquierda Republicana Félix Templado Martínez se situó frente al edificio de la Dirección General de Seguridad con la intención de avistarse con su máximo responsable, José Alfonso Mallol, para negociar la liberación de los toreros detenidos.

Al día siguiente, 16 de mayo se repitió en la plaza de Talavera de la Reina una nueva negativa de los novilleros escriturados a torear, incumplimiento que incrementó la nómina de coletudos encarcelados –Ballesteros, Almagro y Morenito de Talavera— junto a sus correspondientes cuadrillas de subalternos. En concordancia con estos sucesos, el espada norteamericano Sidney Franklin tampoco pudo vestir de luces en el circo de Matamoros (México) al día siguiente.


[1] Carnicerito de México fue herido de muerte por un novillo de la ganadería de Castro en Villavicusa (Portugal) en septiembre de 1947. Durante varios años residió en Barcelona. Estaba casado con una hermana de El Colí. En la temporada de 1964 apoderaba a Rafael de Paula.

[2] La Ley de Extranjeros exigía, para poder desempeñar cualquier oficio en España, contar con una carta de trabajo, solicitud que se debía publicar en La Gaceta con quince días de anticipación a la fecha de celebración del espectáculo, en el caso de los toreros. El visado de Armillita se publicó en La Gaceta del 4 de mayo. Por tanto, los representantes de la asociación de toreros españoles consideraban que no cumplía con los plazos legalmente establecidos.
La constitución de los Jurados Mixtos o Comisiones Arbitrales, inicialmente impulsadas por la dictadura de Primo de Rivera, fue una reivindicación sindical que se hizo realidad en los primeros años de la República, gracias a las negociaciones de la UGT, y dieron una gran capacidad de representación a los diversos gremios productivos –incluido el taurino–, en las negociaciones con los empresarios y el Ministerio de Trabajo, a quien obligaban a resolver la mayor parte de los conflictos laborales dentro de este marco legal.
El Jurado Mixto del Espectáculo Taurino estaba integrado por representantes de los empresarios de las plazas de toros y de las Asociaciones de Matadores de Toros y Novillos y de Banderilleros y Picadores.

[3] Al banderillero Luis Suárez, Magritas (Madrid, 1899-1948), dirigente sindical, el inicio de la guerra civil le sorprendió en La Línea de la Concepción, donde esperaba a su maestro, Curro Caro. Esos mismos días su familia se encontraba en Madrid, hasta que después de sortear numerosas dificultades, unos meses más tarde consiguió reunirse con ellos en Salamanca.

 El autor
Antonio Fernández Casado, empresario y escritor, que ha colaborado periodísticamente con numerosos medios como especialista en temas taurinos, es autor de los libros  de éxito, como: "Toreros de Hierro" (Diccionario de toreros vizcaínos); "Castor Jaureguibeitia Ibarra, Cocherito de Bilbao"; la "Guía histórica de fondas, posadas, hoteles, restaurantes, tabernas y txakolís de Bilbao" y “Diccionario Taurino Guipuzcoano” (de la plaza de toros de Arrasate al torero pintor Zuloaga). Con posterioridad ha publicado otros dos nuevos trabajos: “Bizkaia Taurina (Plazas de toros vizcaínas)” y “Zacarías Lecumberri. El estoqueador aventurero”. Su último trabajo publicado se refiere al área empresarial: “Manual práctico de dirección de hoteles, marketing y ventas online del siglo XXI”. Ahora tiene en preparación un nuevo libro taurino: “Garapullos por Máuseres” (Las corridas de toros en la Guerra Civil, 1936-1939), que publicará Editorial La Cátedra Taurina.

Segunda parte
24 de mayo: Continuan las suspensiones

Apóyanos compartiendo este artículo:
Taurología

Taurología

Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *