2015: Las cuentas de Bilbao no cuadran por segundo año

por | 9 May 2016 | Reportajes

Por segundo año consecutivo, las cuentas de Bilbao no cuadran. Frente a las pérdidas de 14.939 euros de la temporada de 2014, la del pasado año ascendieron a 153.346 euros, multiplicando por diez los números rojos. Dicho de esta forma puede dar la impresión que la Plaza de Vista Alegre ha tomado una cuesta abajo que será difícil de modificar. Pero no es eso. El caso de la plaza bilbaína es bastante peculiar, comenzando por su propiedad público-privada, como para dejarlo todo en unos datos contables.

Es cierto que ha descendido la asistencia a las Corridas Generales; en el 2015 una media de 500 espectadores por día. Pero este mismo dato, si se compara con otras  plazas, proporcionalmente resulta menor de lo que ocurre en otras de similar categoría. Y eso que Bilbao es una de las plazas más caras.

Según las ultimas cuentas –cuya integridad no se conocen, salvo en lo que ha comentado un miembro de la Junta, Ricardo Barkala[1]–, los ingresos de explotación –esto es: la taquilla más la parte correspondiente de los derechos de TV– ascendieron a un total de 3.224.668 euros, frente a los 3.672.435 euros de 2014; el retroceso fue, pues, de 447.767 euros.

Pero hay que tener en cuenta que en la última Semana Grande se organizó un festejo menos de los habituales, pasándose después de muchos años de 9 a 8 espectáculos mayores. Por ello, del retroceso de ingresos del orden de 400.000 euros corresponden en gran medida a ese espectáculo que no se programó. De hecho, durante 2014 el ingreso medio por festejo celebrado fue 403.084 euros; en 2015 ha sido de 408.048 euros, ligeramente superior.

Pero si los ingresos se movieron así, los gastos totales de explotación también se redujeron respecto al Ejercicio anterior. Si nos ceñimos soló a los ingresos por festejo taurinos celebrado, los gastos fueron de 2.837.204 euros, con un resultado positivo de 387.464 euros.

¿Cómo se pasa de número negros a números rojos? Sencillamente, con los gastos de gestión y de mantenimiento del recinto. A esta partida Bilbao tuvo que dedicar un total de 542.810 euros; esto es: el 16,77% de  lo ingresado. En realidad, para haber empatados los números, esta partida de gastos debía haberse quedado por debajo del 15%.

Con todo no es un dato marginal que con cargo a las Corridas Generales se hayan podido afrontar más del 70% de los gastos de gestión y mantenimiento de una instalación de estas dimensiones y características. Bastaría comparar con lo que debe invertirse en cualquier otra instalación municipal para darse cuenta que no son cifras desorbitadas. Y, sobre todo, no resultan unos gastos desorbitados si se tiene en cuenta el alto nivel de  la conservacion que mantienen, hasta convertir en admiración el mundo taurino las instalaciones de esta plaza y de su Museo.

Para poder acercarnos con mayor precisión a la naturaleza y realidad de estos resultados negativos habría que contar con la integridad de las cuentas. Por ejemplo, saber cuánto se dedicó propiamente al mantenimiento del edificio, cuánto supusieron los gastos administrativos y gerenciales, qué cantidades consumieron los gastos de los miembros de la Junta Administrativa –que se pasan el año de feria en feria, de ganadería en ganadería– y a cuanto alcanzó la remuneración de su asesor externo, que es quien lleva el peso de la organización.

Del análisis de todas estas partidas bien podría salir la luz necesaria para evaluar con mayor precisión cuál es la verdadera realidad económica de la plaza de la capital vizcaína. Y consecuentemente adoptar las medidas correctoras correspondientes.

La peculiaridad bilbaína

Para entender en su dimensión toda esta situación, resulta indispensable tener en cuenta que la situación de la plaza de Bilbao no  es similar a ninguna otra, ni siquiera a la de Pamplona. En primer término, la plaza resulta ser propiedad al 50 por ciento de una institución pública, el Ayuntamiento, y de una entidad privada, la Casa de Misericordia[2]. La primera puede soportar los números rojos contra el déficit público o contra otras partidas de su presupuesto; la segunda, en cambio, en parte se sostiene –en medida infinitamente inferior a las épocas pasadas– con los beneficios, no tiene margen alguno para asumir perdidas.

Como una solución un tanto salomónica para resolver esta ecuación, algunos partidos de la oposición proponen que el Ayuntamiento se haga con la totalidad de la propiedad. Por lo pronto, tal propuesta no constituye ninguna novedad: hace ya años que, ante otras etapas en déficit, fueron los gestores de la propia Casa de Misericordia quienes contemplaron la posibilidad de vender su 50% a la corporación municipal. Como buen y acertado criterio desecharon tal posibilidad. Lo que hoy es muy de agradecer.

Y es que hoy, con el estado actual de la llamada “nueva política”, que afecta principalmente al ámbito local, remover de nuevo la vieja propuesta rayaría en un grave error con innumerables inconvenientes. Hasta ahora, en Bilbao toda ha discurrido con razonable normalidad por dos factores principales: la buena voluntad del partido mayoritario en el Ayuntamiento –que siempre ha sido el PNV– y el freno que suponía ese 50% independiente del control público.

Pero nadie puede garantizar que en el futuro la corporación municipal siga siendo tan respetuosa con la Tauromaquia como hasta ahora: bastaría un cambio de mayorías municipales para que Vista Alegre se viera envuelta en los mismos vaivenes que la donostiarra plaza de Illumbe. Ante esta posibilidad, que la experiencia ya dice que no es una mera suposición, entregar al sólo control de los politicos la plaza de toros no presenta más que riesgos.

La solución podría estar en otro camino

En esta  coyuntura, la solución de los números rojos debería venir por otros caminos, que la Junta Administrativa necesita explorar, comenzando por su propia composición, que en más de un caso viene afectada por las propias singularidades de la política. Por ejemplo, que los cuatro vocales que deben ser independientes de la propiedad, realmente lo sean, que hoy –podría decirse, que desde hace tiempo– no lo son, sino que entran en el repartdo de los políticos.

Por otro lado, siguiendo las pautas de la auditoría, seguro que se encontrarían vías para darle la vuelta a la cuenta de resultados actual, reajustando los gastos de gestión y de mantenimiento. Al final, bien podría decirse que las cuentas anuales se transmutan en números rojos con el gasto del día a día: los costos básicos –toros, toreros, etc.– están tan tasados como los ingresos previsibles.

La fórmula mágica, que ya está inventada, de dedicar el recinto a otras actividades, tiene en este caso un punto de volatilidad. De un lado, porque si algo puede presumir hoy Bilbao es de recintos para actividades culturales y sociales, que los tiene de toda naturaleza y condición; por otro, porque presenta el hándicap de ser un recinto al aire libre en una población en la que la lluvia es un fenómeno frecuente. A su favor tiene que se trata de un recinto muy bien acondicionado para los espectadores. Por tanto, fiarlo todo a esas “otras actividades”  es posible, pero no va a aportar seguridad plena a los números; al final, se acabará mirando al cielo.

Lo que no tiene ni sentido ni lógica es suprimir los festejos taurinos, como proponen algunos. A quienes sostienen esa posibilidad, habría que preguntarles de dónde van a provenir los más de 3 millones de euros que hoy ingresa Vista Alegre por este concepto. Ni aunque los Beatles resucitaran se alcanzaría esa cifra.

En último extremo, antes de entregar la plaza al control de los políticos, mucho mejor convocar un concurso  de arrendamiento, en el que de seguro habría más de un aspirante, como ocurre en tantas y tantas plazas. Y en el Derecho Administrativo se dan mil fórmulas para que la externalización de la gestión no afecte a la filosofía taurina que siempre caracterizó a Bilbao, que esa debe considerarse intocable.

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[1] ANE ARALUZEA, “La falta de espectadores multiplica por diez las pérdidas de Vista Alegre”. Diario “Deia”, 7 de mayo de 2016.

[2] En realidad, la primitva plaza de toros, de la que es heredera la actual Vista Alegre, era propiedad del pueblo de Bilbao, que la costeó mediante suscripción popular. Luego, la cedieron gratuitamente a la Casa de Misericordia y al Hospital Civil, para que tuvieran una fuente añadida para su financiación. Estamos hablando en las primeras décadas del siglo XX. Durante la más reciente época de la Transición, el Ayuntamiento hubo de hacerse cargo del Hospital Civil –hasta entonces de naturaleza privada– y en esa operación se encontró que dentro del Hospital venia el 50% de la propiedad de la plaza de toros; esto es, no se trató de una compra propiamente dicha, sino una operación puramente circunstancial. Conviene advertir que cuando esta operación se consolidó, la explotación de la plaza ya corría por cuenta de la propiedad, una vez que ante las pérdidas acumuladas en la anterior criisis Manolo Chopera renunció al contrato de arrendamiento, para convertirse en un asesor/gestor externo, como hoy continúan haciendo sus hijos.

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