Antonio Bienvenida y su reaparición en los años 70

por | 16 Mar 2011 | Retazos de Historia

Se recuerda como si fuera hoy. Y hay que ver que ya ha llovido desde entonces. Pero daban las campanadas de las 9 de la mañana en la iglesia, cuando apareció Antonio Bienvenida a visitar a la Virgen de la Paloma, como cada día que toreaba. Y aquella tarde de un 9 de octubre lo hacía: era el festival por las víctimas de un terremoto en Perú, que toreó mano a mano con Luis Miguel.”Siempre lo he hecho así. Primero a la Paloma, luego a casa de mi madre, a descansar. Allí me vestiré tranquilo. Y cuando todo termine, de nuevo a mi casa”.
 
El festival, que resultó todo un éxito, estaba previsto como antídoto frente a las ganas que tenía de volver a los ruedos. “El gusanillo de la afición lo mato con estos festivales. Pero de volver no hay nada. Desde luego la afición no te la puedes quitar de encima de la noche a la mañana. Y no sólo es torear, es todo: es el vivir dentro de la Fiesta, los nervios, los preparativos… Es un mundo tan único que cuando lo vives una vez, no puedes salir de él”. Y era sincero cuando así hablaba, en el horizonte no estaba la reaparición. Pero luego, el éxito, el cariño de la afición,… Todo se puso a favor.
 
Trascurrió el invierno, en el que Antonio seguía diciendo a quien le preguntaba por la vuelta: “ya no es tiempo”. Pero llegó la primavera y todo cambió: “Seguro: vuelvo. En el mes de abril quiero empezar la temporada”. ¿Por qué ese cambio de opinión? Me contaba el maestro que “después de dos años sin torear, empecé a actuar en festivales benéficos y cada día me encontraba más a gusto en el ruedo. Y el deseo de volver fue creciendo. Sólo en 1970 he toreado más de 20 festivales, el último el de las victimas de Perú… Aquel día ni se me ocurría volver. Pero al salir de la plaza, no sé…, pero me parece que el éxito de aquella tarde en Madrid fue definitivo. ¡Cómo aplaudía la gente..! Y después de darle vueltas durante todo el invierno me he decidido a volver. Resulta que además de hacer lo que de verdad más me gusta, encima van y me lo pagan”.
 
Y, en efecto, en la campaña de 1971 volvió a vestirse de luces. Y una par de días antes de la reaparición –que por cierto, fue en Canarias— me insistía: “no me canso de decirlo: he vuelto porque me gusta, porque quiero. Es una necesidad del espíritu”.
 
Sin embargo, llegar hasta ese primer paseíllo no fue fácil. “Se oponía mi mujer y mi madre. A mis hijos creo les gustó verme de nuevo en activo. Hice consejo familiar, les hable de mi necesidad de torear para sentirme bien. Les dije claramente: A mí me compensa el sacrificio que vais a hacer; podéis estar tranquilos, hay riesgos, pero también hay riesgo en la calle. La verdad es que la oposición se resignó”.
 
Los planes iniciales trazados por la casa de los Dominguines a mayor gloria de Luis Miguel, duraron poco, tan poco como que acabaron en la primera tarde. Algún día habrá que contar el por qué, que hoy no toca. Sigamos. “Además de que los años no pasan en balde, por responsabilidad para reaparecer tuve que ponerme en forma”.
 
¿Y sus sentimientos al meterse otra vez en todo el barullo de la Fiesta? “Al volver, lo primero que noté fue el vacío de mi padre. Tengo un recuerdo tan vivo del Papa Negro que a veces me parece que lo tengo a mi lado y escucho sus palabras cariñosas de enseñanza. Pero aquella tarde ya no estaba allí. Luego sentí una impresión muy especial: era como si fuera a tomar la alternativa, pero ahora con 30 años más en mi vida y en mi profesión. Y sentí un enorme sentido de la responsabilidad. ¿Miedo? Hombre, a los 50 años hay muchos miedos ya pasados y por eso las cosas se ven con más tranquilidad, pero, vamos, también tenía mi ración de miedo, siquiera sea porque el miedo es como el vestido de torear: va unido al torero”.
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