Carta del Rey Melchor a un niño en la frontera de la duda

por | 3 Ene 2015 | Literatura taurina

En un 5 de enero, la noche en que
comenzamos a entender por qué 
debemos ser tan niños de por vida

No sabes qué alegría me nació al ver tu cara. Es cierto que apenas fue no más de un minuto de reloj. El tiempo breve que tardó la carroza de Rey al pasar a tu lado. Pero, no te engañes, fue lo suficiente para poder reír, también agradecer, y mucho, por tu sonrisa abierta, por tus ojos como ausentes que tan sólo miraban a las estrellas.

Era un pago generoso, la recompensa, no me atrevería a decirte si debida, para quienes cuando sois pequeños pasamos 364 días esperando que llegue esta noche y esta madrugada, que son tan plenamente vuestras. Así viene ocurriendo desde hace 20 siglos, así pido que ocurra al menos en los próximos 20 y, desde luego, mientras en la Tierra juegue un niño como tú, que es lo más parecido al Niño que ha sido, que siempre lo será, nuestra razón de vida.

Apenas fueron unos pocos segundos, ya te digo, los que necesitaron los bueyes, con su cansino caminar, para pasar a tu lado. Pero, ¿acaso la ilusión se mide por el tiempo? La ilusión se gesta de manera fugaz, en el breve pero infinito camino que recorre entre su nacer y su evaporarse; pero es eterna cuando se recrea, ahora y también luego, en el pequeño corazón de un alma grande, así como la tuya.

La ilusión, y la felicidad que la acompaña, es sólo patrimonio de quienes limpiamente pueden mirar a las estrellas, y sostener la mirada en ese tú a tú, sin más debe y haber que la complicidad de compartir nuestro 5 de enero. Por eso, sólo los niños como tú, y aquellos que nos hacemos como niños al menos un momento, son capaces de entender en toda su amplitud estos misterios maravillosos que para nosotros nacen eternamente en las estrellas.

Recordando la felicidad de tu cara, mirando esos ojos luminosos, déjame que te insista en nuestro común secreto, que sólo ha sido dado para ser entendido por quienes siempre anhelan la eterna juventud.

Te lo confieso ahora, en la confianza de quienes hablan a solas, pero alarma me causó la carta que me enviaste para que llegara hasta Oriente, aquella en la que tanto insistías en tu interés por una moto que corriera como las de verdad. No, no por la moto, sino por la posdata que escribía tu madre, sabia como todas las que ponen las madres. Me decía, como si no lo conociera, que estás ya en la edad equívoca de desvelar, por ti o por otros, el misterio de este 5 de enero. ¡Qué pena si algún día llegas a abandonar nuestro secreto! Habrías roto la magia que es más bella, la magia que nace, ya te digo, en esas estrellas que en las buenas noches admiramos, cuando descubrimos un día, camino ya de hacerte más mayor que los hermanos pequeños, qué cosa es la Luna, qué cosa las estrellas, qué la largura inmensa de nuestros pensamientos.

Los Reyes son más, radicalmente más, que la historia entrañable que se cuenta a los niños, de esas que a todos nos contaron aquellas noches, qué alegría recordarlas, cuando hacíamos que el sueño no llegara para que nuestra madre continuara contándonos, allí en la cabecera de la cama, sus increíbles historias verdaderas. ¿O tu crees que la ilusión, la magia de esta noche y la de esta madrugada, pueden ser nada más que un sueño pasajero, que nace con vocación de desaparecer con el primer sobresalto?

No te confundas. Tu verdad es la auténticamente verdadera, y no las otras. Tienes la razón de tu lado, amén de razones muy varias, para decir con orgullo, con la convicción profunda que solo tienen quienes no habéis descubierto la doblez, que los Reyes vienen cada 5 de enero desde el Oriente tan lejano. Más: para afirmar sin asomo de duda que los Reyes te llaman por tu nombre de pila, y te conocen hasta en tus caprichos.

Recuerda aquello que nos dejó escrito un venerable sabio, hace ya veinte siglos, de cuanto aconteció en Belén en torno a aquel establo en el que empezó nuestra historia. Bien claro que lo ha dicho: los Reyes estaban allí, con sus presentes y sus alegrías, para adorar al Niño. Y, ¿sabes?, su respuesta fue una sonrisa abierta, como la que esta noche, no sabes qué profundo se siente, he visto yo en tu cara, como la que sólo un niño es capaz de expresar en su felicidad rotunda.

Este 5 de enero los Reyes vienen a reunirse contigo, como antes lo hicieron con todos los que supieron ser nada menos que niños. Con aquel otro primer 5 de enero hay diferencias, no te engañes, pero no creas que tantas como los sabios de estos tiempos dicen. En común han tenido siempre el misterio de lo más verdadero: el amor a un niño, pero a un niño concreto, como tú o como tu Amigo de Belén, y la mirada amorosa de unos padres, de Aquellos o de éstos nos debiera dar lo mismo. No hay libro en el que puedas encontrar nada más cierto. Por eso, qué error más grande aquel día que pienses que esta noche maravillosa, con su madrugada de contenido anhelo, no pasa de ser una historia para niños.

Por eso, déjame que te insista. No rompas nuestro secreto, nuestra ilusión común, nuestro misterio. Y menos por la desvaída razón, por el engaño, de creer que en ello te va el hacerte mayor. Te harás más viejo, pero eso no es mayor, es otra cosa, como bien aprenderás cuando pasen los años y también te llegue el día en el que tú, en la intimidad de una noche de sueños imposibles, tengas que compartir con tus hijos nuestro secreto, que nació en las estrellas para explicarnos el cómo y el por qué de quienes gozosamente aspiran a ser por siempre y por entero nada menos que niños, en su felicidad y en su mirada limpia.

Hazle caso a mamá, que está en lo cierto. Los Reyes viven, no son una ficción y menos un engaño. Pero viven distinto, viven en el corazón grande que anida en el alma de un niño, cuando en su mirar traspasa las barreras y las raseras pequeñeces de los hombres.

Con el cariño de siempre, recibe un fuerte abrazo de

Melchor, Rey

Posdata:
Recuerda que un Rey no es alguien, incluso conocido, que se viste en una noche los ropajes propios de tal cargo y de tal dignidad. Eso no deja de ser una ficción, maravillosa te aseguro, pero ficción al fin. Un Rey es alguien que sólo descubrimos cuando con la mirada limpia, así como es la tuya, escudriñamos en el hondón del alma de los hombres buenos.

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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