Jueves, 17 de agosto de 2017
MADRID: séptima de feria
De cómo se puede ningunear a un torero
Templadísimo muletazo de El Fandi para iniciar su faena con el 4º (Plaza 1)
Una desagradecida corrida de Fuente Ymbro, un hierro que en Madrid no termina de entrar, pero que ya tiene comprometida su nueva comparecencia en el otoño, hizo inviable una tarde que, según registró la taquilla, tenía alicientes para los aficionados. Los que a pesar de todo se materializaron, fundamentalmente a manos de "El Fandi" con el 4º, no alcanzaron la recompensa que hubieran merecido: le ningunearon de mala manera una oreja en ese toro. Tampoco alcanzó recompensa el importante esfuerzo de José Garrido, pero el extremeño sigue con la vela de las esperanzas bien encendida: sobre el ruedo de dejó muchas cosas de interés. Todo se le planteó al revés a Miguel A. Perera, algo que pese a su firmeza, resultaba insalvable.
Redacción
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MADRID. Sétima de feria. Más de tres cuartos de entrada: 19.928 espectadores (81,01% del aforo). Toros de Fuente Ymbro (Ricardo Gallardo), muy medidos de presentación pero ofensivos por delante, de poco y desigual juego. David Fandila “El Fandi” (de marino y oro), silencio y ovación tras petición. Miguel A. Perera (de azul añil y oro), silencio y silencio. José Garrido (de grana y oro), ovación tras un aviso y silencio.

INCIDENCIAS: Una tarde más, en la meseta de toriles asistió al festejo el Rey Juan Carlos, al que los tres espadas brindaron sus primeros toros; en una barrera de sombra se sentaba la Infanta Elena.
El Presidente de turno, Sr. Cano Seijo, se excedió en sus funciones reglamentarias al negar permiso a “El Fandi” para colocar un cuarto par de banderillas en el toro que abrió plaza.

Cuando en el ruedo hay un hombre dispuesto a jugársela de verdad y un toro que transmite el riesgo, el aburrimiento no es posible, de natural nace la emoción. Luego, cuando se juntaron la bravura de un toro y la templanza de un torero, además, se disfrutaron de momentos excelentes. Es lo que ocurrió en esta séptima del abono. Poco importó que no se diera ni una vuelta al ruedo.

Le está costando un mundo a Ricardo Gallardo ofrecer a la afición madrileña una gran corrida de toros. Hasta tal punto que en estos años lo mejor que ha salido por toriles ha sido, hasta ahora, su novillada con la que se abrió esta temporada. En este nuevo intento por consagrase en Las Ventas tampoco pudo ser.

Aunque se taparan con lo ofensiva que era por delante, el conjunto de la corrida ha estado demasiado medida de presencia, tanto que algunos fueron protestados de salida. Y no deja de ser curioso, porque en lo que va de feria es la primera vez que ocurre, cuando todas las lidiadas han bajado sensiblemente en volumen con respecto a lo visto en años anteriores. Luego el juego no respondió a lo que se esperaba. Hasta el mejor --que acabó siendo el 4º-- todos jugaban indistintamente a tres carta: casta, genio y asperezas, con lo cual nunca fue fácil estar delante de ellos.

Pero si se analizan por turno, el que abría plaza no andaba sobrado de fuerzas y acortó precipitadamente su viaje; el 2º con tener fijeza, cuando tomaba los engaños, siempre resultaba incómodo por lo imprevisible de sus reacciones;  el 3º, apunta más fijeza y en sus comienzos fue pronto,  pero ya al inicio del último tercio echó el freno de mano; ese mismo 4º, que tuvo un buen pitón derecho en la muleta, ni tuvo una salida brillante, ni alcanzó el aprobado en la primera vara; el 5º, todo genio y rebrincado; el que cerró la tarde, deslucido, siempre andarín y sin entrega alguna.

Con ese cierto complejo de que es de poco aficionado reconocer los méritos de “El Fandi”, del que se contagió el palco presidencial, al granadino le ningunearon en esta ocasión una oreja, la del 4º, casi idéntico a lo que ocurrió hace unas semanas en Sevilla. Lo lidió con acierto con el capote, que era lo que cabía; estuvo soberbio en el tercio de banderillas: para colocar cuatro pares no necesitó el auxilio ni de un solo capotazo de su cuadrilla y le echó mucho temple a su muleta, hasta conseguir llevar en muchas ocasiones a sus enemigos al ralentí. Sobre la mano derecha hubo muletazos excelentes, ligados, muy por abajo y enroscados a la cintura. Aunque con la zurda el toro no permitía el mismo nivel, tuvo momentos muy dignos. Y todo ligado y con buen sentido. Hasta los alardes de valor, como los muletazos iniciales rodilla en tierra y hasta las manoletinas finales también de hinojos. Habrá que coger el calibrador para medir cuantos milímetros quedó baja la espada, de la que rodó el fuenteymbro como una pelota. En todos los tendidos, salvo en el 7, la petición resultó sobradamente mayoritaria: con una petición mucho menor se le dio el otro día una oreja a Morenito de Aranda; pero en esta ocasión el Presidente de turno no se atrevió a hacerlo.

Con el débil y prontamente parado que le tocó en su primer turno, “El Fandi” anduvo sobrado, especialmente en esas pocas ocasiones que su enemigo le permitió torearlo al natural. Antes había dejado un ramillete de lances muy templados.

Anda necesitado Miguel Ángel Perera de un triunfo resonante, que no termina de llegar. Sus dos fuenteymbros de esta tarde la cerraron la puerta a toda esperanza. Ni el incómodo que salió como 2º, ni el rebrincado 5º. Y eso que el torero se mostró muy firme y decidido, hasta generoso tapando los muchos defectos de sus dos enemigos.

José Garrido se va, estadísticamente, de vacío de su paso por la cátedra isidril. Una vez más, los números no reflejan la realidad de un torero.  Como pasó en la anterior comparecencia, el extremeño ha dejado momentos muy de recordar, especialmente con su primero, al que toreó con un gran temple, con elegancia, aunque luego lo emborronara con la necesidad de dos descabellos. La oreja la tenía cortada. Volvió a entregarse con el complicado 6º, que no permitía cercanías y siempre iba andarín. Pero sin alcanzar el triunfo soñado, Garrido ha dejado entre los aficionados la estela de un torero al que hay que seguir, porque es de los que cuando cambien las tornas será capaz de dar el golpe de mano, porque todo lo que hace en el ruedo es muy de verdad.