El Club Cocherito, historia y fundamento de la afición bilbaina

por | 22 Ago 2015 | Reportajes

En su filosofía fundacional, se definía en términos que ha conseguido mantener vigentes un siglo después: “Somos una sociedad esencialmente bilbaína. Un Club de amigos que ha sabido mantener como bandera sus principios”. Un siglo después, sigue siendo un “Club gentil, cortés y símbolo de hospitalidad, tal como lo eran las gentes que lo fundaron. Somos un Club centenario, con una historia y una razón de ser que hoy en día todavía perdura”.

Este es el  hilo conductor de la historia del Club Cocherito de Bilbao, que desde sus orígenes se ha fundamentado en dos grandes pilares: la acción cultural, que sirve como el cordón umbilical que une a los aficionados al toreo, y la acción social, que cada vez que ha sido necesaria ha promovido actuaciones extraordinarias de carácter benéfico. En medio una  mantenida actividad taurina, que al menos cuenta con un acto cada semana.

El Cocherito  viene siendo la representación más genuina de la afición bilbaina, constituyendo una parte insustituible de la historia taurina, uno de los soportes principales sobre los que pivotó la travesía del desierto del taurinismo en Vizcaya durante las etapas de contradicciones. De hecho, a su nombre debieran anotarse buena parte de esa recuperación que se produce a mediados de los años 50 –cuando un grupo de socios se ofrece a organizar el ciclo ferial– o cuando a finales de los años 70 se vive una profunda crisis social en torno a los toros en la capital vizcaina.

Nacido al conjuro del nombre de Castor Jaureguibeitia “Cocherito de Bilbao”, el torero más importante nacido en tierra vasca, el Club Cocherito se fundó en la mañana del domingo 20 de Noviembre de 1.910 en el Salón Vizcaya, sito en la calle San Francisco de la capital vizcaína. Presididos por D. Pedro Viguera, aquel grupo cada vez más numeroso de aficionados hizo posible que desde sus inicios su vida fuera taurinamente próspera y, lo que es más importante, con prestigio.

A esta labor contribuyó también el posterior Club Taurino de Bilbao, fundado en 1928 bajo la presidencia de D. José María Escauriaza Ipiña, que a base de entusiasmo y dedicación hicieron posible que la entidad se desarrollara con rapidez.  No es pequeño mérito que desde el momento de su creación, ambas entidades no hayan tenido prácticamente ningún vacío en sus actividades, con los vaivenes que ha dado la vida social en todas esas décadas. Si se repasan las respectivas historias de sus actividades se comprueba este dato.

En la Semana Grande, en las fiestas de Bilbao, que ahora se celebra, son numerosos los aficionados que participan en sus coloquios, junto a ganaderos y toreros, en animada charla, con respeto, seriedad, sabor y torería. Por algo el Cocherito fue el club pionero en la organización de este tipo de actos, hace ya muchas décadas de la mano de uno de sus grandes presidentes: Facundo Álvarez.

En programa que para este año  ha preparado la Junta Directiva que presiden Antonio Fernández Casado, no puede ser ni más diverso ni mas extenso. Comienza a primera hora de la mañana con clases de toreo de salón y ya discurre interrumpidamente hasta la noche. Ha promovido un espacio de literatura taurina, mantiene unos almuerzos-coloquios con personalidades destacadas, organiza la presentación de nuevos libros, ha convocado diversos premios literarios y taurinos, ha promovido un abono juvenil y por primera vez quiere reunir un palco VIP para crear opinión.

Una historia intensa y rica

El Club Cocherito se implicó tempranamente en la vida social bilbaina, siendo considerado desde sus inicios como  una de las fuerzas vivas de la Villa. Ni la despedida profesional de Cástor Jaureguibeitia, en 1919, ni el fallecimiento del torero, en 1928, impidieron que el Club se mantuviese en activo, de hecho, en esas fechas, disfrutó de un período de renovado esplendor, muy activo desde un punto de vista social e intelectual.

Concluidas las celebraciones por las Bodas de Plata, comenzó el año 1936 con grandes expectativas y proyectos que se vieron frustrados por el inicio de la Guerra Civil española. Al término de la guerra, el Club fue recuperando poco a poco su actividad, y en los años cuarenta, surgió, en su seno, “El Grupo Club Cocherito”.

El objetivo del “Grupo” fue la organización de festejos taurinos en Bilbao, en principio, festejos menores, pero en los años 1952 y 1953, se atrevieron, con gran éxito, a organizar las Corridas Generales. En el recuerdo queda el nombre entrañable de Esteban Macazaga ‑‑que firma "Desteñido" en sus crónicas taurinas‑‑, de Carmelo Sánchez Pando, de Silvino de Diego, de Dionisio Alvarez, de Juan Meaza, a los que hay unir los de Pedro Villarejo, Gregorio Martínez Casado, Julio Ruiz de Velasco, Rodolfo y José María Cardenal, José Luis Larrabeiti, Mariano San Martín, Enrique Bartolomé, José Tapiz del Castillo, José Luis Tejada, José Orizaola, Víctor Bilbao y Gregorio LLadó. En total, 18 cocheristas que se hicieron cargo de organizar el abono bilbaino cuando nuestras Corridas Generales hicieron aguas en sus cuentas y la Junta de Administrativa de entonces temió por los números rojos.

El final de la década de los años 40 y el comienzo de los 50 no fueron ejercicios económicamente buenos para la Plaza de Toros. Especialmente el de 1951, cuando la Junta Administrativa se hizo responsable de la organización del abono de agosto. El riesgo de entrar en perdidas, dependiendo como dependían entonces de dos instituciones benéficas privadas, les llevo a ceder en arriendo la Plaza de Vista Alegre. En este momento de crisis dieron su paso al frente los 18 bilbaínos que quisieron denominarse "Grupo Club Cochero", que aun manteniendo las señas de identidad del decano de los Clubes taurinos del mundo, se constituyeron en sociedad independiente para ser ellos personalmente, y no el Club, los que corrieron con los riesgos económicos de la aventura taurina.

La aventura no pudo ser más brillante. Ni más rentable para las instituciones benéficas, porque los cocheristas, al acabar su etapa empresarial, les hicieron entrega hasta de la ultima peseta que habían conseguido como beneficio de los dos abonos de agosto que organizaron. En total, 1.370.660 pesetas de las de entonces.

Esa es la hazaña. Cogieron una plaza en perdidas, la pusieron en beneficios y, además, donaron el beneficio concedido. Quizás eso fue, precisamente, lo que algunos personajes de la vida bilbaína no terminaron de asimilar. De hecho, cuando correspondía renovar la concesión, prefirieron entregar los destinos de Vista Alegre a la empresa de la Plaza de Madrid, en una experiencia que se demostró posteriormente que era una de las peores soluciones posibles.

Pero el milagro económico no era fruto de la casualidad. Los hombres del Cocherito supieron, ante todo, constituir una empresa taurina con visión moderna e innovadora. De hecho, aún perviven iniciativas de entones, como la incorporación de los timbales y clarines, la confección de banderillas y divisas de lujo, la convocatoria de premios ganaderos y taurinos y la preparación de una cartelería de gran formato y colorido. En esta línea de innovación, tuvo un gran eco la implantación de los abonos de pago fraccionado, merced al cual muchos aficionados podían adquirir sus localidades pagando de duro en duro a lo largo de todo el año.

La celebración de sus bodas de oro o las del centenario –capitaneado por Leopoldo Sánchez Gil– vinieron a confirmar que estamos ante una Institución que  ha sabido dar respuesta a lo que significa una entidad taurina en el siglo XXI.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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