Echamos la tarde en labores asistenciales

por | 8 Oct 2010 | Temporada 2010

ZARAGOZA, 2ª DE FERIA. Un tercio de plaza. Toros de Juan Manuel Criado, justos de presentación, bajos de raza y carentes de fuerzas. Manolo Sánchez (verde botella y oro), vuelta y silencio. Luis Antonio Gaspar, “Paulita”,  (rosa y oro), ovación y silencio). Jesús Martínez, “Morenito de Aranda”, (rosa y oro), ovación y silencio.
 
Desgravación por labores asistenciales. Eso deberían solicitar los diestros actuantes esta tarde, porque no es que torearan, es que echaron la tarde en cuidar que los animalitos no se cayeran y casi que no se constiparan. Pura tarea asistencial, vamos como si de una ONG se tratara. No es que se cuidara a los toros en el caballo, es que no hacía falta ni que los picadores hicieran el paseíllo. Cuando además la corrida no anduvo precisamente sobrada de presentación –la mayoría se tapaban con la cara–, no es que la cosa no fuera para celebración, es que no daba ni para pincho de tortilla y caña.
 
Cierto que con semejantes toros ponerse a elaborar una crítica de bigote y barba, resulta un despropósito. A los tres espadas se les da por aprobado el primer curso de enfermería y todos tan contentos. Pero, claro, si además se empeñan en torear cruzándose sólo por equivocación, con la muleta retrasada y rematando los pases hacia afuera, solo la infinita paciencia de este público aragonés es capaz de no enfadarse de verdad.
 
Manolo Sánchez, que lleva unos años en los que en Zaragoza toma nuevos aires para el año siguiente, estuvo torero con el que abrió plaza. Sin la emoción que negaba su enemigo, pero técnicamente muy correcto y en muchos momentos con estética. Habrá que saber que le pasó al cuarto: después de cuatro muletazos por alto dio con sus kilos en el suelo y a partir de ahí ni coordinaba los movimientos, ni casi se mantenía de pie. Un caso.
 
Es muy de comprender la decepción de Paulita, todo el año esperando a que llegue la feria del Pilar, pensando en cómo iba a poderle a los toros, cómo a desarrollar su sentimiento, que lo tiene… Luego salen los de Criado y solo dicen:  “apaga y vámonos”. Es lo único que pudo hacer, con dignidad, pero con dificultades en el manejo de la espada en el quinto. Su decepción, se comprende, tiene que ser a estas horas mayúscula.
 
Morenito de Aranda ha tenido la suerte de que ninguno de sus dos enemigos fuera un dechado de virtudes, porque si lo hubieran sido, estaríamos de nuevo ante el Morenito que apunta y no dispara. Toreando despegado, al hilo del pitón casi siempre, sin coger adelante ni una vez a los toros…. Vamos, la antítesis del Morenito que admiramos en la feria de Otoño y sus naturales profundos.
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Taurología

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