Corrida de la serie B, aburrimiento de la serie A

por | 26 May 2011 | Temporada 2011

MADRID. Decimoséptima de abono. Lleno aparente, en tarde gris, con bochorno y muchos momentos con viento. Toros de El Cortijillo, en general  desrazados y deslucidos, pobres de cabeza y mejor de bulto; se salvó en parte el segundo, con un buen pitón izquierdo. Diego Urdiales (de marino y oro), silencio y un aviso con silencio. Morenito de Aranda (de azul eléctrico y oro), ovación tras aviso y silencio .Miguel Tendero (de azul Bilbao y oro), silencio y silencio.
 
Corrida de la serie B, con entrada como las de la seria A. Para ahorrar esfuerzos al lector, adelantemos que fue una pesadez de festejo, como el bochorno de la tarde. El aficionado comprensivo dirá que en un abono tan amplio como el madrileño, tiene que haber de todo. Sí, pero en ningún sitio está escrito que deba ser tan poco, como ha ocurrido esta tarde.
 
Decepción importante con el segundo hierro de la Casa Lozano. Salvo el quinto, un poco más aparatoso, la corrida no cumplía los mínimos por delante; pero tampoco los alcanzaba en cuanto a raza y fuerza, en este caso hecha la excepción del segundo, con movilidad y celo por los engaños. En suma, pocas oportunidades, como bien sufrieron en sus aspiraciones los espadas actuantes.
 
Diego Urdiales salía con todo merecimiento de las corridas duras, pero cayó en algo peor: una corrida con la que todos sus esfuerzos no decían nada al tendido. Al menos con el toro que aporta emoción, su profesionalidad habría quedado de manifiesto; con el vulgar y soso, ni Lagartijo que resucitara puede crear nada en el ruedo.
 
Algo más de suerte tuvo Morenito de Aranda, al que correspondió el único cortijerillo potable, aunque tampoco fue como para tirar cohetes. De hecho, mal pasó por las dos varas y en todo el primer y segundo tercio derrochó genio; pero por esos secretos de la genética, en la muleta rompió a embestir, incluso con franqueza. Lo aprovechó el torero burgalés, destacando dos series de naturales largos y profundos, por más que todo el trasteo tuviera demasiados tiempos muertos, que no hacían más que apagar la conexión con el tendido. Con un poquito de más unidad y con acierto con la espada, la cosa habría ido mejor. Con el cinqueño que hizo quinto, el lucimiento no era posible.
 
Me gustaría equivocarme, y además me gustaría mucho, pero me da la impresión que el paso por Madrid de Miguel Tendero le va a pesar bastante en el resto de la campaña. Cuatro toros y ni una vuelta al ruedo. Los aficionados podremos discutir acerca de sus progresos –por ejemplo, con el capote–; pero eso no vale para llenar la agenda. Es la dureza del oficio.
 
Otrosí:
Después de mucho meditarlo, en el descuento Taurodelta decidió esta noche  que el hueco que deja en el cartel de mañana viernes Curro Díaz –aun convaleciente de la cornada de Sevilla– pase a estar ocupado por Arturo Saldivar, que dejó una grata impresión la tarde de su confirmación. Tal como está la cosa, la lista de aspirantes al puesto era amplia, pero finalmente la empresa se ha inclinado por el mexicano. Que sea para bien.
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