Así ha visto la prensa la apoteosis de Morante y de El Fandi

por | 2 Jun 2013 | Temporada 2013

►La tarde histórica de Morante de la Puebla

ABC de Córdoba
Morante cuaja una tarde histórica con cuatro orejas y un rabo

VÍCTOR MOLINO
José Antonio Morante de la Puebla ha hecho historia en Los Califas. El diestro ha cortado cuatro orejas y un rabo en una tarde donde el diestro sevillano se mostró entregado, con pundonor, elegante y cadencioso. El espada, que consiguió los máximos trofeos, ante un noble animal de Juan Pedro Domecq, de nombre "Guasón", marcado con el número 65, negro, de 530 kilos, realizó una faena que comenzó con una serie de verónicas pese al desarme final.

Morante, que dejó un par de chicuelinas al paso y una media abelmontada antes de arrancar la faena de muleta, toreó sin dudas, próximo, templado y con hondura. Inició varias series con la mano diestra, que dieron paso a un cambio de mano para la zurda, donde poco a poco se fue consumando el éxito. El torero, con aplomo, remató bien las series, en espacial la última, citando en corto y exprimiendo con mucha profundidad. Se mostró entregado y relajado.

El Dia de Córdoba
Morante de la Puebla se transfigura en Los Califas

Muchos ponen en duda que el toreo sea un arte. La tauromaquia es vista en la actualidad como algo arcaico, cruel, sangriento, una ceremonia anacrónica para nuestros tiempos. Para muchos, la fiesta más culta de todas las fiestas, como la calificó García Lorca, esta abocada a la desaparición. ¡Que equivocados están! La fiesta esta viva, más viva que nunca. Y vivirá siempre, sobre todo, cada vez que alguien sea capaz de hacer lo que hizo ayer un hombre en el Coso de los Califas. Un torero que abandonó su cuerpo y dejó a su alma crear algo bello y emotivo. El toreo es belleza. El toreo es arte y sensibilidad. Por eso, los cimientos de la plaza de toros de Córdoba crujieron en la tarde de ayer como hacía tiempo que no lo hacían. Un hombre llamado José Antonio Morante Camacho, y apodado Morante de la Puebla hizo el milagro. Un milagro que sólo está al alcance de los privilegiados, de los que poseen el toque de los grandes genios. Contar lo que hizo en la tarde de ayer Morante de la Puebla en Córdoba, es muy difícil. Muy difícil para un cronista que no es más que un mortal más en este mundo. El torero ayer volvió a ser un héroe, un ser tocado por las musas y que fue capaz de hacer enloquecer a la masa en estos tiempos en los que los héroes están ausentes en nuestra sociedad.

Morante creó arte con sus avíos toreros. Lo hizo con un material vivo, y no inerte, como es el toro de lidia. No se trata de contar como fueron los lances con el capote, ni como con la tela escarlata de la muleta barría el albero califal llevando embebida las embestidas de sus dos toros. Lo hecho por el de la Puebla escapa de cualquier descripción precisa y somera. La anarquía de su toreo de inspiración, de arrebatamiento y de genialidad, superó con creces la frontera entre la tauromaquia de normas, de lo que la hace suprema y única entre todas las disciplinas, ya sean artísticas o meramente las sujetas a unas cerradas normas escritas o preestablecidas. Morante soñó e hizo soñar lo que es el toreo eterno. Mas allá de hablar de despojos, ayer de lo que había que hablar era de toreo, pero con mayúsculas. Un toreo que cautiva a un espectador hastiado de tardes plomizas y vacías. De toreros sin alma, o vendidos a la técnica que les permite torear tarde tras tarde sin ser capaces de hacer sentir algo distinto al público. Lo dicho, Morante es diferente. El de Puebla del Río cuando está inspirado, no todas las tardes se puede estar de la misma forma, es capaz de todo. Tanto que cuando en las postrimerías de la faena al quinto la música cesó, el toreo seguía presente. Se escuchaba como el fleco de bellota de cualquier paso de palio se oye en la angostura de una calle durante la madrugada en Semana Santa rozar con los argénteos varales. Los adornos y remates trajeron, Guadalquivir arriba, aromas de la marisma, olores de Gelves donde Joselito El Gallo acuñó y puso los cimientos de la nueva tauromaquia en la llamada Edad de Oro del Toreo. Morante de la Puebla hizo historia en Córdoba, la ciudad de Los Califas se rindió ante un torero genial y único. Un acontecimiento que se antoja será muy difícil a volver a vivir.

EL MUNDO
Morante, inmenso, corta cuatro orejas y rabo

Carlos Crivell
La tarde rompió pronto. Lo sucedido en el segundo fue el aviso de lo que llegaría en el quinto. El primer acto llegó de forma inesperada. El de Juan Pedro había proclamado bondad, pero siempre embistió con la cara alta. Morante lo había recibido con algunas verónicas sueltas. Lances de factura propias de su calidad, pero sin continuidad. Nadie podia esperar lo que llegó después. Morante volvió a escribir una página de toreo de fuego y seda, una sinfonia inenarrable de toreo de calidad suprema. La plaza de Los Califas entró en clima de ebullición creciente ante las tandas ligadas en una loseta con la derecha, siempre rematadas con el obligado de pecho. Se estremeció con la intensidad de fuego de una muleta de mando enérgico, pero al mismo tiempo bañada de suavidad. No se puede torear más despacio, tal vez no se pueda torear mejor. El toro era un dulce. ¿Quién torea así a semejante golosina? Si el toreo fundamental fue la quintaesencia de la expresión, los adornos fueron una sucesión de perlas maravillosas. Los de la firma, los kikirikies, los trincherazos, los molinetes, los cambios de mano, todo fue un rosario de genialidades que se recibieron entre una mezcla de asombro, porque asi no torea nadie, y de admiración. Las dos orejas por decreto y sin discusión.

El cronista no es capaz de seguir contando lo sucedido en el quinto. La obra del segundo fue excelsa; del quinto pasa a los anales de la tauromaquia eterna. El llamado "Guasón", hermano de uno que mató Manzanares en Sevilla, fue bueno. Fue un toro que necesitaba el toreo de mando, no fue el toro aborregado que los traga sin más, y la muleta de Morante lo frenó, lo llevó y lo recogió en tandas ligadísimas, otra vez en el centro y en un palmo de terreno. Una muleta plena de arte con el poder del mando, el fuego. Y la seda de las caricias más sentidas. Era una buena faena de Morante, pero lo que sucedió después acabó por rendir a la plaza cordobesa. El toro, con su punto de casta, no era una perita en dulce. Y se empeñó en ligar siete u ocho naturales, para acabar con un cambio de manos de esos que duran toda una eternidad. Relajado, feliz, el torero de La Puebla apareció en otra versión de esta histórica tarde. Fue un torero de fantasía, de improvisación, con pases sacados de una chistera prodigiosa para acabar de hundir el coso. Y aparecieron los molinetes abelmotados, las trincherillas, los de pecho a cámara lenta, una sucesión de maravillas que culminó con media lagartijera. Dos y rabo. La plaza se frotó los ojos y todos se preguntaban si habían asistido a un hecho real o imaginado. Era cierto. De negro y plata se transfiguró uno de La Puebla como un héroe de fuego y seda.

El final fue el de apoteosis de un artista. Un paseo a hombros con una multitud de chavales que llevaban a un ídolo que acababa de firmar una obra imperecedera, efímera si quieren, pero ya es parte de la historia de esta plaza y de la tauromaquia

►La encerrona de El Fandi

Ideal
Broche de oro: ´El Fandi´ corta seis orejas, una de ellas a un Miura

MARÍA DOLORES MARTÍNEZ
El habitual calificativo de ´torero total´ referido a El Fandi tomó especial significado en el sexto, al que también pico. Disfrutó el granadino con capote y banderillas, tercio en que recuperó la silla de enea para colocar el primer par. El toro, de García Jiménez tuvo emoción y Fandi hizo vibrar a la plaza con él. No se cansó de darle fiesta en una labor variada, inteligente y absolutamente completa. Tampoco se cansó el público de aplaudirle a lo largo de toda su actuación. Tras estocada y descabello, El Fandi paseó dos orejas. Hubo petición de rabo para el torero e igualmente hubo petición de indulto para el toro, pese a lo cual no se le concedió la vuelta al ruedo.

El Fandi se fue a portagayola, con la venda puesta, al quinto. En terrenos de toriles lanceó de rodillas a la verónica. Hubo un nuevo recital en banderillas, pero en ese punto el de Carmen Lorenzo se aplomó. Los intentos del espada no fueron fructíferos.

El toro de Victorino Martín, cuarto, hirió a El Fandi en el gemelo izquierdo al inicio de faena de muleta. El peligro del toro fue patente en todo momento y el torero tuvo que ´pelearse´ hasta acabar con él. Esta faena se la había brindado a su apoderado Antonio ´Matilla´, con quien compartió unas palabras sentados en el estribo. Tras el percance, Fandi se aplicó un vendaje en la zona para proseguir la lidia.

La labor de Fandi al primer Miura de su vida, que fue el tercer toro de hoy, fue un cúmulo de fuertes emociones. Se apretó de capote y se la jugó en cuatro pares de banderillas, en especial en un tercer par por los adentros y al pararlo tras el último par. Con todo, lo mejor llegó en la muleta, cuando El Fandi dejó boquiabierto al público al sacar una silla de enea y sentarse en ella para hilvanar la primera tanda. Muy importante lo que hizo el granadino, que dio todo y más para lucir las bondades del Miura. Aunque tardó el toro en morir tras estocada.

Fandi brindó a Pepín Liria y López Chaves un toro, el segundo, con dificultades, pues siempre quiso quitarse el engaño de la cara. El torero, de nuevo vistoso en los tercios iniciales, le tragó mucho y estoqueó con habilidad. Cortó otra oreja. En este turno, el picador Agustín Navarro fue atendido en la enfermería de un traumatismo producido tras un derribo aparatoso. El toro le descabalgó y el picador quedó entre el caballo y las tablas.

Con dos largas cambiadas saludó El Fandi al primero, de Jandilla. Lo lanceó con mucha despaciosidad y belleza a la verónica. Galleo por chicuelinas, suerte que repitió -unida a tafalleras- en un posterior quite, previo de un tercio de banderillas muy seguro, con el remate al ´violín´. El toro demostró mucha nobleza aunque amagaba con irse. El granadino lo fijó en la muleta y se fajó con él para cuajarle una actuación poderosa con las dos manos. Cierre por manoletinas y estocada que requirió el uso del descabello. Cortó una oreja.

Granada Hoy
El Fandi, a hombros en una encerrona con interés

A. CAPILLA
Lo peor que puede pasarle a un torero cuando se encierra en solitario con seis toros es que todos salgan lo mismo, y para colmo sean malos, eso es lo más aburrido del mundo, pero nada más lejos de la realidad en la comprometida encerrona goyesca de David Fandila El Fandi ayer en Granada, cuarto festejo del abono que puso fin a las corridas de a pie de la presente Feria Taurina del Corpus.

David se encerraba por quinta vez en su carrera con seis toros, siendo la última en Almería para celebrar sus diez años de alternativa en 2010, pero en esta ocasión lo hacía con toros de distintas ganaderías y nadie sabía lo que podía salir por la puerta de chiqueros, todo era expectación. Para el torero no era fácil, la situación económica y encerrarse en solitario es un compromiso para los tiempos que corren. El tendido respondió con dos tercios de plaza y desde luego no salió defraudado. Hubo toros para todos los gustos y estilos, el que gusta del toreo reposado y tranquilo lo tuvo, pero también el que se inclina por la vibración que transmite un toro con peligro tuvo su oportunidad. Pues bien, ese tipo de toro fue el segundo de Garcigrande y el cuarto de Victorino, pues el temido Miura no lo fue tanto y sacó nobleza en una justa transmisión, al igual que el de Jandilla, que se dejó. Lo peor fue el toro de San Mateo, inválido, pero el que cerró plaza, de Hermanos García Jiménez tuvo un aceptable juego, e incluso algún sector del público pidió su indulto, menos mal que no arreció la petición, porque no era para eso ni mucho menos, bueno sí, pero sin pasarse ni mayores pretensiones. En definitiva, hubo de todo, y cuando hay variedad e incluso emoción en el ruedo, las cosas después saldrán como salgan, pero el festejo tiene interés, seguro.

Tampoco David, que salió a hombros tras cortar seis orejas, desdibujó la tarde. El Fandi saldó el compromiso con tota, aunque no en todos los toros pudo estar relajado ni ofrecer el recital que acostumbra, sencillamente algunos toros no lo dejaron. Pero el granadino es un torero de recursos y por mucho que espere uno, El Fandi nos da la sorpresa seguro. Día a día nos muestra su solvencia y el porqué de tantos seguidores. Ayer fue la silla, además con el Miura, de talle antiguo, que también utilizó Morante el año pasado y El Fandi volvió a hacerlo en un par de banderillas en el sexto. Pero ahí no terminaron las sorpresas, el último también fue picado por David. Si alguien creía que El Fandi vino a cubrir el expediente ante sus paisanos se equivocó, David puso el alma y todo su empeño por hacer las cosas bien para que el público se divirtiera, aunque no siempre fue posible pero se ganó el respeto de los asistentes.

Ni que decir tiene que donde peor lo pasó El Fandi fue en el segundo y cuarto, ambos pidieron el carné de identidad, y de relajarse nada. El de Garcigrande, el segundo, fue un toro muy exigente que no quería ponérselo fácil a su matador. Ya en banderillas dijo aquí estoy yo y le apretó, pero El Fandi no se arrugó. El astado pedía mando y no dejaba relajarse en ningún momento a David, por lo que el resultado fue una faena vibrante, sobre todo por el pitón derecho. Más suave al natural, pero concesiones las justas.

Otra perla fue el Victorino. Ni la merienda fue capaz de dejar somnoliento al tendido, todo lo conrario. El toro fue de los de tragón para El Fandi, además lo cogió en los doblones al comienzo de faena y el tobillo izquierdo le molestó el resto de la tarde. El peligro del toro no era de los sordos, sino evidente. Cada vez que El Fandi de ponía el animal le arreaba, no estaba dispuesto a que nadie quebrantara su sitio. El matador no se confió ni un segundo y confió abreviar para no arriesgar más de los debido, sabía que el lucimiento era imposible.

Otro de los temidos a priori era el Miura, tercero, pero al final resultó noble pero justo y El Fandi fue cogiendo confianza e incluso alguna tanda tuvo ligazón y el conjunto resultó aseado. También estuvo a gusto en el sexto, un toro que le permitió hacer de todo. Lo picó, le puso cuatro pares de banderillas, uno sentado, un quite por lopecinas y se hartó de torearlo. El toro se rindió ante el dominio de David, que se adornó y dio variedad ante un público entregado.

El primero fue noble pero con poca chispa, y sin forzar la embestida logró ligar las tandas a base de medir los tiempos. El resultado, una faena aseada. El de San Mateo sencillamente fue un inválido que no tenía un pase y de poca presencia, pero la presidenta, Ana Belén Álvarez, no vio necesario sacar el pañuelo verde, sus motivos tendrá, pero está claro que la mayoría del tendido n o lo vio así y protestó toda la faena. El Fandi abrevió para impedir llegar a mayores.

David Fandila estuvo muy poderoso y variado toda la tarde en banderillas, tercio que domina a la perfección.

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Taurología

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Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

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