Cuando mucho, cuando poco

por | 11 Jul 2011 | Temporada 2011

PAMPLONA. Séptima de la feria de San Fermín. Lleno. Toros de Fuente Ymbro, de excelente presentación, muy serios por delante, nobles pero con las fuerzas medidas.  Antonio Ferrera (fresa y oro, con remates en negro), silencio y dos avisos con silencio. César Jiménez (de verde esperanza y oro), ovación y oreja tras aviso.  Iván Fandiño (azul cobalto y oro), oreja y silencio.
 
Cuando mucho por mucho, cuando poco por poco.  Ese parece ser el eterno dilema de esto del toreo.  Resulta que cuando una corrida sale noble, se alega con rapidez que “así la faena no llega al tendido”. Si, por el contrario, el toro es bronco, resulta que no se puede hacer el toreo. Y luego, tenga mucha fuerza o tenga poco, a darle en el caballo, por si acaso. Digo yo si no sería más sensato decir que cada toro tiene su faena y que todo lo demás corre por cuenta del torero. Si ante un toro con problemas se pone en valor el ejercicio de valor y de pericia de su lidiador, en un toro caracterizado por la nobleza se valora, en cambio, los quilates de arte que tenga cada fracción de la faena.
 
Hoy en Pamplona Ricardo Gallardo ha echado seis “fuenteymbros” nobles, con  los que podía hacerse el toreo al uso contemporáneo, Sin embargo, quien comience leyendo la reseña escueta, se preguntará cómo entonces el resultado final es tan escueto. Eso mismo digo yo. Si con esta corrida no se le da fiesta a los seis, cada uno en su estilo, algo debe pasar en los ruedos. Cierto que los seis que salieron por chiqueros tenían unas perchas preocupantemente astifinas y desarrolladas; cierto que era una corrida con un trapío más que notable. Pero cierto también que todos tuvieron su lidia y sus opciones de triunfo. Si luego no se produjo éste, no vale acudir a la consabida excusa de “reclamaciones al maestro armero”, que las responsabilidades estaban más cerca.
 
Formado por mis mayores en el respeto debido a todo aquel que se viste de torero y es capaz de hacer el paseíllo, nada digamos si además es para hacer frente a las habituales corridas de San Fermín,  esa sana premisa –que para uno sigue siendo muy recomendable— no puede extralimitarse hasta querer ver como negro lo que es blanco. Desde esa posición, no hay más remedio que escribir que no me gustó la actuación de Antonio Ferrera, ni su disposición en el ruedo. Vamos, que estoy por escribir que no era el Ferrera al que estamos acostumbrados. Que si hubo esta serie o aquella de muletazos, que si con las banderillas… Admitamos todas esas episódicas razones y otras que cada cual añada. Pero no son suficientes para justificar su paso por Pamplona. Y es duro de decir, porque su trayectoria de honradez no ofrece dudas; pero lo cierto es que hoy no era su día.
 
Razonablemente torero se mostró Cesar Jiménez con el quinto, al que al final le cortó una oreja con una faena que se veía con agrado, pero sin arrebato. De hecho, digámoslo claro: pudo estar mejor, a tenor de la condición de su enemigo. Con su primero resultó un poquito pelmazo y reiterativo sin mayores convicciones. Esperaba mucho más de esta nueva etapa del torero de Fuenlabrada.
 
Con disposición manifiesta, pero con el lote menos colaborador,  Iván Fandiño se justificó. Recibió a su primero en la puerta de toriles con un galleo con el capote a la espalda, emotivo aunque no podía salir tiempo; aquello recordaba a viejas estampas del toreo antiguo. Original fue, desde luego. Luego, toda la tarde se mostró batallador, deseoso de ese triunfo que en Pamplona es pasaporte para volver el año que viene. Y la mayoría de las veces lo consiguió. Al primero lo mató espectacularmente por arriba; en el sexto, la mano se fue a los bajos.
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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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