El cambio necesario: la complicada empresa de abrir paso a los nuevos novilleros

por | 15 Sep 2014 | Reportajes

Quienes miran a la Fiesta con una perspectiva económica, suelen concluir que montar en la actualidad novilladas resulta una actividad ruinosa. Y en efecto, muy raro es el festejo de este segundo escalafón en el que se supera un tercio del aforo vendido en taquilla. Salen mejor librados las que organizan dentro de abonos más amplios, pero tampoco como para tirar cohetes.

A lo largo de esta temporada lo hemos podido comprobar incluso en plazas tan relevantes como Sevilla o Madrid; dentro del abono funcionan razonablemente bien, fuera de ellos presentan un saldo ruinoso, sólo asumible con cargo a los demás ingresos del año.

Demos por sentado, antes de seguir adelante, que por la propia estructura profesional que hoy se les ha dado a los espectáculos de este segundo escalafón por los pueblos –donde se asienta la raíz de todo este montaje que es la Fiesta–,  nacen para ser mayoritariamente ruinosos, tanto sean con caballos como sin ellos. Y eso así porque los costes fijos, entre una cosa y otra, ya resultan la mayoría de las veces insuperables.

Pero cerrado este paréntesis, la realidad es que estos tristes “un tercio de entrada” no constituyen hoy un fenómeno privativo de las novilladas. Sin ir más lejos, hace unos días en plena feria de Valladolid un cartel que formaban Enrique Ponce, Finito de Córdoba y El Fandi, con una corrida de la Casa Matilla, escasamente congregó ese dichoso “un tercio de entrada”. Lo malo es que como éste podrían ponerse otros muchos ejemplos. Y hasta en plazas tan relevantes como la de Bilbao.

Por eso, mejor que dejar malparadas antes de tiempo a las novilladas, en realidad habría que plantearse la escasa fuerza que hoy, en comparación con otros tiempos, tienen la inmensa mayoría de los toreros. Unas temporadas realmente importantes está echando, por ejemplo, Iván Fandiño y sin embargo la respuesta del aficionado no va a acorde con ello. De hecho, salvo circunstancias especiales, hay que reconocer que hoy escasamente dos o tres nombres cuentan con una cierta capacidad de arrastre del público al tendido; las figuras tienen que ir amparadas de tres en tres y la fecha festiva más propicia para que la taquilla se anime, y en ocasiones ni aún así.

Quienes se muevan en las “cocinas del taurinismo” –dicho quedó hace tiempo que hoy necesitan de muncha ventilación– podrían decir que, aún siendo así, reúne menos riesgos económico montar una corrida de toros que una novillada.  Es posible que los números del negocio les den la razón, pero sin embargo los criterios propiamente taurinos serían más discutibles.

Resulta bastante inútil mirar con nostalgia hacia lo que ocurría hace años, cuando en Madrid se daban toros jueves y domingo –en ocasiones incluso por partida doble: Las Ventas y Carabanchel– y tenían su público. Aquello era otra época, otro concepto del ocio, otra afición; nada trasladable a la actualidad.

Pero si se repasan las viejas publicaciones taurinas de aquella se observa, por ejemplo, que tampoco los carteles novilleriles que se anunciaban en Madrid eran de dimensión extraordinaria. Revisa uno los datos y la inmensa mayoría no llegaron a conseguir grandes metas. Pero si se daba una diferencia: para el aficionado no eran desconocidos, como hoy ocurre.

Ahí radica la gran diferencia. Una mayoría de la afición no sigue la trayectoria de este segundo escalafón, salvo casos muy aislados; no se les concede el beneficio de la notoriedad. Y si los siguen, no les despierta mayor interés; en Madrid se organizó un mano a mano con los dos novilleros triunfadores y al final en el tendido hubo el mismo “un cuarto de entrada”.

El otro elemento que nos diferencia del pasado es bien conocida: a Madrid se venían a confirmar sus condiciones de torero; no era esa apuesta tan actual de acudir a Las Ventas a probar fortuna, a darse a conocer en una apuesta arriesgadísima ante la imposibilidad de hacer una carrera previa y necesaria de formación y oficio.

Sin embargo, en la actualidad contamos con un grupo de gente nueva que reúne condiciones, que tienen capacidad para despertar esperanzas. De Extremadura nos vino José Garrido, que está hecho ya todo un matador de toros por preparación y sentido de la lidia; pero también sorprendieron Ginés Marín o Posada de Maravillas, hoy en el forzado dique seco. Sólo en Sevilla se reúnen más media docena de muchachos que tienen algo que decir: Lama de Góngora, Borja Jiménez, Miguel A. León, Mario Diéguez, José Ruíz Muñoz, Pablo Aguado o Rafael Serna, por ejemplo. Pero gracias en buena medida las Escuelas el vivero taurino se multiplica en otras muchas zonas: Álvaro Lorenzo, Gonzalo Caballero, Francisco J. Espada, Filiberto, Clemente, Antonio Puerta…

Luego ya veremos a donde llega cada uno, que eso depende de muchas causas, como es bien conocido. Pero se cuenta con un plantel del que puede salir ese torero que rompa, que se necesita que rompa, para traer unos aires nuevos. Lo que no tienen casi todo ellos es ese punto de notoriedad que les de a conocer la generalidad de la afición. Lo que necesitan, en el fondo, es que los medios les prestemos una atención sistemática para que dejen de ser los grandes desconocidos.

Pero en esta materia, hay que a citar algunos casos que resultan muy interesantes. Es el del cronista Luis Nieto en las páginas de Diario de Sevilla, o el de Fernando Carrasco en la versión andaluza de ABC, que vienen contándonos desde hace meses quien es quien en ese mundo, creando ese mínimo de ambiente que necesitan para alcanzar la oportunidad por la que pasa su darse a conocer. En el fondo, este sí que debiera ser un verdadero plan de comunicación de la Tauromaquia, un plan de trabajo para construir el futuro, para poner en valor a quienes se mueven en el segundo escalafón y aspiran en sus sueños a mandar en el primero.

Entre eso y una apuesta más firme y eficaz de los empresarios y la generalidad de los taurinos el panorama podría cambiarse; es más: debería cambiarse. Los aficionados tendremos que prestarles atención, pero los profesionales tendrán que crear las circunstancias necesarias para que los costes fijos de este tipo de festejos no se vayan por las nubes.

Se dirá que es una pura añoranza, pero cómo se echa hoy de menos lo que ocurrió hace ya tantas décadas con el gran Pepe Luis: con una novillada sin caballos, en su repetición puso el “No hay billetes” en la Maestranza de Sevilla. Para acercarnos a esa meta casi mítica, que hoy resulta inalcanzable, todos deberíamos implicarnos mucho más de lo que se hace hoy, porque en otro caso iremos sesteando sin rumbo a la espera de un albur que nos descubra como arte de magia a un torero con futuro.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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