De «Manolete» a «El Cordobés», 20 años para superar una crisis

por | 12 Dic 2017 | Informes

Las grandes depresiones de la actividad taurina han seguido a lo largo del último siglo una trayectoria cronológica muy en paralelo con los sucesivos grandes crashes económicos. Ocurrió con la Gran Depresión del 29, se repitió con ocasión de la guerra civil, volvió a suceder con la crisis del petróleo y ocurre ahora con la gran recesión que nace a partir de 2007. De todas estas situación la Fiesta se ha recuperado, pero para volver a los niveles anteriores las actividades taurinas han necesitado de un amplio periodo de tiempo, que en alguna ocasión ha llegado a ser de 20 años.

La realidad de este punto de vista del profesor Juan Medina, de la Universidad de Extremadura,  puede comprobarse con claridad en el período que la tauromaquia vive desde la muerte de Manolete hasta la consolidación del fenómeno social que encarna Manuel Benítez, mediada la década de los años 60.  Por causas bien distintas, se reproduce luego a lo largo de la última década, con el hilo conductor de la crisis económica y la propia crisis de identidad de lo taurino, sin un ídolo de masas que tire firmemente del carro.

La fiesta después de Manolete

Después de unos años de gran auge, a la salida de la guerra civil y  con Manolete y Pepe Luis, entre otros, como protagonistas, la actividad taurina reverdece, incluso a pesar de las dificultades ganaderas. Pero a raíz de la tragedia de Linares, la actividad decae, el vacío del manoletismo se deja notar.

No deja de llamar la atención, cómo se observa en el gráfico anterior, que durante un período tan amplio como el que va de 1947 a 1967, sólo partir de 1965 –con El Cordobés ya consolidado– el núnero de corridas de toros supera al de las novilldas, algo que no ocurría desde1948. Es una tendencia que se observa con mayor detalle en el gráfico inferior: en el postmanoletismo el número de novilladas llega incñuso a duplicar al de las corridas de toros.

También es cierto que no se genera un nuevo liderazgo de gran arrastre social. Por más matizar, ese liderazgo recae en algunos novilleros: en los primeros años, Aparicio y Litri; cuando se iba a cumplir una década, con Antonio Borrero “Chamaco”.


Que no puede hablarse de un líder claro y firme se comprueba por el continuo cambio en el liderazgo de los escalafones. Es cierto que la estadística no encierra toda la verdad, que exige de muchos matices, pero si en una década prácticamente nadie repite a frente de la profesión, nos está marcando la tendencia que sigue el mundo del toro.

La irrupción de El Cordobés

De hecho, hay que esperar hasta mediado de los años 60 para encontrar ese hiperlider que cambia incluso hábitos sociales, transforma las ferias y hace crecer el número de espectáculos. Basta comprobar como hasta que Manuel Benítez no consolida su mando, el número de novilladas –en parte por su propia causa– va siempre por detrás de las corridas de toros.

Sin embargo, son años taurinamente intensos, con una pléyade de grandes toreros: Antonio Ordoñez, Diego Puerta, Paco Camino, El Viti…, que revitalizan la Fiesta y sus ferias. Para romper del todo faltaba aún la etapa de bonanza en las economías domésticas, pese a las consecuencias económicas de la crisis del petróleo de 1974 y que llega hasta mediado de los años 80.


    Sin estar en los tres primeros lugares, El Cordobés en 1960  toreó 14 novilladas; en 1968, 71 corridas de toros y 1969, 66

De la abundancia a la burbuja

Se trata de una etapa, como explica el profesor Medina, en la que la Fiesta se adentra en ser un fenómeno de masas, lejos de la singularidad que hasta entonces la caracterizó. El boom del turismo, especialmente, conduce como una segunda derivada hasta una desnaturalización taurina, en la que prima la cantidad: cuálquier escenario pasa a ser bueno para montar un espectáculo. Pero las "vacas gordas" duran poco, que en seguida llega la cuesta abajo.

A diferencia de los 20 años de postmanletismo, en nuestros días son las novilladas las que van cayendo hacia mínimos, mientras las corridas de toros, aunque han caido casi a la mitad con respecto a 2007, se sitúan por encima. Bien es cierto que, como se aprecia en el siguiente gráfico, la evolución que se produce lleva a las corridas de toros a estadísticas de hace 50 años.

Sin embargo, aquel boom de mediada la década de los años 70, amplificado por el mal uso de algunas televisiones –que  llegan a ofrecer lo que bien podríamos denominar la corrida basura–, convivía con momentos relevantes para el aficionado. Luego viene la crisis social y la destaurinización, y terminan la faena que nos lleva al día de hoy.

Resultan deudores, desde luego, del tirón hacia arriba que El Cordobés dio en su día a la Tauromaquia, pero el plantel de matadores era relevante, mientras que no en la misma medida ocurría entre la novillería, que debió esperar casi otros 10 años hasta la madurez de los Paquirri, Capea, Manzanares, Julio Robles, etc.

Pero esta hiperactividad genera una verdadera burbuja taurina, como deja de manifiesto cuanto sucede a partir de la crisis de 2007: el retroceso mantiene una línea continua, hasta situar a la Fiesta en niveles parecidos a los que se vivieron antes  de la llegada de El Cordobés, bien es cierto que con un acusado abandono del mundo de la novillería: hoy anda por la tercera parte que hace 10 años.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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