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La Tauromaquia en el nuevo entorno político
Después del 26-J: ni más negro, ni más blanco
Si se formara la mayoría de gobierno más lógica a la vista de los resultados electorales del 26 J, podría decirse que al menos la Tauromaquia no va a encontrar dificultades nuevas y mayores de las que hasta ahora hemos ido sorteando. En último extremo, con esa posible mayoría se puede dialogar. Pero, en cualquier caso, para lo que no queda espacio es para la depresión: el panorama no es ni más negro, ni más blanco, del que hasta ahora teníamos; tan sólo exige que de una vez el sector se ponga seriamente a trabajar, para crear un discurso doctrinal sólida y realista en torno a la Tauromaquia. Es un papel que de suyo corresponde a la Fundación del Toro de Lidia. Otra cosa es que lo consiga desarrollar, a la vista de su cansina marcha, muy metida en pleitos, pero menos en crear opinión.
Actualizado 27 junio 2016  
Antonio Petit Caro   
 Lo difícil que los políticos ponen el 26-J para los aficionados: no son tiempos para la poesía
 La Tauromaquia es la industria cultural que mayores aportaciones realiza a la economía española
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 Incidencia política del discurso taurino

Las urnas han hablado. Y la ciudadanía cuando vota no se equivoca: sencillamente, dibuja una precisa radiografía social del momento que vive nuestro país. Tenemos la sociedad que entre todos hemos decidido. Ni más, ni menos. Por eso, resulta inapropiado alegrarse o lamentarse de los resultados, tanto como aferrarnos a  hipótesis irreales que no se han dado. Todo eso que puede parecer incluso elemental, pero constituye la estricta realidad, que también resulta de plena aplicación a la hora de repensar el futuro que espera a la Tauromaquia.

Desde mediados del siglo XIII y especialmente a partir del XVIII[1], la Tauromaquia vive en esa permanente tensión. Incluso nos podríamos remontar más allá, hasta llegar a esa etapa crucial en el que la Tauromaquia pasa de ser algo propio de la nobleza para pasar a ser la manifestación del sentir del pueblo llano. Quiere ello decir, como bien documentó Juan Manuel Albendea[2],  que casi nada nuevo nos encontraremos al repasar los anales de la Tauromaquia.

Cuando nos plantamos en el día después del 26-J, tampoco nada debiera sorprendernos y mucho menos paralizarnos en la expansión y la defensa de esa pasión común que compartimos en torno al arte del toreo. De hecho, casi hasta en el caso del ultimo pueblo donde se cuestiona hoy la Tauromaquia, cabría encontrar antecedentes históricos adversos. Y de todos hemos salido con bien. Nada impide que otro tanto ocurra en la actualidad; bastaría para ello poner el mismo empeño que pusieron nuestros antepasados para superar las dificultades. En el fondo, el peor de todos los escenarios posibles radica en que la Tauromaquia dejara a todos indiferentes, ahí si que radica el principio del fin.

En este 26 de junio, los españoles han decidido que la gobernación quede en manos  de cuatro grandes formaciones políticas. Cuando ya el escrutinio resulta definitivo,  las urnas han dado los resultados siguientes:


Ni más negro, ni más blanco

Ahora cabría ponerse a realizar sumas y restas con los estadillos de estos resultados electorales en este 26-J. Bajo un punto de vista práctico tiene un sentido muy relativo. Primero, porque ningún partido adquirió compromiso alguno en defensa de la Tauromaquia. Y en segundo lugar, porque la estructura de escaños y votos no dibuja un panorama despejado definitivsamente para la Tauromaquia.

Pues bien, pese a esas tendencias el panorama no resulta más negro de lo que fue tras el 20 D y, especialmente, tras las municipales y autonómicas. Basta mirar hacia las experiencias vividas en los pasados meses. Pero tampoco más blanco. De hecho, se prolonga la situación vivida en el último año.

Es la razón más poderosa que puede tenerse en cuenta para sostener que no es hora de depresiones; por el contrario, ha llegado la hora de trabajar más seriamente, de implicarse con mayor firmeza en nuestras propias convicciones, de poner generosamente todos los medios disponibles para la defensa de la causa de la Tauromaquia.

Pero es lo cierto que los partidos que debieran formar la mayoría de gobierno, si es que lo consiguen pactar, tienen una visión más protaurinas --en versión pesimista, menos antitaurina-- que los demás. Un punto que permite pensar que, al menos en el plano del diálogo, la situación no empeora sobre lo que hasta ahora hemos tenido.

Y un dato que conviene saber leer: allá donde el populismo y los radicales detentan mayor poder local, el electorado les ha dado la espalda a su modelo de gestión. Si el futuro de España pasaba por el "Gobierno a la valenciana", como tanto insistían, resulta que ha perdido frente al voto de la moderación, a pesar de todos los pesares; pero otro tanto ocurre en Madrid, donde los radicales se quedan en  la mitad de los votos de los obtenidos por la opción gandora
. Y con carácter más general, allá donde los socialistas pactaron con los radicales, ya en autonomías, ya en Ayuntamientos, ha tenido efectos negativos. Pues precisamente en buena parte de esos entornos es donde mayores dificultades se estaban poniendo a la Tauromaquia. Cada cual saque a partir de ahí sus consecuencias.

No hay espacio para la depresión

Coinciden los sociólogo a  la hora de afirmar que vivimos, en lo público y en lo privado, en la era de la complejidad. Y coinciden bien, como tenemos comprobado. Por tanto, el camino complejo por el que transita la Tauromaquia no constituye un factor nuevo; por el contrario, resulta ser nuestro escenario natural, el que este 26 de junio han diseñado las urnas.

De hecho, los resultados electorales que salen de este 26-J --una fecha muy marcada en la historia taurina[3]--, a lo único que no deben conducir es a una depresión en el ánimo. En primer término, porque con el vigente sistema de reparto de las competencias administrativas, muchas de las cuestiones sometidas a debate han sido transferidas a instancias locales y regionales; por tanto,  en poco les afecta lo que ya se ha decidido a nivel nacional. Pero en segundo lugar, y de modo principal, porque en aquellas cuestiones que le corresponden al Estado, la soberanía nacional ha dispuesto que cada mayoría de gobierno que se forme queda legitimada para modificar el ordenamiento jurídico en todo aquello que le competa; simplificadamente dicho, lo que con una Ley se regula, con un decreto-ley puede ser modificado e incluso anulado. En consecuencia, las reglas del juego mandan, sin dejar espacio para situaciones de nueva planta: casi todo está previsto en el ordenamiento normativo de la vida pública.

Resulta evidente que no parece probable que la posible mayoría de gobierno se dedique a derogar la legislación taurina aprobada por ellos mismos en la pasada legislatura. Ni parece que en su hoja de ruta tengan prioridad las normativas animalistas. El país tiene suficientes problemas como para no andarse por las ramas.

Pero no por ello podemos cruzarnos de brazos y mucho menos dar todo por bueno. A la conclusión que conviene llegar es esa otra que los aficionados al futbol repiten: “hay que ir partido a partido”. Sin embargo, al igual que en el deporte, semejante estrategia exige trabajar desde el ánimo fuerte, no desde la depresión. Reiteremos como los futboleros: “hasta el pitido final, nada está decidido”, que es tanto como afirmar que no se puede cejar en la tarea de cambiar las cosas.

Frente a la tesis del “ojalá…”, la tesis del trabajo

Pero igualmente nos equivocaríamos si ahora se acudiera a ese cómodo recurso de añorar lo que no ha ocurrido. “Ojalá el Gobierno saliente hubiera concluido el proceso de incardinar la Tauromaquia en el ámbito del patrimonio histórico y cultural”. Puede ser uno de esos “ojalás” más oportunos. Pero resulta que tal no ha ocurrido y, después de un buen paquete legislación, no se dio ese último paso, que ahora queda a la decisión del Ejecutivo que se forme.

Frente a esa incógnita cabe regodearnos en toda suerte de “ojalás”, por más que sea un ejercicio utópico de simples añoranzas. Pero también cabe reordenar nuestras filas y nuestras hojas de ruta para tratar de evitar lo que en otras circunstancias resultaría inevitable. Y herramientas hay para ello.

Por ejemplo, aunque sea triste reconocer que este soufflé se va desinflando poco a poco, en plena vigencia se encuentran las opciones que representó la creación de la Fundación del Toro de Lidia, aunque para muchos taurinos ya haya perdido buena parte de sus encantos iniciales.  Mientras que puedan mantener económicamente el acuerdo con el bufete jurídico que eligieron en su día, contaremos con un rosario de iniciativas ante los Tribunales, no todas de previsible buen fin. Y desde luego, sin efectos inmediatos:  los tiempos judiciales no son los tiempos que exige hoy la Tauromaquia. Ahí está el paradigmático caso del Tribunal Constitucional con su desidia de años para resolver una cuestión primordial, un retraso sólo justificado en razones de conveniencia, porque el fondo de la cuestión ofrece muy pocas dudas: tan sólo exigen de un sí o un no.

Sin embargo, acudir a la vía jurisdiccional no solventa la cuestión principal, que es la que esta Fundación no acierta a resolver: la construcción de su discurso doctrinal a favor de la Tauromaquia, que lejos de vulgaridades y de chascarrillos nostálgicos, se adentre en la medula de la cuestión[4]. Se trata de una materia que parece muy propia de esta institución, pero hasta ahora no se consiguió elaborar. Hoy resulta más necesaria y urgente que antes del 26 J.

Si se analizan sus estrategias informativas, si es que asumimos que existan, en el proeceder de la Fundación pocas palabras se encuentran sobre cuestiones fundamentales, abundando en cambio en asuntos circunstanciales por no decir anecdóticos, o de simples respuestas a actuaciones de terceros; pero la iniciativa dialéctica muy rara vez ha sido de sus rectores. Cualquiera que repase los muy pobres contenidos de la web actual de la Fundación se dará cuenta de todas estas graves carencias.

La ausencia de ese discurso doctrinal constituye un muy grave error, por cuanto supone tanto como renunciar a ser el punto fundamental de referencia para apoyo y orientación de todos los demás interesados en la defensa y promoción de la Tauromaquia. Exactamente lo opuesta de lo que caracteriza a quienes defienden las tesis contrarias, cuyo discurso no sólo es nítido sino que además resulta universal: lo manejan al unísono en cualquier lugar de la geografía taurina.

Por eso, en lugar de preocuparnos en demasía de estrategias políticas, en las que siempre seremos outsider, mucho más se ganaría formando un equipo de intelectuales que elaboren ese corpus doctrinal de la Tauromaquia. Y esto, además de necesario, es razonablemente posible[5].
______________________

[1] Dionisio Fernández de Gatta.Derecho y Tauromaquia. Desde las prohibiciones históricas a su declaración como Patrimonio Cultural”. Hergar. Ediciones Antena. Salamanca, 2015

[2] Juan Manuel Albendea Pabón. “La Iglesia y el poder civil ante la Tauromaquia”. Discurso de ingreso en la Academia de Bellas Antes Santa Cecilia. Puerto de Santa María (Cuna fecha muy marcada en la historia taurina n de este 26-J, stro escenario natural.ejara a todos indiferentes,aquia, cabrfestacádiz), 2013.

[3] Tal día como hoy del año 1913, se celebró en la plaza de toros de Santander una jornada que sigue siendo todo un record para la Tauromaquia:  tres corridas en un solo día. Por la mañana, se lidiaron seis reses de Benjumea, para Vicente Pastor, "Cocherito de Bilbao" y "Torquito"; por la tarde, en la segunda función, Rafael González "Machaquito" y José Gómez "Gallito", lidiaron mano a mano seis toros de Parladé; en el tercer festejo del día  Ricardo Torres "Bombita" y Rafael Gómez "El Gallo" de las vieron con seis astado de Saltillo.
El desarrollo de esta jornada puede consultarse en http://www.taurologia.com/corrida-monstruo-toros-santander-todas-2585.htm

[4] No debiera sorprender esta realidad, cuando se trata de una institución que con menos de un año de vida, ha contado ya con tres equipos distintos de comunicación, y ninguno de ellos era el definitivo, esto es: con una  estructura sólida, estable y adecuadamente contratada  y adaptada a la realidad actual de la comunicación pública, y todo ello para desarrollar un programa bien definido de trabajo.

[5] Aunque en el mundo taurino tuvo en su día un eco muy reducido --basta comprobar el escaso eco que encontró la iniciativa en los medios informativos-- , en aquellas jornadas de comparecencias que se celebraron en la Comisión de Cultura del Congreso, cuando se llamó a comparecer a un grupo de expertos y de  intelectuales, se encuentran ejemplos muy ilustrativo acerca de cómo se puede construir ese discurso doctrinal. A este respecto puede consultarse “La Tauromaquia como Bien de Interés Cultural: Todo lo que se ha dicho en el Congreso”, en la dirección electrónica http://www.taurologia.com/tauromaquia-como-bien-interes-cultural-todo--2548.htm
Pero se dan también otras muchas iniciativas, que son valiosas aunque nadie se haya interesado por ellas. Por ejemplo, muy importante es el proyecto  que elaboró el Profesor Cabrera Bonet sobre el "Centro Español de Documentación e Investigación sobre Tauromaquia", cuyo texto integro aparece en la dirección electrónica: http://www.taurologia.com/importante-proyecto-para-centro-espanol-documentacion--2906.htm

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