Sábado, 23 de septiembre de 2017
PAMPLONA: Ultima de la Feria del Toro.
"Rafaelillo" disfrutó la última Puerta del Encierro de estos Sanfermines
"Rafaelillo" salió por la Puerta del Encierro en el final de la Feria
Un tarde para la épica, con corresponde a una imponente corrida de Miura. Con ella "Rafaelillo" consiguió abrir la Puerta del Encierro, mientras que Javier Castaño y Rubén Pinar cortaron sendas orejas. El ruedo hubo de todo; lo que nunca faltó fue la emoción, que hasta ver saltar al ruedo a los de Zahariche imponía un respeto. Ha sido un buen punto final para una Feria del Toro que ha tenido su historia, especialmente ganadera.
Redacción
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PAMPLONA. Ultima de la Feria del Toro. Lleno. Toros de Miura, soberbios de presentación, con poca fuerza y complicados, salvo el 6º que dio mejor juego. Rafael Rubio “Rafaelillo” (de fucsia y oro), una oreja y una oreja tras un aviso. Javier Castaño (de caldera y oro), una oreja y ovación. Rubén Pinar (de carmesí y oro), silencio y una oreja. “Rafaelillo” salió a hombros por la Puerta del Encierro.

Miura puso broche final a estos Sanfermines, como anticipo del último acto que queda: cantar y bailar el ¡Pobre de mí!, para otra vez a contar los días que faltan para el chupinazo de 2018. Y el cuerpo aguantó tanta jarana, que en la capital navarra la fiesta no decae, desde la emoción matinal del encierro hasta la última copa tras la cena sin solución de continuidad.

En la puerta de cuadrillas estaban tres valientes, a la búsqueda de mejor suerte. Y adelantemos una opinión: los tres justificaron sobradamente verse anunciados en este 14 de julio. Y como la MECA siempre mantiene su criterio señorial, a buen seguro en el ruedo aseguraron su presencia en esta Monumental dentro de un año. Pero como es natural, resultó una tarde sin margen alguno para exquisiteces, que de eso no suele haber en Zahariche; pero  si para mucha firmeza y muchas dosis de decisión a la hora de fajarse los toros.

La corrida miureña vino con una presentación soberbia. Toros largos y con mucha alzada, todo músculo  y nada de pesos sobrevenidos a última hora, sin necesidad de esperar a tener cinco años. Sus caras abiertas y ofensivas imponían muchísimo respeto. Pero todos eran verdaderamente armónicos en su lámina; nada que ver con esos armarios destartalados que a veces vemos.  Sólo al 3º se le pueden poner algunas pegas: era feo de cara y con unos andares en momentos extraños.

Luego, qué pena, los cinco primeros blandearon en exceso y no humillaban pese a su generoso cuello. De hecho, estas carencias –que se agudizaron con 1º y 2º--  impidieron  que pudieran desarrollar a mejor, porque malas intenciones no tenían de manera insalvable. Con peligro manifiesto resultó el 4º y exigente el 5º, en tanto el 6º --de mayor fortaleza-- se dejó torear hasta con un punto de nobleza, aunque fuera con la cara a media altura; de hecho, fue el único que no desarrolló ese sentido que tanto caracteriza a esta divisa.

"Rafaelillo", roto de emoción tras matar al 4º

“Rafaelillo” salió a revienta calderas, con una larga y un farol de rodillas, para luego dejar unos lancesdignos. Se le pegó fuerte en el caballo a este “Aguilero”, que a la muleta llegó con mejores intenciones por el pitón izquierdo. Entre su viaje corto y las múltiples genuflexiones, resultaba imposible ligar tres muletazos. Quedaba tan sólo  el recurso de darse un arrimón: “Rafaelillo” lo hizo con torería, como paso previo a dejar toda la espada en buen sitio. Con la primera oreja en el esportón, el 4º no se podía ir, debió decirse el torero. Y de nuevo se puso de rodillas para lancear al feo “Nevadito” y de rodillas continuó para iniciar su faena de muleta. De las intenciones del miura un dato: de un solo y certero gañafón le rompió el chaleco y uno de los tirantes. De nuevo en este caso, los mejores momentos se vivieron sobre la mano izquierda, que por el otro pitón se quedaba cortísimo. El esfuerzo lo pagó con una tremenda voltereta, que no le restó ánimos. Tras un pinchazo arriba, dejó toda la espada en su sitio y alcanzó su objetivo: otra oreja más, que traía la llave para la Puerta del Encierro.

Con buen tranco pero renqueando a cada paso, el que hizo 2º humillaba algo más, bien picado en su inicial entrada a los montados. Cumplió con mucha holgura Javier Castaño, en una faena obligadamente a derechas que dejó momentos de calidad, sabiendo aprovechar la inercia de las embestidas.  Un espadazo de ejecución perfecta, aunque de colocación un puntito caída, le permitió conseguir el primer trofeo. También ofreció momentos muy estimables ante el imponente 5º, en una faena iniciada con tres pasos por alto sentado en una silla. Aguantando las continuas miradas del miura hubo un par series de mérito. Otra vez ejecutó lentamente la suerte de matar, pero el toro no cayó y necesitó de media docena de descabellos, pese a lo cual los aficionados le sacaron a saludar al tercio.

El ya referido feo 3º, que atendía por “Sobaquero”, era la negación para el lucimiento. Con la cara en las nubes, rebrincado ante los engaños y sin pasar nunca. Rubén Pinar se empeñó en intentarlo, sin resultado alguno. Como si fuera una compensación, para cerrar tarde y feria al de Tobarra le correspondió el más bonancible del conjunto, un “Limonero” que, aunque fuera con la cara a media altura, tenía recorrido y se desplazaba con nobleza. Desde que abrió de capa, Pinar trató de exprimirlo del todo: variado con el capote y muy entregado con la muleta, tanto por un pitón como por el otro. Un conjunto de nivel mucho más que aceptable, que culminó con toda la espada arriba, un pelín rinconera, de efecto fulminante. Y suya fue la última oreja que se concede en esta feria.

Los premios de la Feria

Las ganaderías de Jandilla, lidiada el día 11 por los diestros Miguel Ángel Perera, Cayetano y Roca Rey, y l de Victoriano del Rey, toreada el 12 por Sebastian Castella, Alberto López Simón y Ginés Marín, han sido premiadas conjuntamente con el Trofeo de la Feria del Toro de las fiestas de San Fermín.

Por su parte, el Trofeo Carriquiri ha recaído en el toro “Forajido”, de la ganadería Victoriano del Río, lidiado por el diestro Ginés Marín.