Cuatro objetivos para un nuevo marco normativo para la Tauromaquia

por | 10 Jul 2012 | Informes

En las sucesivas entrevistas que viene prodigando el Presidente de la Comisión asesora creada por el ministro Wert,  insiste en un punto fundamental: la columna vertebral de su trabajo consiste en proponer el marco administrativo y normativo que sirva de referencia al toreo y que regule las relaciones de la Administración estatal en las competencias que tenga dentro del mundo del toro.

Y es cierto: ese es el verdadero problema nuclear que hoy debe abordarse. La Fiesta está hoy enredada en una madeja de cuestiones y problemas cruzados, que lo primero que se hace necesario es poner orden en todos ellos. En contra de lo que algunos pueden creer, esa es una tarea mucho más compleja que la mera actualización de un Reglamento. Eso supone entrar a fondo en los verdaderos problemas de la Fiesta, para proponer soluciones que traigan hasta el siglo XXI un conjunto de actividades que, por paradójico que parezca, en muchos casos se siguen operando como a finales del siglo XIX.

Si la Comisión Wert consigue poner este orden y proponer soluciones que resulten a la vez realistas y compartibles por todo, habrá hecho una gran favor a cuanto la Tauromaquia representa y habrá más que justificado su creación y su trabajo.

Entre otras muchos, a nuestro entender hay cuatro grandes áreas de trabajo. De un lado, la consecución de una normativa taurina común; por otro, poner las bases para que sea posible superar la inveterada desunión reinante entre los sectores taurinos; pero, también, abordar el urgente estudio de la economía taurina, así como establecer vías para una actuación público-privada en las urgentes tareas de promoción de la Fiesta.

Una normativa taurina básica común

En la  última Jornada de Tauromaquia organizada por la Asociación Taurina Parlamentaria, que tuvo lugar en Sevilla ahora algo más de un año, se puso de manifiesto un coincidencia básica: la necesidad de  la implantación de una normativa taurina básica y única para todo el territorio nacional".

Se trata, sin duda, de más que una aspiración: resulta una medida muy necesaria, que es perfectamente compatible con el mantenimiento de las singularidades propias de cada uno de los puntos de la geografía taurina.  Y es así porque en las diversas manifestaciones de la Fiesta  –ya sea en sus formas más convencionales, ya en lo que se denominan festejos populares–  hay una bases comunes suficientemente amplias como para permitir un consenso, con el único objetivo de preservar la identidad y personalidad propia de la Fiesta.

En otras palabras, no se trataría en modo alguno de lanzar una especie de “LOAPA taurina”, bajo aquel genérico tan en boga en la transición política del “café para toros”. Por el contrario, se trata de armonizar los aspectos fundamentales de la Fiesta, que con comunes a la generalidad de las plazas y que con los preservan la identidad básica de todo lo taurino.

Nada debe tener que ver este propósito de armonización taurina con cualquier género de intromisión en las singularidades autonómicas. Ni mucho menos, como dirían los nacionalistas, con propósitos de atentar contra las singularidades privativas de las autonomías. Por el contrario, se trata de abordar todos aquellos asuntos que resultan de primer orden y que, de hecho, se acaban aplicando más allá de nuestras fronteras.

En la propia declaración que se hizo en Sevilla con ocasión de estas jornadas se dieron dos razones poderosísimas a favor de esta armonización global.  Y así, los reunidos en la Real Maestranza afirmaron como una obligación común a cuantos, de un modo u otro, participan en la Fiesta, “prestarle la máxima atención para preservar su pureza y autenticidad y máxima calidad”.

Pero, además, consideraron con toda lógica que “es responsabilidad de los poderes públicos contribuir a su difusión y permanencia como manifestación cultural y artística, otorgándole las ayudas precisas y velando por su defensa, legitimidad y adecuada difusión en los medios de comunicación públicos, especialmente en la televisión”.

Alcanzar la unidad taurina

Paralelamente, resulta perentorio conseguir ese punto de unidad indispensable entre los sectores taurinos en su más amplia concepción: desde las organizaciones de aficionados hasta la cúpula empresarial.

Como hasta ahora esa meta ha resultado imposible de alcanzar dejando actuar individualmente a los diversos agentes, tan divididos como están en irreconciliables reinos de taifas –incluso dentro de cada uno de ellos–, ha llegado el momento que, subsidiariamente, desde la Administración se den los pasos necesarios para poder tener unos interlocutores verdaderamente válidos y representativos. Y eso sólo se conseguirán si no se dan las condiciones necesarias para que ese entendimiento se haga realidad.

La herramienta ya está creada, aunque da la impresión que los que en la Administración mandan en la cosa taurina no le concedan demasiada importancia. Se trata de la Comisión Consultiva Nacional de Asuntos Taurinos.

Si la normativa que regula esta Comisión –que hoy se ha quedado obsoleta y muy poco operativa–  se modificara para implementar en ella el papel que corresponde a cada sector y para convertirla en un órgano verdaderamente operativo y eficiente, de hecho se estaría forzando a que los distintos segmentos profesionales tuvieran que pactar entre ellos, para alcanzar no sólo su cuota de representación, sino sobre todo para constituirse en la verdadera y representativa voz de cada uno de ellos.

La experiencia enseña que este es un campo que resulta totalmente ineficaz dejar  a su albur a cada uno de los sectores. Esa tesis esta muy bien cuando se trata de actividades en las que sus profesionales son conscientes de la amplia base común de intereses que se da entre ellos. Como en el planeta de los toros tal hipótesis no se ha dado nunca,  será necesario ese impulso desde la Administración para conseguirlo.

El espinoso asunto del negocio taurino

La tercera pata de ese banco no puede ser otra que el espinoso y problemático asunto del negocio taurino. Resulta de toda evidencia que, como en otros ordenes de la vida, la mera aplicación de las leyes mercantiles no son suficientes en el caso de lo taurino. Tampoco es poca de crear una legislación ad hoc para ellos: este tipo de normativas especiales suelen tener más contraindicaciones que ventajas.

Sin embargo, hay aspectos que alguien debe abordar y hacerlo, además, con la autoridad necesaria. En este sentido, hay un punto en el que será difícil que todos los agentes taurinos no estén de acuerdo: el estudio detallado de los costes globales y por partidas individualizadas del actual negocio.

Se trata de un trabajo muy amplio, en temática y en su dimensión, en la medida que afecta desde las condiciones de las adjudicaciones de recintos de propiedad pública a la normativa administrativa que debe cumplirse –siempre, previo pago de su importe– para la autorización de un espectáculo. Y así, por ejemplo, carece de sentido que en festejos de orden menor casi un 30% de los gastos se vayan en permisos y burocracias administrativas: eso no hay negocio que lo resista. 

Pero igualmente hay que reordenar de algún modo, sin afectar a la ley de la oferta y la demanda, actividades que de por sí tienen una fuerte dependencia de factores externos; pensemos, por ejemplo, en la compleja madeja de asuntos que afectan a la crianza del toro bravo, en el que se entremezclan desde los  dineros que vienen de Bruselas hasta el precio que el Estado fije para el gasóleo agrícola.

O por citar un tercer caso, el hoy controvertido asunto de los derechos audiovisuales, que es un asunto muchísimo más complejo que el pleito del G-10 y ASM con los empresarios.

La promoción en tiempos de crisis

Pero en la ya citada Jornada de Sevilla, los participantes estuvieron de acuerdo en otro punto que hoy, en tiempos de crisis, tiene un enorme interés: “propugnar y aplicar todo tipo de medidas que favorezcan el desarrollo y promoción de la Tauromaquia”.

Frente a un tema de esta envergadura e importancia, lo cómodo y lo fácil es mirar hacia papá Estado, para que sea él quien aporte los fondos. Pero no están los tiempos para tales comodidades. Si de verdad se está convencido de la necesidad y la urgencia de esas tareas de promoción,  la coyuntura económica –pública y privada– obliga a una actuación conjunta. Y eso no puede dejarse a la buena voluntad de las partes: eso exige una actuación programada de común acuerdo.

Un ejemplo puede servir como norte: lo que ocurre con la gestión de los derechos de autor. Si consensuadamente cada uno de los intervinientes en la Fiesta –todos: desde los Ayuntamientos y las Autonomías a los mozos de espada– aportan una cantidad proporcional a un fondo común, sin duda se podrán obtener unos fondos que destinar a este empeño indispensable de la promoción. Luego es cosa que tal fondo común sea  adecuadamente gestionado. Pero para eso deberá estar como garante la renovada Comisión Consultiva y, en último extremo, la propia Administración.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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