Cuando la Fiesta llega a semanas decisivas

por | 14 Abr 2011 | Punto de vista

Mientras los toreros, en una actuación inteligente, han logrado resolver sus diferencias hasta alcanzar un acuerdo para unificar sus organizaciones profesionales, la representación global de la Fiesta continúa ofreciendo un triste espectáculo de ineficacia y división. Y no son precisamente momentos para mantener esta situación por más tiempo.

 

La Fiesta va a afrontar en las próximas semanas el momento culminante de la temporada, con las ferias de Sevilla y Madrid, que en este año se celebran casi sin solución de continuidad. Se trata de unas semanas en las que se van a dilucidar muchas cosas. Pero, sobre todo, van a ser semanas en las que los profesionales tienen que poner todos los puntos sobre todas las íes del toreo, que no son pocas.

 

Y así, si tomamos como referencia lo ocurrido en Valencia y Castellón, resulta en extremo preocupante el panorama ganadero. No sólo por el bajo momento que atraviesa la cabaña de bravo, sino también por decisión de los propios taurinos, que por un lado reivindican los valores de autenticidad del toreo y por otro ofrecen un triste espectáculo a la hora de seleccionar las corridas con las que se confeccionan una mayoría de carteles. Resulta incoherente, además de desesperante para el aficionado, que se trata de poner en valor cuanto se hace en el ruedo, para luego descafeinar ese elemento básico que es el toro.

 

Los aficionados de Castellón, en una proclama dura, se han quejado de la falta de compromiso de no pocos toreros a la hora de hacer el paseíllo y, sobre todo, a la hora de seleccionar esas corridas que se han venido en llamar “armónicas y bonitas”, que luego se trasforman en lotes de presencia dudosa y descastamiento probado.

 

Resulta ilusorio pensar que las figuras, sobre las que se sostiene el espectáculo, van a pasarse la temporada de hazaña en hazaña. Eso no ni pensable, ni exigible. A lo largo del año, un torero debe matar, como ha ocurrido siempre, todo tipo de corridas, más grandes y más pequeñas, mas enrazadas y más dulces. Lo que no está escrito en los Anales de la Tauromaquia es que esta diversidad se transforme en tal grado de cuidados y mimos que se acabe por desvirtuar lo que ocurre en un ruedo.

 

Es cierto que en esta modernidad de nuestros días, el torero –el ganadero, tampoco— no tiene que ganarse una tarde el contrato de la siguiente. Por el sistema organizativo que impera, ya en abril conocemos carteles completamente cerrados para el mes de septiembre. Con lo cual poco margen se deja al premio o a la reprobación, que son elementos consustanciales de la autenticidad.

 

Pero, a su vez, si miramos hacia las cuestiones administrativas –que tienen su importancia–, nos encontramos hoy tal como lo dejamos en el mes de octubre. Ni adelante, ni hacia atrás. Y esta inacción es, probablemente, la peor de las salidas posibles. Sobre todo cuando, además, no se da una interlocución unitaria y sólida.

 

Se trata tan sólo de unas pinceladas. Pero son suficientes para abocetar cual es nuestra realidad de hoy en día. Frente  a eso debiera ser motivo de preocupación que, tal como está montado el tinglado taurino, nada de esto se pueda afrontar desde la desunión y desde la falta de criterios sólidos que verdaderamente respondan a la realidad profunda de la Fiesta.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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