Este website utiliza cookies propias y de terceros. Alguna de estas cookies sirven para realizar analíticas de visitas, otras para gestionar la publicidad y otras son necesarias para el correcto funcionamiento del sitio. Si continúa navegando o pulsa en aceptar, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies?
El lance a la verónica en el toreo de Manolo Escudero
Manolo Escudero. Foto: Enciclopedia gráfica. El Ruedo, 1 febrero 1972
Fue Manolo Escudero un verdadero virtuoso a la hora de ejecutar el lance a la verónica, ese que cuando nacía hilvanado en una serie más parecía un ballet. Sus secretos iban desde la dimensión y la textura del capote hasta la forma de asentar los pies en el ruedo, con los movimientos armónicos de brazos y las muñecas construían el arte mismo sobre la trilogía más clásica, la de parar, mandar y templar.
Actualizado 31 enero 2013  
Redacción   

Se consideraba como “un torero inédito”. No mareaba esa perdiz. Se trata de Manolo Escudero. Recuerdo que la charla discurría en la madrileña plaza de Santa Ana, ni se sabe cuantos años han pasado. “Era muy caprichoso. A lo mejor llegaba agosto y me decía: Se acabó, me voy para casa. Y otras veces me conformaba con un quite, ya me parecía que había cumplido. Para uno que quiere ser torero en este plan es imposible. Por eso no llegué”. Pero tenía tanta clase que aun siendo así su paso por los ruedos dejó huella.

En mayo se cumplirán 70 años de sus alternativa en Murcia, que confirmó en Madrid tres semanas después; en ambas ocasiones acartelado con Manolete. Hasta que lo dejó, entre idas y vueltas, en 1960. Pero desde que hacia la tapia en los tentaderos llamó la atención su manera de manejar el capote.  Por algo siempre se le ha considerado como uno de los grandes artistas en el lance a la verónica.

En aquella charla, recordaba como si fuera de ayer mismo, una mañana del invierno de 1941 en la casa Cobaleda, en la que se tentaban becerras de Manuel Arranz. En la tapia estuvo hasta que salió la ultima. Gracias a don Antonio Pérez le dejaron bajar al ruedo: “Me pusieron una condición: sólo podía torearla con el capote y como si estuviera en una plaza. Al día siguiente seguía el tentadero y otra vez a pedir y rogar. Y también conseguí torear a la última becerra; en esta ocasión me dijeron que podía totear con el capote y la muleta, pero como si estuviera en una plaza. Allí mismo la empresa de Madrid me firmó dos novilladas, una de ellas fue la de mi triunfo grande el 14 de mayo de 1942”.

¿Cómo era su concepción de ese lance a la verónica que le abrió tantas puertas? “Lo primero --decía-- el capote tiene que tener unas dimensiones adecuadas a la talla del toreo. Y luego, hay que cogerlo más o menos a dos cartas de la esclavina, sujetado con los dedos y de forma que tenga su vuelo. Y luego, los brazos y las manos no pueden estar agarrotados, sino sueltos”.

Siguiendo el hilo de su descripción, Escudero ponía mucho énfasis en las piernas: “Para poder crear belleza resulta esencial el movimiento de las piernas, que en el caso del capote es más difícil porque lo tiene que hacer todo de muna manera armonizada con los movimientos de los brazos, de la cintura…, de todo el cuerpo. Los brazos son los que permiten dar amplitud y hasta solemnidad al vuelo del capote; las manos y sobre todo las muñecas, son las que atemperan el movimiento”.

Y sobre esos fundamentos construía Escudero la trilogía más clásica en el toreo, la de parar, templar y mandar. “Hay que tener la capacidad de jugar con estos tres elementos, en otro caso la verónica no tendrá toda la belleza que encierra. Es necesario frenar al toro en su acometida, enganchándole cuando está a algo más de un metro del torero, echándole el capote hacia la cara del animal. Sn esto resulta imposible templar la embestida. Y es que cuando ya llevas embebido al toro en los vuelos del capote, ya le puedes ir marcando toda la trayectoria, sometido y a ser posible ligado”.

“Para mí --añadía-- la belleza plena del lance no se consigue con  uno aislado, sino que nace cuando se consiguen hilvanar uno con otro hasta el broche final de una media o de un recorte. Pero para eso es necesario traer muy dominado al toro”.

Pero no menos importancia le daba el torero madrileño al juego de las manos y las muñecas. “Las palmas de las manos son las que te permiten imprimir suavidad y cadencia al lance. Siempre puestas mirando hacia la cara del toro y girando las muñecas acompasadamente con la embestida, para marcar así el camino que tiene que seguir”. Y daba, claro, su sitio, al juego de piernas, sin el que no se puede crear belleza. Desde la forma de cargar la suerte hasta la propia distancia entre una y otra pierna. “En el fondo, es casi como un baile. Si lo pudiéramos al ralentí, no sería distintos a los movimientos de un ballet”. 

Compartir:  Comparte esta noticia en FacebookComparte esta noticia en TwitterAñadir a YahooEnviar a Meneamé
  |   Imprimir  |   Corregir  |   Enviar  |  
Comentar 0
Comentario (máx. 1500 caracteres - no utilizar etiquetas HTML)


Título (obligatorio)


Nombre (obligatorio)


E-mail (obligatorio)


Por favor rellene el siguiente campo con las letras y números que aparecen en la imagen superior
     
NOTA: Los comentarios son revisados por la redacción a diario, entre las 9:00 y las 21:00. Los que se remitan fuera de este horario, serán aprobados al día siguiente.
CLÁUSULA DE EXENCIÓN DE RESPONSABILIDAD
Todos los comentarios publicados pueden ser revisados por el equipo de redacción de taurologia.com y podrán ser modificados, entre otros, errores gramaticales y ortográficos. Todos los comentarios inapropiados, obscenos o insultantes serán eliminados.
Taurologia.com declina toda responsabilidad respecto a los comentarios publicados.
Esta noticia aún no tiene comentarios publicados.

Puedes ser el primero en darnos tu opinión. zTe ha gustado? zQué destacarías? zQué opinión te merece si lo comparas con otros similares?

Recuerda que las sugerencias pueden ser importantes para otros lectores.
 Otros artículos de La Tauromaquia de los grandes maestros
La primavera mágica de Curro en la Maestranza
Manuel Fuentes "Bocanegra", o la gallardía ante los compromisos
Antonio Montes, un precursor en el toreo
Ricardo Torres "Bombita", el toreo de los tiempos de "Guerrita" hasta la llegada de José y Juan
Cayetano Sanz, la primera figura que Madrid dio al toreo, venciendo todas las reticencias
La histórica faena de Antonio Bienvenida a "Naranjito", la de los tres pases cambiados
Se han cumplido 50 años de la alternativa de Francisco Rivera "Paquirri" en Barcelona
Ignacio Sánchez Mejías, una historia intensa que va de Joselito a la Generación del 27
Curro y Sevilla: seis toros,"No hay billetes", ocho orejas y Puerta del Príncipe
Luis Miguel Dominguín, el histórico camino del Número 1 en una dinastía que marcó una época
PUNTO DE VISTA
Como primera plaza de la geografía taurina


Algunas lecciones que nos dejó el abono de Madrid


El desarrollo del ciclo más amplio y diverso de toda la geografía taurina, nos ha dejado algunas lecciones a tener en cuenta. Además de deshacer las interrogantes que había acerca de si Simón Casas podría o no dar una feria acorde con Madrid, la primera es una interrogante: si su dimensión actual es acorde con los tiempos y la economía que vivimos. La segunda no es menos importante: si el escalafón de toreros y ganaderos, los intereses de cada uno, da para responder a los deseos del aficionado durante tantos festejos. Y nos deja una duda de futuro: si será viable o no ofrecer un ciclo de 10 espectáculos para el abono de otoño.


Ortega y Gasset

DOCUMENTOS
Medio siglo después la conferencia sigue teniendo vigencia


Marcial Lalanda: "Cincuenta años viendo toros"


En todos sus pasajes fundamentales, la conferencia parece premonitoria de las circunstancias que hoy vivimos. Pero están dichos ahora va ya para medio siglo. Se trata de la conferencia que en marzo de 1967 pronunció Marcial Lalanda en la Peña "Los de José y Juan", bajo el título "Cincuenta años viendo toros". Traemos a nuestras páginas el texto íntegro de aquella disertación, en la que Lalanda se sincera de una forma directa, sin andarse con rodeos. Naturalmente, como corresponde a una conferencia, no estamos ante un tratado histórico; más bien habría que hablar de un relato de sus memorias, en las que no elude ningún aspecto. Llama poderosamente la atención como en aquel 1967, Marcial ya adelanta los riesgos por los que hoy atraviesa la Tauromaquia.


ESPECIAL TAUROMAQUIA
Especial Tauromaquia
José María Requena


© 2017 Docol Mediatica, S.L.   |   Enlaces   |   Hemeroteca   |   Quiénes Somos   |   Contacto   |   Política de Privacidad   |   Aviso Legal   |    RSS   |