Aldabonazo en Madrid de Francisco José Espada, premiado con cicatería por el palco

por | 19 May 2014 | Temporada 2014

MADRID. Undécima de feria. Dos tercios de plaza.  Seis novillos de “El Montecillo”, propiedad de Francisco Medina, bien presentados y de bonita lámina, aunque de juego muy desigual; excelente el 4º,  bueno para los engaños el 3º y muy manejable el 1º. Francisco José Espada (de agua de mar y oro), ovación tras aviso y una oreja. Posada de Maravillas (de blanco y oro), silencio y silencio. Lama de Góngora (de azul cielo y oro), ovación  tras aviso y palmas. Un cuarto de hora antes del paseíllo descargó una fuerte tormenta de agua y granizo, que tuvo la virtud de cerrarle las puertas al viento.

No siempre hay por qué criticar a la Empresa: su idea de incluir entre los festejos  obligatorios en el abono a las novilladas ha sido un acierto. Ver comparecer en Madrid a los novilleros que más suenan, es importante. Sin ir más lejos, el triunfo rotundo de Francisco José Espadas no hubiera sido lo mismo con esos tristes cuartos de plaza que se hacen habituales fuera de lo ciclos feriados.

Para esta segunda del serial se ha traído una bien hecha novillada de “El Montecillo”: con trapío más que suficiente, de bonita lámina y con movilidad. Luego han abundado los mansurrones, que andaban más pendientes de buscar los tableros que de los engaños que tenían delante. Pero aún así, no eran reses rellenas de aburrimiento. Fue excelente el 4º, en el límite entre el “si” y el “no” a la vuelta al ruedo.  Tuvo buen tranco ante la muleta el 3º, que se entregó desde el momento  que Lama de Góngora lo llevó muy sometido y por abajo. Muy manejable el que abrió plaza, hasta que se rajó. Distraídos  y mansones los restantes, aunque sin malas intenciones. Y salvo algunas genuflexiones ocasionales del 1º, todos aguantaron la lidia sin claudicar.

Había ya sorprendido Francisco J. Espada con su primero, ante el que apuntó detalles de interés con el capote, para luego construir una faena de menos a más, que hubo de interrumpir cuando el novillos se rajó. Un pinchazo y una estocada caída dejó todo en una fuerte ovación.

Pero  a partir de irse a los medios a brindar a la concurrencia su faena al 4º, el camino del torero de Fuenlabrada fue siempre de ir a más, despierto de ideas y con ese aire fresco de la verdad. Muy centrado, con las muñecas sueltas y siempre templadas, y en todo momento buscando llevar a sus enemigos hasta muy atrás. Unos muletazos de verdadero cartel, en especial con la izquierda. Y había mucho que torear allí, porque el de “El Montencillo” Iba a más y mejor. Cuajarlo, como lo cuajó Espada, cuando en su haber tan sólo cuenta con cinco novilladas, tiene un mérito importante. Lo mató por arriba y con decisión. Una actuación rotunda, todo un ejemplo de cómo se presenta un torero en la primera plaza del mundo.

Pero, ¡ay!, no hubo la sensibilidad necesaria en el palco, hoy ocupado por don Javier Cano, quien utilizó la triquiñuela, que está ya más vista que el TBO, de retrasar hasta al límite la primera oreja –la que deciden los pañuelos– para impedir que el publico le forzara a conceder la segunda. Digámoslo directamente: Francisco José Espada se había ganado salir por la Puerta de Alcalá; el cerrojazo presidencial fue injusto e inoportuno.

El otro momento álgido de la tarde lo protagonizó el sevillano Lama de Góngora frente al 3º.  El de “El Montecillo” había tenido dos primeros tercios de manso, con abundante desorden y apuros entre los hombres de plata. A la muleta llegó más bien fuerte. El torero apostó desde el primer momento, sometiendo a su enemigo, aunque sin apretarle en exceso. A partir de ahí, muy centrado y acertando en los tiempos y en las distancias, dejó en el ruedo venteño series de excelente corte sobre ambas manos. En el recuerdo quedan, sobre todo, las tres últimas series con la mano izquierda: no se puede llevar a un novillo ni más lejos ni más sometido. Luego un pinchazo y una estocada algo tendida, hizo que el novillo tardara en doblar y la tensión del tendido bajó de grados. Por eso todo quedó en una fuerte ovación, renunciando a dar la vuelta al ruedo, que la podría haber dado con razón.  Con el que cerraba la plaza, que había tenido un accidentado primer tercio, había poco que hacer: el novillo más que embestir topaba y siempre quedándose corto.

Este lunes ha dejado un buena impresión Lama, mejor que en la tarde de su presentación. Y de paso dejó el buen detalle de centrarse en lo suyo, haciendo caso omiso a tantas cosas como se le decían desde el callejón: cuando Luis de Pauloba le recomendaba que cogiera la mano izquierda, Manolo Tornay le recomendaba lo contrario; quietos y calladitos los dos habrían estado mucho mejor.

Se presentaba en Madrid Posada de Maravillas, ese joven extremeño, torero de dinastía, que tantas esperanzas despertó el año pasado en Olivenza. Hoy no ha confirmado aquella impresión, sino que más bien a recordado su disminuido papel en Fallas y, por lo que cuentan, del pasado domingo en Sevilla. Hay que dejar claro, para no inducir al error, que tuvo el peor lote; pero aún así, no era ilidiable precisamente. Lo que ocurre es que cuando no se baja de mano y se construye el muletazo permanentemente toreando en línea y hacia fuera, no hay manera de que surja nada sólido. De hecho, cuando no lo hizo así, por ejemplo en los lances de recibo al 5º, el panorama cambió radicalmente.

En Sevilla el nuevo Posada dejó 24 horas antes una pobre impresión; en Madrid se repitió la situación. En ambas plazas tiene de inmediato un segundo compromiso: será el momento de rectificar para que no se esfume la esperanza que nació en Olivenza.

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Taurología

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