Día de la Madre… de los toreros

por | 2 May 2013 | Firma invitada

Siete años después de la muerte de Joselito en Talavera de la Reina y veinte años antes de la de Manolete en Linares, Ángel Caamaño "El Barquero" publicó un artículo en el número 300 de "Toros y Deportes" titulado "La madre del torero". "¡Pobres madres, siempre con el alma angustiada, siempre con el corazón dolorido!", escribía aquel periodista del Heraldo de Madrid que quiso ser matador con el sobrenombre de "El Conejo". Curiosamente, en este tiempo que nos ha tocado vivir, los fines de semana, las madres acompañan a sus hijos novilleros a los Bolsines taurinos como si se tratara de una liguilla de futbito: aplauden como locas desde el tendido y les tienen preparada la merienda entre becerra y becerra.

"[…] La hermana del torero, a lo sumo, se enorgullece de su parentesco con el arlequín de seda y oro. El padre, temeroso al principio, acaba por rendirse al poderío de la majeza del hijo y transige con todos los azares de la profesión si entre ellos se mezcla un solo instante aureolado por la popularidad. La prometida del lidiador sueña únicamente con ser su esposa, y quizá más que el amor santo y puro alientan su sueño el presente fascinador y el futuro rebosante de comodidades y lujos. Todos los que se mueven y agitan en derredor del torero, todos, cual más, cual menos, encuentran en su azarosa vida momentos de satisfacción, instantes de alegría, ratos de contento. Sólo la madre, la pobre madre, se aísla de todos, y reconcentrando sus sentimientos vive en un mundo aparte, y en ese mundo ve solamente negruras, pesares, dolores y angustias.

[…] La madre que sólo tiene un hijo torero sufre por él solo; y aunque su sufrimiento es siempre hondo y tremendo siempre, no alcanza la magnitud de la que tiene dos o más pedazos de su alma en lucha constante con los peligros de la azarosa profesión. Nosotros hemos visto angustiada a la madre de los Bombita, en días que Emilio, Ricardo y Manolo actuaban en distintas plazas, y vimos cesar su angustia según iban llegando a sus manos los azulados papelitos conteniendo el anhelado SIN NOVEDAD. Esa misma madre intentó calladamente tomar pasaje en un barco con rumbo a México, alarmada por las graves noticias que a Sevilla llegaron relacionadas con una cogida de Ricardo Torres.

La “jefecita” de los Freg, ¿qué no habrá sufrido ante los tremendos golpes que pusieron al borde del sepulcro a su adorado Luis, y qué angustia dolorosa no invadiría su corazón de madre al conocer la catástrofe que para siempre le arrebató al desgraciado Miguel?

La madre de Domingo y Andrés del Campo, infortunados muchachos que se apodaron "Dominguín", sufrió Dios sabe cómo el horrible tormento consiguiente a la muerte del mayor de sus vástagos, destrozado por un toro en Barcelona. Como alma en pena vagó por el mundo, atrofiada en su sensibilidad. Y cuando nuevamente la muerte hizo presa en otro de sus hijos, aquel cerebro se desquició por completo, y aquella alma mártir voló a reunirse en lo infinito con los espíritus de los seres queridos.

La madre de los Posada, ¿qué no sufriría mientras su Faustino moría en la plaza del Puerto de Santa María, y viendo después a su Curro trastornado por la locura, que al fin le hundió en el no ser?

La madre de los Armillita, siempre pendiente del suceso que puede alcanzar lo mismo a Juan que a Fermín, que a Zenaido. Las madres de otros toreros, que no citamos porque son infinitas… Todas, absolutamente todas, deben ser admiradas, reverenciadas y elevadas a la sublimidad más alta. De estar en nuestra mano, rodearíamos sus nobles cabezas con nimbos luminosos que revelasen claramente su santidad.

 […] No hace muchos días Gitanillo añoraba tristemente tal ausencia. En el sanatorio sonde desde hace un mes está hospitalizado, nada le falta. Los médicos, siempre a su lado. Las enfermeras, siempre a su servicio. Los amigos y los deudos, siempre atentos a sus necesidades… Y, sin embargo, Gitanillo invoca sin cesar a su madre, la llama de continuo, su nombre está constantemente a flor de labio. Y aunque está seguro de que no ha de acudir a su llamamiento, porque aquella santa mujer murió años ha, Gitanillo se complace en invocarle, y a todas horas y en todo momento, ya a gritos cuando el dolor le martiriza, ya dulcemente cuando el sueño le vence, sus labios musitan:

— ¡¡Madre mía!!"

 [Publicado en "Toros y deporte", el 15 de junio de 1927]

 Aclara Xavier Gonzalez-Fisher: El "Gitanillo" (en algún sitio he leído que le llaman "Gitanillo de Ricla") al que se refiere, es Braulio Lausín, que fue herido en la primera corrida del abono de San Isidro de 1927, en Madrid, cuando para matar una corrida de Argimiro Pérez Tabernero, alternó con Nicanor Villalta y Martín Agüero. La cornada fue penetrante de tórax, con fractura de la novena costilla.

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Taurología

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