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Se la consideraba "la última palabra de la ciencia"
La tienta química
Imagen que ilustraba el articulo de El Ruedo
Hace ahora 50 años, un veterinario eminente, el Dr. Zaldivar Ortega, daba cuenta en las páginas de "El Ruedo" del primer experimento que se realizaba en España --en el campo charro, en concreto-- para una más fácil y menos agresiva técnica para el dominio del toro de lidia cuando se trata de realizar tratamientos sanitarios a las reses. Se titulaba el artículo "La tienta química". En realidad, era la aplicación del sistema de lanzamiento a distancia de jeriguillas con efectos tranquilizantes. Para la época era "la última palabra de la ciencia" en estos temas; la experiencia luego demostró su validez, hasta el punto de seguir siendo utilizada hoy en día. Pero ya entonces "El Ruedo" advertía los posibles riesgos fraudulentos de la experiencia.
Actualizado 3 marzo 2016  
Juan J. Zaldivar Ortega, Doctor en Medicina Veterinaria   

La crianza del ganado de lidia lleva implícita una serie de inconvenientes nacidos de la propia naturaleza de estos animales. Su bravura y acometividad, peligrosos pero fructíferos dones que el ganadero cultiva desde hace centurias, alcanzan un límite extremado cuando los animales enferman y necesitan los cuidados veterinarios. La solución de estos inconvenientes se ha venido solventando mediante el uso de los más variados sistemas de sujeción mecánica, casi siempre dolorosos e inhumanos para los animales más hermosos del campo español, sostén de nuestra incomparable Fiesta Nacional.

Había que desarrollar un método por el cual se hicieran innecesarios los procedimientos hasta ahora utilizados y los tratamientos médicos, vacunaciones y traslados del ganado de lidia se pudiesen realizar con cierta comodidad, y que, por otro lado, los medios empleados no perjudicaran la acometividad, bravura e integridad física de los animales. El problema era muy amplio. Por una parte había que estudiar su aspecto técnico, por al otro sus inconvenientes entraban de lleno en el terreno de la pura investigación.

El aspecto técnico, a pesar de los grandes inconvenientes que presentaba, fue, al fin, superado con la invención, por parte de míster Harold C. Palmer, en los Estados Unidos de América, de un proyector de largo alcance capaz de lanzar jeringas portadoras de sustancias líquidas. En el año 1963, el sistema de inyecciones a distancia se extendía por el mundo, y, naturalmente, llegó a España. Fue recibido con el recelo propio de toda nueva invención. Inmediatamente nos hicimos cargó de realizar los estudios correspondientes para su utilización en la ganadería de lidia, previa numerosas pruebas en diferentes especies de animales salvajes en los que el sistema tenía indudables ventajas para la captura y tratamiento médico.

En diciembre de 1963 y en la finca o dehesa "Picado", de don José García Barroso, qué brindó unas vacas de lidia para hacer las primeras experiencias en España, se pudo comprobar la efectividad del sistema. Con estas pruebas se abría un extenso campo de estudios que hace muy pocos días se ha completado de manera satisfactoria. Se trataba de conseguir un compuesto químico, de entre los muchos del mercado, o mezcla de ellos, con efectos inmovilizantes y tranquilizantes, lo suficientemente dosificado como para tranquilizar a un toro o vaca de lidia hasta el punto de poder, sin peligros, realizar en el animal un reconocimiento y tratamiento médicos adecuados en cualquier lugar de la dehesa en que se encontrasen. Los primeros resultados, a lo largo dé casi dos años, no fueron satisfactorios, pues unas veces los animales, con la aplicación de una o varias drogas, caían al suelo y permanecían demasiado tiempo en esta actitud, y otras, las dosis no eran suficientes, y si no lo eran cada animal presentaba las reacciones más diversas aun a la misma dosis de producto.

Las investigaciones con el ganado de lidia fueron al principio muy difíciles de realizar y eran a la vez peligrosas para la vida del operador y para la salud del propio animal. No resultaba fácil conseguir, en primer lugar, una uniformidad de respuestas para una misma dosis de droga, así como también tratar de tranquilizar a los animales hasta el punto de que sin provocarles su inmovilización química, seguida de la inevitable y estrepitosa caída, permaneciesen en pie y se les pudiese realizar un adecuado reconocimiento y tratamiento médicos, sin necesidad de los procedimientos anteriores ante cualquier animal enfermo.

Hace poco más de un mes se han conseguido los resultados prácticos que fácilmente se desprenden de las fotografías que ilustran este reportaje. Se trata de un semental muy bravo que necesitó de tratamiento médico y resultaba imposible su reducción a los límites de cualquier recinto. Se trató, médicamente, sin el menor inconveniente y su conducta sicológica, ante la acción de las drogas tranquilizantes, no indicó que se trataba de un animal, sin duda, muy bravo.

Cuando llegamos al final de estos resultados eminentemente prácticos y que creemos de gran valor en las ganaderías de lidia, apareció, como siempre que se estudia algo ligeramente con profundidad, otro inmenso campo de investigación del que nos ocupamos en el preseente se ha observado una gran variedad de respuestas sicológicas de estos animales en relación a su acometividad y bravura, que nos ha hecho pensar en la probabilidad de conseguir lo que hemos denominado "tienta química", y que puede realizarse sin molestar más que muy ligeramente a los animales, obteniéndose, con una gran aproximación, una vez realizados, una serie de "tests", los mismos resultados prácticos qu^ en las tientas normales. Esto puede hacerse en cualquier lugar de la dehesa. Hasta ahora las pruebas practicadas con toros de lidia han coincidido perfectamente con los datos que el ganadero conservaba de los mismos.

El problema está en la realización de unos cuadros o mapas de respuestas sicológicas, obtenidas por los estudios químicos y las "calificaciones" que el animal obtenga en su lidia normal, considerando separadamente los diferentes tercios. No nos escandalicemos. El toro, como el hombre que busca empleo, podrá someterse a una serie de ´tests´´ que pongan de manifiesto sus "aptitudes". Con la aplicación de estas sustancias químicas, los animales bravos y salvajes se manifiestan con su instinto de forma pura y dejan vislumbrar claramente sus facultades. Un toro bravo y noble siempre se manifestará con la "suavidad" del que presentamos en las fotografías.

Este tipo de investigación, así como numerosas pruebas de anestesia y tratamiento médico a distancia, fueron realizadas en Salamanca con motivo de celebrarse la III Semana Internacional del Toro de Lidia. Justo es decir que la colaboración recibida de los ganaderos salmantinos, especialmente de don Alipio Pérez Tabernero y del señor Arteaga, fue de gran valor para solucionar algunos "puntos en blanco" de nuestras investigaciones. En el campo salmantino se anestesiaron varios animales. El resultado fue muy satisfactorio, a condición de realizar las pruebas con una metodología científica. Uno de los animales anestesiados —por dos veces en el plazo de cuatro días— fue lidiado en la plaza de Salamanca el día 7 del presente mes por el espada Luis Segura. El toro fue muy bravo, don Alipio recibió muchas felicitaciones, y la experiencia realizada demuestra que el tratamiento de los toros de lidia, en bien de su sanidad, en nada perjudica su integridad física y temperamental.

Reciban con estas líneas el testimonio de mi agradecimiento y gratitud los organizadores de la III Semana Internacional del Toro de Lidia, y los ganaderos salmantinos que tanto interés demostraron por el buen resultado de estas investigaciones que servirán para comodidad de la cría del ganado y mejor conocimiento del toro bravo, orgullo de España y fuente de incalculable riqueza.

Las observaciones que hacía El Ruedo

Pero tras el anterior artículo del Dr. Zaldivar, la Redacción de “El Ruedo” añadía una nota-comentarios al respecto, que tiene tanto interés como la propia experiencia que se había realizado en el campo charro.

En sus párrafos principales, las observaciones del semanario taurino decían:

“Ahora los hombres de ciencia, concretamente los veterinarios, en su afán de proteger al toro y al ganadero han culminado con éxito una serie de experiencias para dominar al ganado bravo, sin necesidad de bregar con el. En 1963 se hicieron en España las primeras pruebas de un rifle lanzador de inyecciones con drogas tranquilizantes o adormecedoras, inventado por el americano Palmer.

Durante casi dos años, los veterinarios españoles han investigado para perfeccionar el sistema y encontrar la dosis adecuada que permitiera manipular sobre el animal en cualquier lugar de la finca, sin necesidad de enchiquerarlo o derribarlo. Pero unas veces por falta y otra por exceso ocurría que el vacuno quedaba "despierto" o se moría. De todo esto ya dimos cuenta al hablar de los toros que había "matado" Pedrés en las ganaderías de Velasco, Andrés Ramos y alguna otra, por colocar demasiada dosis, y de aquel otro que cuando parecía dormido se arrancó en casa de Galache.

Pero en septiembre de 1965, los veterinarios han visto coronado su estudio por el éxito durante la III Semana del Toro de Lidia en Salamanca, realizándose varias experiencias satisfactorias en diversas ganaderías del campo charro. Recientemente sabemos también que a un semental revoltoso e imposible de llevar a la jaula se le curó a pie a pocos pasos de la vacada sin que diera muestras de la menor inquietud.

En su afán de dominar al toro e investigar sobre los incontables secretos de la bravura, los veterinarios al parecer han inventado la "tienta química", en la que sin necesidad de meter a la vaca o al macho en la plaza, pero habiéndolo inyectado previamente, se pueden conocer las mismas virtudes o defectos que en una tienta normal.

Como verán, la callada labor de los veterinarios durante los años de incesantes pruebas ha dado resultados espléndidos en el terreno científico y más discutibles en la práctica del toreo. El toro de don Alipio Pérez Tabernero, que había sido anestesiado dos veces en el plazo de cuatro días, no acusó en la plaza resabio alguno, toreándolo a placer y quedando complacido el ganadero de la pelea del toro. Así se demostró que el tratamiento no afecta ni física ni temperamentalmente al animal, una vez pasados sus efectos.

Pero volvamos con el cajón de curas, que en aquella época vino a ser un adelanto parecido a la pistola o al rifle lanzadrogas, porque su inventor no podía sospechar que andando el tiempo aquello se iba a emplear para uso y abuso de desaprensivos. Decimos esto porque lo que ha nacido como un servicio de la ciencia a la ganadería española bien pudiera emplearse mañana como fraude refinado a la emoción de la fiesta.

Un toro puede anularse con la dosis total, pero, también adormecerse con la mitad o con la cantidad conveniente. No hace mucho, concretamente en el mes de diciembre hemos sido testigos de lo que puede dar de sí unas pistolas de éstas en manos desaprensivas. Una vaca toreada y peligrosísima acaba de partir en dos el capote de un matador de toros distinguido por su oficio, veteranía y valor. Después de lanzarle una jeringa, la vaca fue perdiendo toda su fiereza y cuando salió un aficionado de escasa experiencia le dio cuantos naturales quiso, provocando la embestida a caderazos en la pala del pitón. La vaca carecía de reflejos y únicamente embestía cuando le ponían la muleta frente a los ojos, pero cualquiera podía acercarse a cuerpo por detrás hasta el cuello sin que hiciera el menor ademán de embestir. ¿Nos damos cuenta de a dónde podemos llegar si a ciertos interesados les da por ensayar la "media dosis" con el toro en la plaza?...”.

© El Ruedo, Nº 1.132. 1 de marzo de 1966

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