2011 se fue dejando los problemas pendientes para el nuevo año

por | 1 Ene 2012 | Informes

Se cerró 2011. Buen viaje tenga, que en la mente de los aficionados no todos son precisamente buenos recuerdos, en la esperanza, que nunca debemos perder, de que el 2012 traiga mejores vibraciones, pese a la crisis.

En unos casos se ha tratado de aspectos vertebrales para la Fiesta; en otros, en cambio, se ha tratado de hechos puntuales, pero que han dejado su huella. Lo cierto es que no ha sido “nuestro año”, taurinamente hablando.

De la orfandad a Cultura

A la historia pasará el año que se nos fue por la orfandad taurina en que dejaron a Cataluña la  intransigencia de unos y la tibieza de otros. Ahora todo hay que fiarlo a que el Tribunal Constitucional –en trance de cambios– decida a favor en el recurso pendiente de resolución. ¿Se decidirá a deshacer el despropósito cometido? Eso es un arcano que nadie se atreve a pronosticar, por más que el recurso del hoy presidente del Senado estuviera tan bien argumentado y tan sólidamente fundado. En medio del aluvión de noticias duras que nos esperan, un fallo favorable resultaría un auténtico oasis para los aficionados, que bien se lo merecen.

Pero 2011 ha sido también el año en el que la Fiesta y todos los estamentos que la integran más duramente han tenido que asimilar los efectos de la grave crisis económica. Y no sólo ha sido en el negocio propiamente dicho, en el que se ha notado y mucho; es sobre todo en el impacto que ha tenido en la mucha menor actividad que se ha registrado. Dicho con otras palabras: en el paro que ha generado para muchos profesionales que viven de esto. Parece que como los toreros, sea cual fuere  su escalafón, hay que incluirlos entre los creadores de Arte, eso del desempleo no les afecta. Nadie parece acordarse de ese honrado matador de toros que ha visto como sus contratos se han reducido a la tercera parte y con menos dinero por tarde, o de ese banderillero que ha cotizado a la Seguridad Social la cuarta parte de veces con respecto al año anterior. Lo que ocurre es que, como se les considera tan especiales, nadie se toma decisiones en la práctica –por ejemplo, con el subsidio de desempleo–, que también ellos tienen los mismos derechos sociales que todos los demás ciudadanos.

Pero en la otra balanza hay que poner, y con satisfacción, la llegada de la Fiesta de los toros al Ministerio de Cultura. Por más que la reordenación ministerial lo haya dejado ahora en una Secretaría de Estado, la nueva ubicación en el conjunto de la Administración del Estado es conceptualmente trascendente. A lo mejor en un primer momento no tiene efectos inmediatos. Pero todo se andará. Baste considerar un extremo: de ser una actividad en la que el Estado básicamente realizaba labores de vigilancia y control, pasamos a otra que engarza directamente con las actividades creativas del Arte. A partir de ahí, todo debiera ir a mejor, aunque eso exija de los taurinos y los aficionados ejercer, si hiciera falta, presión sobre los nuevos gestores. Ni más ni menos que lo que hacen todas las organizaciones profesionales en las materias de su competencia.

Bajo nuestro punto de vista, el cuarto gran asunto sobre el que ha pivotado el año se ha centrado en constatar una vez más la desunión de los sectores taurinos, un mal históricamente endémico en la Fiesta. Se diluyeron como un como un azucarillo en el agua las esperanzas iniciales que generó la Mesa del Toro; entre una gestión poco acertada y la indiferencia que esto produjo, lo cierto es que el ansiado organismo unitario se ha convertido en la práctica en una mera oficina de emitir periódicamente algún comunicado de prensa. Ni el intento que hicieron los empresarios y las figuras por reconducir la situación fue suficiente para salvar de la inoperancia a la Mesa. ¿En qué cajón estarán guardados aquellos planes sobre nueva organización, nuevos estatutos, nuevos gestores y nuevo sistema de financiación que anunciaron en su día? Más parece que acabaron archivados en alguna papelera.

Pero ni siquiera el intento que ha supuesto la Unión de Toreros, fruto de la teórica fusión de las distintas organizaciones de profesionales, ha traído efectos tangibles y reales. El tradicional individualismo del sector ha prevalecido sobre la voluntad de cambio. Y la verdad es que no se entiende bien como ha sido posible, con el número de problemas que tienen por resolver.

Otros problemas transferidos a 2012

Pero junto a estas cuatro cuestiones esenciales, no son pocos los problemas que han quedado transferidos a lo que ocurra en el nuevo año 2012.

Uno en estos días de actualidad: los sistemas de adjudicación de las plazas de titularidad pública. El caso de Madrid es emblemático, hasta alcanzar en la práctica, se haya pretendido o no, la fórmula de cártel anticompetencia. Pero no es el único. No hay más que ver lo que está ocurriendo en Zaragoza, Palencia o Teruel, por citar tan sólo los más recientes. En el contexto económico actual, carecen de sentido –más: constituyen un error— los sistemas, confesos o encubiertos, de subasta. No está la Fiesta para tales alegrías. Por el contrario, exige de la implicación real de las corporaciones públicas, para cuyos presupuestos hoy han perdido prácticamente toda su incidencia los dineros que puedan obtener con estos arrendamientos: no dan ni para arreglar cuatro semáforos.

Otro y no pequeño: el clima social y de opinión que algunos han creado en torno a la Fiesta. Qué error supone pensar que se trata de un hecho episódico y de orden menor, cuando vemos como los mismos movimientos antitaurinos se producen simultáneamente –incluso, en los mismos términos literales— en los cuatro puntos cardinales de la geografía taurina. Ahí tienen Ecuador como decisión subsidiaria de la que antes tomaron algunos catalanes. Hasta en México se está consolidando un clima enrarecido.

La urgencia de lanzar una gran operación de imagen y comunicación no parece que figure en la agenda de las prioridades de los profesionales. Semejante desidia solo se entiende desde la ignorancia de la dimensión real que hoy tiene la Opinión Pública y el factor multiplicador de las redes sociales.

Para 2012 ha quedado, asimismo, la definición de lo que deben ser las relaciones de la televisión y los toros. Saludamos con esperanza la creación, aunque fuera como canal de pago por visión, de Canal + Toros. En España cumplieron las expectativas en cuando a los espectáculos en directo, aunque no en lo informativo, con un abuso excesivo de redifusiones, contra las que ahora se revelan los toreros; en lo que se refiere a las retransmisiones invernales de la América taurina, se han quedado muy lejos de lo prometido en las ofertas, con tan sólo dos malos festejos de Cali y la redifusión, siete días después, de lo que en México hace Televisa –el Canal de las estrellas, en nuestro país— y que ya se podía ver en España.

En el nuevo año en esta materia los responsables de uno y otro lado de la mesa deberán resolver unos cuantos asuntos no precisamente marginales. Por lo pronto, el encaje que tiene en este entramado el propósito de las figuras y otra veintena de toros de asumir directamente la gestión económica de sus derechos de imagen. Pero, además, la promesa del hoy partido en el Gobierno de retomar en la parrilla  de TVE las retrasmisiones taurinas y la propuesta, aún pendiente de respuesta, de un gran acuerdo entre las televisiones autonómicas. Y con lo uno y con lo otro –nada digamos si además se les cae de la programación el abono de Madrid–, en la cartera de asuntos pendientes queda la reubicación del Canal + Toros, que forma parte de un grupo de comunicación que, como otros muchos, no está como para trabajar a pérdidas.                                          

Pese a todo, qué grandes tardes vimos

La grandeza de Arte de la Fiesta es que, a pesar de tantos pesares, lo que de verdad queda en nuestra memoria son las grandes tardes de toros que se pudieron presenciar durante 2011.

Cómo olvidar la faena de Morante en Bilbao, las de Manzanares y El Juli en Sevilla, las dos tardes apoteósicas de Barcelona por septiembre o, por citar un ejemplo más, la faena del valeroso Diego Urdiales a un “victorino” en Bilbao. En el fondo, eso es lo que de verdad mantiene vivo el espíritu incansable del aficionado.

Y es lógico que así sea, cuando de un arte se trata. ¿Acaso se nos ocurre pensar en la indigencia en la que vivía Goya cuando admiramos su colosal Tauromaquia”?. Lo que ocurre es que lo mismo que ocurría con el genial pintor de Fuendetodo, cuando malvendía sus obras magistrales para comer cada día, en la Fiesta archivamos los problemas cuando tenemos la dicha de contemplar el Arte con mayúsculas que sea crea en un ruedo.

Postdata:
El dato es marginal, prácticamente un eco de sociedad. Pero nos resistimos a concluir este análisis sin dejar anotado un dato ocurrido en 2011 no suficientemente valorado: la decisión de la Infanta Elena, la más taurina de la familia, de llevar a sus hijos a los toros. Y hacerlo sin rodeos: en el Palco Real, para que se viera bien. Ahora que hasta el PP se apunta a eso de impedir la entrada en las plazas de los menores, aquella decisión fue más que un testimonio: fue un gesto inequívoco de apoyo. Cuando tantos se ponen de canto, para pronunciarse, fue más que un mero gesto social, fue una declaración contundente.

Apóyanos compartiendo este artículo:
Taurología

Taurología

Portal de actualidad, análisis y documentación sobre el Arte del Toreo. Premio de Comunicación 2011 por la Asociación Taurina Parlamentaria; el Primer Premio Blogosur 2014, al mejor portal sobre fiestas en Sevilla, y en 2016 con el VII Premio "Juan Ramón Ibarretxe. Bilbao y los Toros".

0 comentarios

Enviar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *