El complejo camino de los toreros dinásticos

por | 14 Oct 2012 | Reportajes

Con el grado de matador, aún están, con variada suerte, en el escalafón de matadores de toros, cuatro toreros dinásticos. Tres ellos andan aún en el pantanoso terreno de la indefinición. Julio Benítez "El Cordobés hijo", Sebastián Palomo Linares y Ángel Teruel. De hecho solo le sobrevive en los carteles feriados el nombre de Manzanares, con ganada vitola de primera figura, que camino va de conseguir el obetivo nunca logrado: que el hijo supere en relevancia taurina a su padre, y hay que ver que altura tuvo el primero de los Manzanares.

Pero, sin duda, una vez que Manzanares a consolidado la independencia de sus méritos propios,  con la retirada de Rivera Ordoñez –que en los últimos años reivindicó el nombre paterno de Paquirri”–, se cierra toda una etapa de toreros de estirpe que han sido habituales por las ferias.

Si tiramos de las estadísticas, pero también de las crónicas, este nieto de Antonio Ordoñez e hijo de “Paquirri” ha cubierto muy dignamente su paso por los ruedos, en los que comenzó en 1991 como becerrista de lujo. En especial durante la etapa en la que lo dirigió Manolo “Camará” y en los últimos años con Manolo González de mentor,  Su presencia en las ferias no sólo era habitual, sino también con un punto de relevancia.

Luego vino esa etapa intermedia mas polémica, pero no por ello menos lícita, del cartel de los mediáticos, que le puso en un buen número de tardes  actuadas, aunque eso supusiera que decayera el interés de los aficionados. De hecho, la constante atención que, muy a su pesar, le prestaba la prensa del corazón le hizo mucho daño. Pero también es cierto que el torero parecía más cómodo en esos andurriales que en la etapa de una decisión y una raza que marcaron sus primeros años como matador de toros, cuando Sevilla se le rindió, pero cuando también Madrid le reconoció sus méritos.

En cualquier caso, ha sido en los últimos treinta años el torero de dinastía que más se asentó en los escalafones y el que más tiempo se ha mantenido en activo. Por eso resulta radicalmente injusto despachar a este torero con el cante de los mediáticos, tantas veces usado en su descrédito.

La dura vida de las dinastía

Desde Juanito Belmonte a nuestros días, la vida de los toreros dinásticos nunca ha sido fácil. Han podido tener unos comienzos relativamente más fáciles, al amparo de los apellidos, pero luego han sentido con exceso el peso de la purpura, fruto de comparaciones inevitables.

De hecho, antes de llegar a la década de los 80 y 90, fueron los Vázquez, Pepe Luis y Manolo, los que realmente alcanzaron el rango de figura. Otros muchos quedaron a mitad de camino, como es el caso de los hermanos de Antonio Ordoñez.

Sin tratar de llegar a una relación exhaustiva, más tarde en los ruedos irrumpieron los hermanos Oliva y los Esplá, de los que sólo Luis Francisco se abrió camino. Menos suerte tuvo el hijo de Pepe Luis Vázquez, con tantas esperanzas como había levantado,

En la siguiente generación, se produce la aparición de Miguel Báez Spínola, hijo del mítico “Litri”; Rafa Camino, heredero del gran Paco Camino; Julio Aparicio, continuador de la saga del mismo nombres; y Antonio Borrero “Chamaco”, último eslabón del saga que encabezara su padre. Salvo “Chamaco”, que tuvo más proyección como novillero que como matador de toros, los demás han tenido una cierta relevancia.

Probablemente “Litri” hijo ha sido el que por más tiempo se mantuvo en un posición holgada, desde su alternativa en 1987 a su retirada en 1999, en la medida que fue un torero que iba a más, que siempre aparecía muy centrado en su profesión y que en momentos determinados supo dar la cara.

Su compañero de pareja novilleril, Rafa Camino, tuvo su momento estelar en los comienzos, para ir luego apagándose de forma inexorable. Y el hijo de Aparicio, entre idas y venidas ha acabado por ser un gran torero inédito por sus irregularidades.

No llegó a cuajar, por más que tuviera fuerza como llegar hasta la alternativa, Rubén Cano “El Pireo”, dijo del torero de su mismo apodo.  No le acompañó la suerte al último de la dinastías de los “Chicuelo”. Y así podríamos continuar hasta la actualidad, con la parada obligada en Cayetano Rivera Ordoñez.

Una vocación tardía

El pequeño de los hijos de “Paqurri”, que acaba de parar en el oficio después de 8 años en activo, es un caso de vocación tardía, que no descubrió hasta 2004, cuando ya cumplía 28 años. Empeñado en la aventura de los ruedos, supo buscar un profesor de excepción, Curro Vázquez, que en el campo le enseñó todo lo necesario.

Interesó mucho como novillero, en aquella sucesión de corridas mixtas tan bien administradas como estuvieron. Como luego ocurrió en sus dos primeros años de matador de toros. De hecho, tan solo en esta última temporada de 2012 bajó el diapasón, en parte por los percances, en parte por esa concatenación de causas que quita a un torero de su momento idóneo.

Si su hermano Francisco siempre emparentó, taurinamente hablando, con la raza de “Paqurri”, Cayetano se forjó más en la concepción rondeña de su abuelo. 

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Taurología

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